El virus se aletarga hasta otoño

La crisis remite. Entiéndase: la sanitaria y en el hemisferio Norte del planeta, que en el Sur es ahora cuando comienza el otoño. El paulatino control de la pandemia de gripe A que vino de México y Estados Unidos es ya una realidad constatada por la Organización Mundial de la Salud. El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas de España han comenzado a rediseñar sus estrategias. El número de nuevos casos desciende y se espera que la llegada del verano contribuya a la recuperación de la normalidad. El gigante, casi con toda seguridad, se despertará de nuevo en otoño. ¿Qué pasará entonces?

Los expertos de todo el mundo intentan estos días responder a esta pregunta a la que, de momento, no puede dársele una respuesta concreta. Lo normal, en virtud de lo que demuestra la historia de epidemias similares, sería que el A/H1N1 rebrotara en invierno con más virulencia, según coinciden distintos especialistas consultados. Lo lógico sería pensar también que en ese momento coincidieran en el aire dos virus gripales, el estacional, el de los humanos, que es el que nos toca todos los años, y el nuevo. Si ocurre así, que no sería extraño, los servicios sanitarios tendrán que ingeniárselas para diferenciar y atender de manera correcta los casos de una y otra gripe.

También podría ocurrir que las medidas adoptadas hasta este momento hubieran servido para erradicar el virus y el problema estuviera resuelto. Ésta, sin embargo, es la más remota de todas las hipótesis. Las autoridades sanitarias, como les corresponde, trabajan con los escenarios más desfavorables con el fin de poder afrontar cualquier imprevisto. «Lo que ha permitido contener el brote son los planes de prevención que se impulsaron frente a la neumonía asiática (SARS) y luego se mejoraron con la gripe aviar», resume Juan Gestal, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago de Compostela.

Ahora, como en 2003, también ha jugado a favor de Occidente el hecho de que la crisis se haya desatado casi en verano, cuando los virus gripales comienzan su periodo de hibernación. En el caso español, que ha merecido la felicitación de la OMS, la buena coordinación entre autonomías y Gobierno central ha favorecido un muy buen manejo de la epidemia. «En España -dijo ayer la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez- la situación está muy controlada y gracias al sistema de detección precoz, muy eficaz y perfecto», la aparición de nuevos casos «ha sido muy lenta».

Hasta el momento, fuera de México, la epidemia se ha caracterizado por su baja incidencia y letalidad. Lo lógico en un virus que mezcla genes de pollo, cerdo y humano hubiera sido una mayor agresividad, per o está resultando ser una gripe menos dañina que las llamadas de temporada.

Según el último informe de Sanidad, en España se han confirmado 81 casos y se están en estudio otros 48. De todos ellos, según explicó la ministra, sólo 2 están hospitalizados, sus síntomas son leves «y las personas evolucionan favorablemente con los medicamentos». Los nuevos casos se espera que sean, además, indirectos, es decir, de persona a persona.

Espejismo

Lo sucedido hasta ahora puede ser un espejismo. Los expertos no descartan que con la llegada de los primeros fríos, la nueva gripe se muestre más violenta. Siempre ha ocurrido así, aunque a favor de la Humanidad juega la experiencia acumulada, que ha permitido diseñar estrategias de contención de epidemias cada vez más eficaces. Una red de laboratorios, 110 en total, peina la Tierra siguiendo los pasos de la gripe, analizando su composición y buscando sus puntos flacos. Los virus pueden escapar a su control, pero fue esa acción coordinada la que cortó de raíz la expansión de la neumonía asiática y saltó las alarmas contra la gripe aviar. El sistema funciona.
La Organización Médica Colegial lo advirtió hace unos días. «El problema sanitario es grave» y «son posibles en los dos próximos años millones de casos en España». Dicen que hay que estar tranquilos. Que «lo normal», es que para entonces se disponga no sólo de tratamientos, sino también de una vacuna.

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