La naturaleza biopsicosocial del abordaje terapeútico de la EPOC

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epocweb1Durante los últimos años la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) se ha convertido en la primera causa de muerte evitable en España. La EPOC es una enfermedad respiratoria crónica cuya etiología se asocia principalmente con el tabaquismo y que cursa con insuficiencia respiratoria. Las personas diagnosticadas de esta enfermedad reciben tratamiento con oxigenoterapia crónica domiciliaria, que consiste en la administración de oxígeno a través de fuentes externas de este gas fuera del contexto hospitalario. El tratamiento pueden llevarlo a cabo tanto en el propio domicilio como en exterior, ya que en la actualidad existe una amplia gama de equipos de oxigenoterapia móvil o portátil que facilitan al colectivo de personas con EPOC su movilidad y la realización de actividades personales, laborales y/o sociales fuera del domicilio mientras llevan a cabo el tratamiento.

No cabe duda de que vivimos aún en un periodo en el que, en no pocas ocasiones, se produce una tendencia a limitar el concepto de salud a la esfera física de las personas, quedando otras áreas de la salud un tanto en el olvido. Sin embargo, desde hace décadas la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) define la salud como un estado completo de bienestar físico, psíquico y social, y no sólo la ausencia de afecciones y enfermedades. Esta definición recuerda que la salud es de naturaleza biopsicosocial y que, por tanto, el abordaje terapéutico de las enfermedades ha de ser también de carácter biopsicosocial, es decir, orientado a satisfacer las necesidades que presentan las personas que enferman en cada una de las esferas de su salud: la física, la psicológica y la social. Más si cabe, si tenemos en cuenta que las tres esferas están estrechamente interrelacionadas entre sí.

 

epocweb2En el caso de las personas diagnosticas de EPOC, no cabe duda de que el proceso “físico” de enfermar supone un impacto en las esferas psicológica y social de su salud. Desde el punto de vista psicológico, esta vivencia de enfermar para muchos supone un antes y un después en sus vidas. Debido a la pérdida de funcionalidad y a sus limitaciones físicas, experimentan una reacción de duelo por la pérdida de salud, competencia, autonomía e independencia. Esta experiencia subjetiva de pérdida se ve acompañada de un proceso de adaptación a su nueva situación vital que exige movilizar los recursos personales y estrategias de afrontamiento con que cuentan. Además, de forma frecuente llevan a cabo una valoración subjetiva negativa de su autoconcepto, esto es, se produce un descenso de su autoestima, que se ve acompañado de un torrente emocional en el que aparecen sentimientos de miedo, culpa, ira y vergüenza.

Por otro lado, desde el punto de vista social, el proceso de enfermar puede condicionar la cantidad y la calidad de las relaciones sociales y familiares de las personas que diagnosticas y tratadas de su EPOC. En el contexto familiar aparece la necesidad de reorganizar y reasignar los roles, entre ellos, el de cuidador principal. De forma frecuente se producen problemas de comunicación y hostilidad entre los miembros de la familia. Es habitual que las personas con EPOC en edad laboral se ven obligadas a cesar su actividad profesional, además de limitar su participación en algunas actividades de ocio. Por todo ello corren el riesgo de aislarse física y emocionalmente.

Por tanto, si bien resulta de vital importancia el desarrollo de tratamientos médicos, farmacológicos y tecnológicos encaminados al incremento de la supervivencia de las personas con EPOC y a la mejora de su calidad de vida, no hay que olvidar el papel fundamental que juegan el estado psicológico y las condiciones sociales de cada persona en su terapéutica, esto es, en el cumplimiento de la prescripción de la oxigenoterapia crónica domiciliaria en términos de horas de uso y en la adopción de un estilo de vida saludable (cese del consumo de tabaco, realización de ejercicio físico adaptado a sus posibilidades, dieta equilibrada y desarrollo de una vida cognitiva y socialmente activa). Y es que el tipo de hábitos y costumbres que adopte una persona con EPOC a partir del diagnóstico e instauración del tratamiento y la forma de afrontamiento de su nueva realidad, pueden resultar beneficiosos para su salud o, por el contrario, puede llegar a dañarla o influir de modo negativo sobre ella y, por tanto, en la evolución de su enfermedad respiratoria. Por ello son de vital importancia el desarrollo y puesta en marcha de protocolos de actuación de forma interdisciplinar que establezcan medidas biopsicosociales para evitar o reducir la progresión de la EPOC y mejorar su estado de salud físico, psicológico y social.

 

 

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