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¿Dulces antes de ir a la cama? No, gracias

No podemos negar que alguna que otra vez nos ha pasado que, antes de irnos a dormir plácidamente en nuestro colchón, hemos hecho una  incursión y hemos asaltado sigilosamente nuestro frigorífico, yéndonos a la cama con el deleite que provoca ese sabor de boca dulce que nos deja una chocolatina o el primer dulce que ha estado a nuestro alcance.

Este “pequeño placer” no es tan inofensivo como parece y tiene unas consecuencias sobre el nivel de azúcar asimilado por la noche y cómo este influye en nuestra salud.

La tolerancia a la glucosa disminuye por la noche

La insulina es una hormona que actúa después de ingerir alimentos, extrayendo la energía que aporta el alimento y reservando esta en los almacenes que suponen el tejido graso, la masa muscular y el hígado.

Parece ser que de madrugada, se liberan una serie de sustancias en el organismo que actúan de antagonistas de la insulina, por lo tanto no se deben consumir dulces porque el cuerpo tiene la mínima sensibilidad a la insulina.

Nos lo dice nuestro “reloj” celular

La catedrática de fisiología de la Universidad de Murcia, Marta Garaulet,  y Frank A. J. L. Scheer, director de la división de Medicina del Sueño de Harvard, han liderado un estudio sobre como el tejido adiposo humano, es también sensible a los ritmos circadianos. Se ha evidenciado, la existencia de un “reloj” celular en el tejido adiposo, este afecta a la regulación de la sensibilidad a la insulina, y por tanto la tolerancia a la glucosa.

 

Dormir bien, un acierto en todos los sentidos

Además, este cronógrafo del que se habla en la investigación, parece funcionar mejor en individuos que se van temprano a la cama y duermen mejor, que en aquellas personas con déficit de sueño y horarios irregulares. Según Geraulet, tomar dulces por la noche puede llegar a hacer que tengamos un mayor riesgo de sufrir diabetes y obesidad, aunque podríamos disminuir esta probabilidad durmiendo un número suficiente de horas al día. 


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