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Gestión de emociones, la decisión y la inteligencia

La salud según la definición que la OMS es: «un estado de completo de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad. Esta afirmación de la Organización Mundial de la Salud nos hace reflexionar, hoy más que nunca, sobre lo que está ocurriendo a nivel global acerca de lo que ya todos conocemos.

Estamos entrando en época estival, un tiempo que solemos compartir con familia y amigos y en el que se nos presentan una gran variedad de situaciones en las que nuestra emociones van a estar a flor de piel y nos marcarán las formas de afrontar aquello que nos llega ya sea tan simple como la alegría del reencuentro con nuestras personas queridas, valorar el trato recibido en un restaurante, las aglomeraciones propias de las vacaciones… o tan complicado como prepararnos para el regreso a lo cotidiano.

El ser humano es de naturaleza emocional, y el estado de ánimo suele reflejarse de forma inequívoca en las expresiones faciales.

Las emociones

Las emociones son respuestas o reacciones fisiológicas que genera nuestro cuerpo ante cambios que se producen en nuestro entorno o en nosotros mismos. Son portadoras de información que nos van a decir qué es lo que necesitamos ante las diferentes situaciones que ocurren en nuestra vida. La PNL (Programación Neurolingüística) afirma que las emociones siempre aparecen tras los pensamientos y que dan lugar a acciones que suponen unos resultados.

Las emociones se originan en el sistema límbico, también llamado ‘cerebro emocional’, que es una de las redes de neuronas más interesantes e importantes a la hora de estudiar el comportamiento humano, ya que es una de las partes del cerebro con un papel más relevante en la aparición de los estados de ánimo. Estos estados emocionales tienen tres componentes:

Fisiológicos: Es la primera reacción frente a un estímulo y son involuntarios: la respiración aumenta o los cambios a nivel hormonal.

Cognitivos: La información es procesada a nivel consciente e inconsciente. Influye en nuestra experiencia subjetiva.

Conductuales: Provoca un cambio en el comportamiento: los gestos de la cara o el movimiento del cuerpo.

Paul Ekman, un psicólogo que pasó gran parte de su vida estudiando las emociones básicas y las expresiones que estas emociones generaban en nuestras caras, localizó una tribu que jamás había estado en contacto con la sociedad tal y como la conocemos hoy, para así tener una muestra aislada de posibles factores que hubieran podido crear otras emociones que no pertenecieran a ellos de forma natural. Este psicólogo concluyó que existen 6 emociones básicas que corresponden con expresiones biológicas universales de la especie humana: ira, tristeza, miedo, sorpresa, asco y alegría. Sin embargo,un reciente estudio publicado en Current Biology y llevada a cabo por investigadores de la Glasgow University, en el Reino Unido, ha cambiado el paradigma respecto a cuáles son las emociones básicas del ser humano.

El estudio concluye que no son seis las emociones base, sino solamente cuatro. La alegría y la tristeza se identifican fácilmente de forma universal, pero el miedo y la sorpresa y, por otro lado, elenfado y el asco, comparten en origen la misma gestualidad.

Cuatro emociones básicas: miedo, enfado, alegría y tristeza, son comunes a todas las personas, de cualquier época y cultura y desempeñan un papel fundamental en el desarrollo psíquico del individuo y su socialización y de la especie humana en general.

La base de las emociones se encuentra en la evolución, así lo explica la investigadora RachaelE. Jack: «Los resultados son coherentes con las predicciones evolutivas, esto es, que las señales faciales están diseñadas por presiones evolutivas, tanto biológicas como sociales, a fin de optimizar su función. Con el paso de generaciones, y según el hombre se desplazaba alrededor del planeta, la diversidad socioecológica promovió la especialización de ciertas expresiones faciales comunes anteriormente, afectando la variedad y la tipología de señales mediante las culturas».

Inteligencia emocional

La Inteligencia emocional es uno de los criterios más importantes a tener en cuenta respecto a la forma de entender la psicología en la actualidad. Se ha evolucionado desde un modelo de trabajo centrado, sobre todo, en la atención de los trastornos mentales y la capacidad de razonamiento hacia la convicción de que las emociones forman parte intrínseca de nuestro comportamiento y que deben ser estudiadas para comprender cómo somos.

Bertrand Regader, psicólogo por la Universitat de Barcelona, con especialidad en Psicología Educativa escribe en su revista Psicología y Mente «Siempre hemos oído decir que el Cociente intelectual (IQ) es un buen indicador para saber si una persona será exitosa en la vida. La puntuación del test de inteligencia, decían, podría establecer una relación fuerte con el desempeño académico y el éxito profesional. No obstante, los investigadores y las corporaciones empezaron a detectar hace unas décadas que las capacidades y habilidades necesarias para tener éxito en la vida eran otras, y éstas no eran evaluables mediante ningún test de inteligencia. Es necesario tener en cuenta una concepción más amplia de lo que son las habilidades cognitivas básicas, aquello que entendemos que es la inteligencia».

Decisiones

Nuestras decisiones están influenciadas de un modo o de otro por las emociones. No todas las personas tienen la misma capacidad para dominar su faceta emocional. Según Regader «resulta curiosa la baja correlación entre la inteligencia clásica (más vinculada al desempeño lógico y analítico) y la Inteligencia Emocional». Así ocurre que podemos encontrar personas cuyas capacidades intelectuales son limitadas, pero consiguen tener una vida exitosa en lo que refiere al ámbito sentimental, e incluso en el profesional. O personas con un alto nivel intelectual, pero incapaz de tener una vida plena en el ámbito emocional.

Daniel Goleman, el gran teórico y psicólogo estadounidense señala que los principales componentes de la Inteligencia Emocional son: Autoconocimiento emocional es decir, el conocimiento de nuestros propios sentimientos y emociones y cómo estos nos influyen.

Autocontrol emocional que nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones, para no dejarnos llevar por ellos ciegamente. La Automotivación para poder enfocar las emociones hacia objetivos y metas que nos permitan enfocar nuestra atención hacia las metas en vez de hacia los obstáculos. La empatía hacia el reconocimiento de las emociones de los demás como puede ser un simple gesto o un tic que sabemos interpretar y que nos puede ayudar a establecer vínculo más estrechos. Y, por supuesto, las habilidades sociales, imprescindibles para tener una buena relación con los demás ya que saber tratar y comunicarse con personas que nos resultan agradables y también con las que no tenemos mucha afinidad es una las claves fundamentales de la Inteligencia Emocional.

Punset

La escritora y filósofa española Elsa Punset nos invita a «no solo querer entender el mundo que nos rodea desde la ciencia, sino además aprender a cabalgar sobre las inquietudes que nos aturden». Para Elsa Punset: «No es magia, es ciencia, es Inteligencia emocional. Es necesario saber lo que nos pasa para poder luchar contra ello».

Eduard Punset, jurista, escritor, economista, político y divulgador científico español nos advierte de que «el siglo XXI será el siglo de las enfermedades mentales y hace falta empezar con la prevención».

Según la Real Academia Española emoción viene del latín emotio, -ōnis. y significa: «Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática».