Diferencias de sueño entre niños y adultos

Durante el transcurso de nuestra vida experimentamos variaciones en nuestros patrones de sueño. Estas variaciones pueden deberse tanto a la edad como a factores individuales relacionados sobre todo con hábitos cotidianos. La primera diferencia de sueño más notable entre niños y adultos es la asociada al número de horas que dormimos, es decir, la duración del sueño varía según la etapa de nuestra vida.

Por ejemplo, los recién nacidos son los que más tiempo duermen, entre 16 y 20 horas, distribuidos en 5 o 6 intervalos, de más o menos 3 horas cada uno. Pasados los tres meses de edad, la pauta de sueño se modifica: empezamos a dormir más de noche y reducimos el tiempo que dormimos de día, dedicando entre 14 y 15 horas a esta actividad. Ya a los seis meses el sueño se estabiliza, y se suele dormir, entre 12 y 14 horas, aunque aún un bebé debe dormir al menos dos veces al día. Cuando crecemos sentimos cada vez menos la necesidad de dormir, hasta llegar a unas 8 horas de media, que es lo que normalmente duerme un adulto de mediana edad.

Otra diferencia importante entre las distintas edades, son las etapas del sueño: cuando somos niños pasamos más de la mitad del tiempo que dormimos sumergidos en la fase REM, mientras que de adultos, el porcentaje se reduce al 20%. La razón de esto es puramente biológica ya que según los especialistas, esta fase es la que más contribuye a la maduración y al crecimiento del ser humano. 

Además la calidad del sueño también varía, los niños parecen tener un sueño mucho más superficial y se despiertan más fácilmente que los adultos. Sin embargo, el sueño de ondas lentas (sueño profundo) ocupa un 80% del ciclo de en adultos frente a un 20% de sueño ligero.  

Otras causas de carácter individual, que influyen en los cambios que realiza el sueño a lo largo de la vida y no relacionados con el desarrollo biológico natural, son por ejemplo nuestro apetito, el cansancio, tanto físico como mental, la actividad y ejercicio físico que realizamos a lo largo del día, el estrés, etc. También ejercen una potente influencia en el descanso nocturno factores medioambientales: como el ruido, la luz, la época del año en la que nos encontremos etc.

Y por supuesto, no hace falta decir que entre estos factores desempeña un papel fundamental nuestro equipo de descanso y sus características para poder facilitarnos el sueño y dormir como bebés.

 


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