Ensayan una vacuna contra el tumor cerebral más mortífero

radiografias

Gliobastoma. Es una de las peores noticias que puede dar un médico. Hablamos del tumor cerebral más habitual y, a la vez, el más mortífero. Es la pesadilla de los neurocirujanos que, ante un diagnóstico como éste, no pueden ofrecer esperanza de vida más allá de los 15 meses. Por ello, un equipo de facultativos de la Clínica Universitaria de Navarra va a iniciar un ensayo para probar la eficacia de una nueva herramienta con la que luchar contra este cáncer. Se trata de una vacuna dirigida a que el sistema inmunitario pelee contra las células malignas, mientras el paciente se somete al tratamiento habitual: cirugía, radioterapia y quimioterapia.

Estas tres vías no son suficientes para este cáncer por la rapidez con la que se desarrolla y porque las masas tumorales se introducen y camuflan en el cerebro y resulta extremadamente complejo que los cirujanos puedan extirparlo por completo, con lo que la posibilidad de que la enfermedad se reproduzca es un hecho en la práctica totalidad de los casos. ¿Cuál es la función de la vacuna? Que el sistema inmunitario reconozca, ataque y acabe con esos restos cancerígenos. Calculan que, de lograrlo, la esperanza de vida de los pacientes se duplicaría.

La vacuna se compondrá de dos elementos, ambos extraídos del paciente. Es un tratamiento totalmente individual, no puede inocularse a distintos enfermos. Y, por el mismo motivo, no sirve como tratamiento preventivo para personas sanas. Los dos componentes de la vacuna parten de la sangre del enfermo y de su tumor. Por un lado, los investigadores harán una extracción sanguínea a los pacientes, separarán los glóbulos blancos y, de ellos, se quedarán con los monocitos. Éstos son los glóbulos que se convierten en células dentríticas, las encargadas de identificar cuerpos extraños y ordenar al sistema inmunitario que acabe con ellos. Los monocitos se convertirán en células dentríticas mediante un cultivo de ocho días en el Laboratorio de Terapia Celular de la clínica.

Por otro lado, el paciente entrará en quirófano para que le extirpen el tumor. En este punto, los médicos del centro cuentan con un aliado que favorece significativamente el éxito de la nueva vacuna. Es un microscopio fluorescente con el que consiguen diferenciar el tumor y la masa cerebral, para así poder extirparlo con éxito.

Microscopio fluorescente

«Hasta hora, sólo conseguíamos extirpar todo en uno de cada tres casos, porque el cirujano no podía distinguir ambas materias. Ahora estamos quitando enteros el 80 o 90% de los tumores», explica Ricardo Díez Valle, neurocirujano coordinador del ensayo. Antes de entrar al quirófano suministran al paciente una sustancia por vía oral. Esto, junto a la iluminación del microscopio, hace que el cirujano vea roja la masa tumoral y azul el cerebro.

¿Qué ocurre tras la operación? El tumor se traslada al laboratorio para extraer el segundo componente de la vacuna: el que indicará cuál es el enemigo a atacar. La masa cancerígena se congela, descongela e irradia para obtener sus proteínas. Unidas a las células extraídas de la sangre, generarán una respuesta inmune contra los restos cancerígenos del paciente.

37 enfermos probarán este método pionero. Dado el rápido desarrollo que experimenta este tipo de tumor y lo agresivo que resulta para quien lo padece, los facultativos esperan tener las primeras conclusiones de este estudio en un año y medio. Se registran 6 casos por cada 100.000 habitantes, lo que se traduce, cada año, en más de 2.400 nuevos afectados en España.