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Uno de cada cuatro escolares tiene un problema de visión y no lo sabe

 

NIO GAFAS RETHasta un 25 por ciento de los menores en edad escolar padecen algún problema en la visión que está sin diagnosticar, según destaca el optometrista especializado de la Fundación Alain Afflelou, Fernando Sánchez, quien alerta que alerta de que no detectarse puede provocar un mal desarrollo intelectual y social.

Según señala este experto, no estar tratados les provoca este tipo de circunstancias, ya que el 90 por ciento de la información que reciben es a través de los ojos; además puede crearle problemas de interacción con los demás, sin contar con que en muchas ocasiones pueden ser considerados «torpes». Los síntomas de que un escolar puede estar padeciendo un problema ocular son «muy variados», y tienen el problema de que «raramente» el niño dice que no ve bien, o que sufre otros síntomas como dolores de cabeza. Por eso, hay que fijarse en si el niño se acerca demasiado a la televisión, tiene molestias ante la luz, sufre lagrimeo, tiene el ojo rojo o guiño del mismo.

De cualquier forma, insiste en que una de las señales de alerta más habituales es el retraso en el desarrollo escolar. Ejemplo de ello es que, cuando la mayoría de los compañeros ya empieza a leer, a un niño con un problema visual lo normal es que «le cueste o que continúe la lectura siguiéndola con el dedo». Ahondando en las patologías que los escolares pueden sufrir, Sánchez sostiene que las más comunes son las refractivas, que son las de graduación como «la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo«.

Además, añade, es «muy frecuente» el ojo vago. En este caso, el menor que lo padece no tiene una buena visión en uno de sus ojos, «lo que hace muy difícil detectarlo si no se hacen unas pruebas determinadas por un profesional», continúa el especialista, que señala que detrás se sitúa el estrabismo. Esta patología provoca que el niño tuerza el ojo, lo que «la hace más detectable», explica. Por otro lado, el representante de la Fundación Alain Afflelou no desdeña las infecciones de párpados o de los conductos lagrimales obstruidos; sobre estas últimas, indica que el niño nace con los conductos «totalmente permeables», motivo por el que se infecta.

Por contra, la catarata congénita «es menos frecuente» y es detectada por pediatras durante la edad neonata. Esta suele generar pupila blanca pero, en las ocasiones que no, «puede pasar desapercibida», por lo que destaca la importancia de la revisión de los seis meses, así como las posteriores que se realizan a los tres y a los cinco años.

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