Cómo no sufrir un corte de digestión

En verano, son frecuentes las quemaduras, insolaciones, rozaduras... y también cortes de digestión. En la mayoría de los casos, su principal consecuencia radica en el brusco cambio de temperatura al que se somete el cuerpo.

Se tiende a decir que la primera causa viene predeterminada por no dejar reposar la comida y llevar a cabo un baño antes de que se haya hecho la digestión. Pero también puede producirse cuando, por ejemplo, después de hacer deporte, se somete al cuerpo a la temperatura del agua, bajando hasta diez o quince grados.

Lo recomendable es que después de comer no se efectúe un baño puesto que se corre el riesgo de que no se haga la digestión correctamente. Por ello, se estima - según lo ingerido, ya que no es lo mismo un filete que una ensalada- que se repose entre dos y tres horas para no pasar un mal rato.

Una vez que se ha transcurrido el tiempo idóneo, es preciso acostumbrar al cuerpo poco a poco a la temperatura de contraste, que suele ser bastante más fría que la corporal.

En sí, la digestión es el proceso en el que se transforman los alimentos que se ingieren en sustancias más sencillas con el objetivo de ser absorbidos. Por tanto, si no esto se corre el riesgo sufrir un corte de digestión.

Los principales síntomas son mareos, vómitos, náuseas, escalofríos, calambres y el también temido sudor frío. Acudir a un puesto de urgencias siempre es lo recomendable. De lo contrario, puede darse un desenlace fatal.

Los alimentos, para que se absorban más fácilmente, es preciso que no sean muy pesados. Por ello, algunos como limón, ajo, hierbas digestivas, pescados y verduras fomentan una rápida y más sana digestión.

La importancia de la respiración

La importancia en la respiración es uno de los factores clave para llevar a cabo una digestión adecuada que evite los factores de riesgo anteriormente citados. Aumento de la cantidad de sangre ya que permite una mayor oxigenación de los pulmones lo que favorece la eliminación de las toxinas del sistema. A su vez, esto permite un mayor capacidad para digerir los aliementos.

También se produce una mejora en el estado del sistema nervioso, incluyendo el cerebro y la columna vertebral. Además, fomenta un rejuvenicimiento de las glándulas, sobre todo las pituitarias y pineales y permiten que los pulmones gocen de mayor elasticidad.