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El asma en los menores, un mal mayor de incidencia en aumento

asmaLa obesidad infantil o los trastornos de la conducta, suelen ser los pilares noticiosos sobre los que se apoya la información sanitaria acerca de los menores de edad. Pero existen otras tantas enfermedades de influencia nociva con repercusiones igual o más preocupantes. El asma es una de ellas. Según datos extraídos del Informe Alegológica 2005, guiado y elaborado por la Sociedad Española de Alrgología e Inmunología Clínica (SEAIC), en España la cifra de asmáticos menores de 18 años ya supera el medio millón.

 Bien es cierto que se han desarrollado nuevas vías, efectivas, contra el avance del asma en los más pequeños. Pero no parece existir por el momento, un diagnóstico uniforme que asegure la paliación global de esta enfermedad. De hecho, el doctor Tomás Chivato, presidente de la SEAIC, defendía ayer a los medios que el asma continúa estando «infradiagnosticado e infratratado».

Según los expertos, entre los que se encuentra el propio Dr.Chivato, esta enfermedad se presenta como la más común del aparato respiratorio en los menores de edad. Es más, estipulan que su incidencia es mayor en los primeros cinco años de vida, siendo la probabilidad del 75% de los casos.

Según la American Academy of Alergy Asthma e Immunology (AAAAI, EEUU), los síntomas pueden ser diversos, aunque en la mayoría de los casos, los factores alérgenos (causantes de las alergias, como por ejemplo, la conjuntivitis o rinitis de tipo alérgico, así como la dermatitis atópica y las infecciones virales ), o los catarros, son las principales factores que proliferan su desarrollo, al tiempo que se establecen como ‘pistas’ para comenzar en la evaluación de un posible cuadro asmático.

Según el Dr.Chivato, en algunos de los casos, la incidencia asmática se reduce con el paso de los años. De igual modo, en otros, el empeoramiento puede desencadenar en problemas más severos durante la edad adulta. Por ello, éste establece como primordial un adecuado manejo de la enfermedad y un precoz diagnóstico sobre el menor afectado para evitar una repercusión negativa en su entorno familiar y social.

Los síntomas van desde la tos sin expectoración o la dificultad respiratoria, así como los jadeos, hasta los pitidos en la zona del tórax y el dolor en el pecho. La exposición de los pequeños al tabaco, sobre todo si la madre es fumadora, es otra de las causas de riesgo que inciden en el avance de esta enfermedad.

La importancia del ejercicio físico

Mejora de la condición física, control de los ataques asmáticos o la reducción del nerviosismo acaecido por las crisis, son resultado del ejercicio físico. Todo ello, incide positivamente en la tolerancia del menor al ejercicio deportivo asentándose como una de las mejores vías para luchar contra la incapacidad respiratoria que provoca esta enfermedad.

Es preciso citar, que debe ser el especialista el que estipule este factor como óptimo así como la medida y el esfuerzo que el menor debe llevar a cabo para que, por el contrario, el exceso del ejercicio físico se convierta en nocivo.

Tipos

Atendiendo al origen de la misma, esta enfermedad se divide en extrínseca (se da en l 80% de los casos y su incidencia se da por la inhalación de pólenes, ácaros, hongos u sustancias en la piel de animales, así como determinados alimentos, medicamentos, estableciéndose a su vez como perenne u estacional en función del ciclo estacional), e intrínseca (procesos infecciosos).

Por tanto, parece cuanto menos necesaria la intervención precoz de los padres o tutores de los menores afectados, para que el especialista pueda llevar a cabo una línea efectiva para su paliación. De lo contrario, el menor sufrirá daños en el sistema respiratorio e inmune, de complicada erradicación en la edad adulta.

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