En la boca, cada pieza cumple su función

A primera vista, la falta de una pieza dental puede parecer sólo un problema estético, pero no es así.

En el cuerpo humano, y mucho menos en la boca, no sobra nada, y más teniendo en cuenta que es una de las partes del organismo que más fuerza soporta.

Cada pieza ocupa su lugar: hay piezas anteriores con una función estética, fonética y funcional, y posteriores con una función y capacidad de carga tremenda.

Hasta el punto de que una muela puede aguantar en vertical más de 400 kilos.

Las consecuencias son muy numerosas. Si falla una de ellas, el equilibrio se rompe. Como ejemplo, una persona a la que le falten los molares tendrá que masticar sobre los premolares, que son mucho menos resistentes que los primeros y pueden deteriorarse. La masticación no puede ser correcta y, por extensión, se hace una digestión inapropiada.

Deterioro del hueso

El problema de retrasar la decisión de ponerse un implante es que a medida que pasa el tiempo, el hueso sobre el que se debe fijar también se deteriora, por lo que se complican muchísimo los tratamientos.

Una vez que se ha realizado el implante, se exige un cuidado minucioso. Hay que tener en cuenta que es una raíz artificial que insertamos en el hueso, a diferencia del diente natural, que está en armonía con el hueso y la encía. Para conservarlo en perfecto estado, la consigna es un cepillado a conciencia. Es obligatorio el uso de cepillos interdentales y de seda dental. Si una boca natural supone tres minutos de atención un mínimo de dos veces al día, un implante puede exigir diez minutos de atención diaria para conseguir el mejor resultado.