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La última estación de la pareja

Tranquilizantes, tabaco, ansiedad, dolores de estómago, cada cual mima su espíritu como puede y con quien puede cuando el ruido de las palabras logra destrozar una relación de pareja. Al principio lo bonito. Con la caducidad de los sentimientos, llega el final.

El profesor de la Facultad de Sociología, Diego Ruiz Becerril, se las vio y se las deseó para entrevistar a 86 personas separadas o divorciadas en Granada, para descubrir el antes y el después de una relación de muchos años.

El resultado: la edición del libro Después del Divorcio. En contra de los habituales juicios populares en la España de los años ochenta, las parejas divorciadas «valoran más que antes de la ruptura el hecho de cohabitar con otra persona». Pero corrigen sus fallos. «La mayoría de los entrevistados volvieron a emparejarse años después de su separación». Los hombres prefieren casarse y las mujeres eluden la vicaría y los juzgados.

Con una vez basta. «Optan por vivir bajo el mismo techo con su nuevo compañero, sin lazos matrimoniales». Pero la vuelta a la estabilidad sentimental tiene un precio y un tiempo desigual para los dos sexos.

 El masculino «suele presentar mayores carencias afectivas». Los hijos «consiguen» llenar el espacio vacío en la mujer. Y también son éstos quienes forman parte de la amplia gama de motivos que frenan una ruptura sentimental antes de tiempo. «Aunque los cambios sociales, con la incorporación de las féminas al mercado laboral, está modificando los roles en las parejas».

Humillaciones

El tiempo se ha convertido en el mejor testigo de las humillaciones y desprecios que la sociedad vertía sobre los hombres y las mujeres que elegían acabar con algo que no funcionaba. «Sobre todo, las mujeres lo pasaron muy mal: una divorciada era la p+ del barrio, la fácil». Eso le manifestaban en las entrevistas algunas féminas con más de cincuenta primaveras, que vencieron la fuerza del dolor para narrar sus experiencias posmatrimoniales.

«Los dos sexos muestran el mismo grado de sinceridad, pero cuando hablas con las mujeres siempre se refieren a sus hijos, mientras el varón los omite». La cárcel de las palabras. El despertador de la afectividad conyugal suena antes en el ánimo de los caballeros. «Después de dos o tres años con bajones emocionales importantes, pueden transcurrir otros dos más hasta que el hombre consigue una nueva pareja».

Las señoras prolongan más esta decisión. «Suelen tardar unos siete u ocho años en lanzarse a una nueva aventura». El comienzo de un nuevo capítulo, «donde no suelen repetirse los mismos fallos», comenta con gesto serio Ruiz Becerril. «Esto demuestra que las relaciones conyugales en nuestros días, se mueven, por la importancia del ámbito afectivo».El porcentaje de rupturas matrimoniales en la provincia afecta al 0,77 por ciento de la población granadina, una de las tasas más altas de Andalucía, superada sólo por Málaga y Sevilla con el 1,28 y 0,85 por ciento, respectivamente.

Desde la aprobación de la Ley del Divorcio, cerca de un millón y medio de ciudadanos han roto sus relaciones maritales en España. «Estos son los datos oficiales; sin embargo, la realidad duplica estos números». El divorcio no es una moda, pero durante los últimos años han aumentado, aunque con una característica: «La mayoría se ejecutan de mutuo acuerdo». En la última estación de penitencia, el dinero tiene su peso en oro.

Un divorcio puede costar hasta cinco millones de pesetas. «Una realidad que impide oficializar el acto ante un juzgado y así conseguir minimizar los gastos».

Infidelidad

La incompatibilidad de caracteres es el argumento más utilizado a la hora de justificar una separación, pero estas palabras encierran otros motivos más reales. «La infidelidad masculina genera la mayoría de las rupturas». No suele ser un desliz de un día ni de dos ni de tres+va más allá. «Por lo general,0 son relaciones extramatrimoniales que la mujer acaba descubriendo, después de mucho tiempo dudando del marido».

Los matrimonios infelices han existido siempre, «pero hasta hace relativamente poco tiempo la sociedad no permitía o no estaba preparada para asumir el divorcio». Ahora, uno de los valores más apreciados por los entrevistados es el de la «fidelidad».

Eso sí, entendido de forma distinta por los dos componentes de la pareja. «Entre los dos ponen las reglas y la fidelidad se traduce en respeto mutuo». La falta de amor, cansancio y pérdida de interés, junto a los malos tratos físicos o psíquicos son otros argumentos que copan el segundo nivel de justificaciones, antes de que la pareja llegue a su última estación.

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