consecuencias - Salud IDEAL

  • ¿Cuáles son las consecuencias de mantener una mala postura?

    La postura corporal es la forma de mantener o sostener el cuerpo, ya sea de forma estática (sentado, de pie o tumbado) o en movimiento (andando, corriendo…). Mantener una postura correcta es clave para gozar de buena salud a largo plazo, ya que una mala postura puede acarrear diversos trastornos físicos y funcionales que generan dolor y afectan a la calidad de vida.

    Consecuencias de una mala postura

    Una mala postura puede:

    • Desalinear el sistema musculoesquelético.
    • Desgastar la columna vertebral, haciéndola más frágil.
    • Disminuir la flexibilidad.
    • Afectar a la forma de moverse de las articulaciones.
    • Afectar al equilibrio, aumentando el riesgo de caída.
    • Hacer más difícil la digestión de la comida.
    • Dificultar la respiración.
    • Aumentar el riesgo de padecer lesiones: una mala postura al hacer ejercicio puede sobrecargar zonas corporales que acabarán lesionadas.

    Asimismo, la mala postura puede causar diversos dolores:

    • Lumbar: puede extenderse hasta los glúteos e incluso hacia las piernas. Aparece cuando la persona permanece mucho tiempo sentada con la espalda encorvada o tras cargar algo pesado.
    • En la zona central de la espalda: este dolor aparece al sentarse con la curva dorsal exagerada o al permanecer parado durante mucho tiempo.
    • Dolor de cuello y cabeza: en muchas ocasiones aparecen como consecuencia de la tensión muscular en la zona cervical. Esta tensión puede tener su origen en el estrés.

    Además, una mala postura puede transmitir una imagen personal deteriorada, en la que se aparentan más años y peso. Si la columna está encorvada y se camina echando la pelvis hacia delante, hay más probabilidades de debilitar los músculos del abdomen y tener un vientre abultado. Por el contrario, la columna recta aparenta elegancia y esbeltez.

    Cómo mantener una buena postura

    La clave para lograr una buena postura es la posición de la columna vertebral. En una postura correcta deberían mantenerse las tres curvas naturales de la columna (cuello, parte media y parte baja de la espalda) pero sin aumentarlas. La cabeza debe estar erguida sobre los hombros y éstos últimos alinearse con las caderas.

    Cómo mejorar la postura al sentar sentado

    Muchas personas pasan muchas horas sentadas porque su trabajo así lo requiere. Para mantener una buena postura y evitar dolores es importante seguir estos consejos:

    • La espalda debe estar erguida y bien apoyada. También las caderas y los muslos deben apoyarse sobre el asiento. Nunca hay que sentarse al borde de la silla.
    • Los hombros tienen que estar relajados, no encorvados hacia atrás ni hacia delante.
    • No hay que cruzar las piernas, ya que esto puede alterar la circulación.
    • Los pies tienen que apoyar sobre el suelo por completo. Si no es posible, lo recomendable es usar un reposapiés.
    • Las rodillas deben formar un ángulo recto con las caderas.
    • La silla de trabajo tiene que estar cerca de la mesa para evitar la inclinación del cuerpo hacia delante. Su altura dependerá de la estatura del usuario.
    • Es recomendable estirar los músculos suavemente de vez en cuando para aliviar la tensión. Asimismo, conviene levantarse periódicamente para caminar un poco.

    Cómo mejorar la postura al estar de pie

    La postura adecuada para estar parado y de pie es con el cuerpo y la cabeza erguidos, el pecho arriba y el abdomen contraído, pues los músculos de esta zona ayudan a estabilizar el cuerpo. Los brazos tienen que colgar naturalmente a los lados y los hombros no pueden encorvarse. El peso debe quedar bien repartido en ambas piernas, que tienen que estar separadas a la altura de los hombros. Asimismo, si se va a permanecer mucho rato estático, es aconsejable poner un pie más adelantado que el otro y cambiar a menudo de posición.

    Al andar también se debe mantener la cabeza y el cuello erguidos, evitando mirar al suelo, ya que esto puede provocar dolor cervical. Al pisar hay que apoyar primero el talón y luego la punta. A la hora de correr los codos deben estar flexionados en ángulo recto para que el movimiento de los brazos acompañe a las piernas.

  • 31 de mayo: Día Mundial Sin Tabaco

    El tabaco, una amenaza para el desarrollo

    El 31 de mayo de cada año, la OMS y sus asociados celebran el Día Mundial Sin Tabaco con el fin de poner de relieve los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo y abogar por políticas eficaces para reducir su consumo.

    Bajo el lema 'El tabaco, una amenaza para el desarrollo', este año, la campaña pretende demostrar que la industria del tabaco compromete el desarrollo sostenible de todos los países, incluidos la salud y el bienestar económico de sus ciudadanos. Además, se proponen medidas de lucha contra la crisis mundial causada por el tabaquismo que deberán adoptar las autoridades y la opinión pública para promover la salud y el desarrollo.

  • Efectos del estrés en la salud

    El estrés es una respuesta natural del cuerpo para responder ante situaciones de peligro y por ello, si es pasajero, puede resultar muy útil. No obstante, mantener el estrés durante mucho tiempo puede tener efectos negativos en la salud.

    Qué es el estrés y cómo reacciona el cuerpo

    El estrés es una respuesta biológica ante una situación de posible peligro. Este mecanismo prepara al cuerpo para luchar o huir de ese peligro activando un sistema de alarma. Puede ser de dos tipos:

    • Agudo: estrés a corto plazo que se puede sentir, p.ej. al frenar bruscamente el coche. Desaparece rápidamente.
    • Crónico: se sufre durante un periodo de tiempo largo (semanas o incluso meses). P.ej. el estrés provocado por problemas de dinero o trabajo. 

    Ante un factor que la persona interpreta como peligro, el organismo activa la alarma, incitando a las glándulas suprarrenales a liberar una oleada de hormonas (adrenalina, cortisol…) que provocan cambios en el funcionamiento del organismo. La adrenalina aumenta la frecuencia cardiaca, la sudoración, la presión arterial y los suministros de energía. El cortisol aumenta la glucosa en sangre y mejora su uso en el cerebro, reduce las funciones no esenciales para huir o luchar, altera la respuesta del sistema inmunitario y suprime los sistemas digestivo y reproductor y los procesos de crecimiento.

    Cuando la amenaza ha pasado, los niveles de hormonas regresas a la normalidad y los sistemas reanudan sus actividades regulares. Un pequeño episodio de estrés puede ser positivo porque ayuda a eliminar el peligro o afrontar la situación que causa el estrés. Sin embargo, si el factor que causa la alarma permanece, la sobreexposición a las hormonas del estrés puede tener consecuencias en todos los sistemas del cuerpo, aumentando el riesgo de padecer problemas de salud.

    Síntomas de estrés excesivo

    El cuerpo avisa de la presencia del estrés mediante una serie de síntomas físicos y mentales. Algunos de ellos son:

    • Diarrea o estreñimiento.
    • Dolores frecuentes de cabeza.
    • Falta de energía y motivación.
    • Musculatura y mandíbula rígidas.
    • Problemas para dormir (insomnio o somnolencia).
    • Malestar de estómago.
    • Variaciones de peso.
    • Problemas sexuales.
    • Mala memoria.
    • Irritabilidad y ansiedad.

    Consecuencias del estrés crónico

    Un estrés mantenido a lo largo del tiempo puede tener las siguientes consecuencias en la salud:

    • Incrementa el riesgo de padecer cardiopatías: el estrés aumenta la presión arterial, acelera el corazón y provoca una respiración más superficial. Todo ello mantenido en el tiempo puede aumentar el riesgo de sufrir cardiopatías (como infartos de miocardio), ictus o hipertensión.
    • Debilita el sistema inmune: el estrés crónico debilita las defensas, facilitando las infecciones provocadas por virus y bacterias.
    • Provoca dificultades para respirar: la respiración acelerada que aparece durante el estrés puede ser peligrosa para personas con problemas respiratorios como asma, EPOC o bronquitis crónica.
    • Aumenta el riesgo de padecer cáncer: muchos estudios han analizado la incidencia que tiene el estrés en la aparición de cáncer. Si bien los resultados de estos estudios no son concluyentes, es cierto que el estrés incrementa la inflamación del cuerpo, un factor que facilita la aparición de células tumorales.
    • Dolores de espalda, cuello y cabeza: los músculos se tensan ante las situaciones de peligro y después se relajan. No obstante, si el estrés se mantiene, los músculos continuarán tensos y provocarán dolor de cabeza, cuello y espalda, entre otras molestias.
    • Problemas de piel, como acné o eczema.
    • Alteración del ciclo menstrual: el estrés altera el ciclo y dificulta la concepción.
    • Reduce el deseo sexual y puede provocar disfunciones sexuales.
    • Trastornos emocionales: el estrés crónico provoca problemas psicológicos como ansiedad, depresión o ataques de pánico. También dificulta la conciliación del sueño.
    • Aumento de peso: el estrés afecta a la regulación de los impulsos, animando a la ingesta de alimentos apetecibles pero poco nutritivos. Esto a la larga puede provocar sobrepeso. 
    • Incrementa el riesgo de padecer diabetes: en una situación de peligro se libera más azúcar para que el cuerpo tenga energía para hacer frente a la amenaza. Si el estrés se cronifica, el exceso de glucosa puede provocar la aparición de diabetes. 
    • Problemas digestivos: el estrés no sólo aumenta o reduce el apetito sino que puede provocar dolor de estómago, náuseas, vómitos y problemas intestinales.
    • Empeora los hábitos poco saludables: según la Asociación Americana de Psicología, el estrés lleva a adoptar o mantener hábitos de vida negativos como fumar o beber.

    Debido a las importantes consecuencias que el estrés tiene para la salud, es importante tratar de resolver la situación que lo causa. Si no es posible, llevar a cabo unos hábitos de vida saludables y buscar momentos para el ocio y la relajación puede ser muy efectivo para superar el estrés.

  • Insomnio: por qué aparece y cómo puede afectar a la salud

    Dormir bien es imprescindible para mantener una buena salud, tanto física como mental. Sin embargo, muchas veces no se descansa suficiente porque cuesta conciliar el sueño o porque surgen dificultades para permanecer dormido. El temido insomnio puede aparecer por diversas causas y tiene varias consecuencias para la salud.

    Qué es el insomnio

    El insomnio es un trastorno en el que existe dificultad para conciliar el sueño, para permanecer dormido o para continuar durmiendo si el sueño se interrumpe. Es uno de los trastornos del sueño más frecuentes y se puede sufrir de forma temporal o crónica. Si sólo se sufre durante algunos días o semanas se denomina insomnio agudo. Si la dificultad de mantener el sueño se presenta durante varios meses se considera que el insomnio es crónico.

    Según el momento de aparición el insomnio puede ser:

    • De conciliación: cuando aparece dificultad para conciliar el sueño. En adultos se entiende como un tiempo normal de conciliación el inferior a 30 minutos.
    • De mantenimiento: cuando existe dificultad para mantener el sueño durante la noche, ya sea por despertares frecuentes o porque sea imposible conciliar el sueño tras despertar en mitad de la noche.
    • De despertar precoz: cuando la persona se despierta antes de la hora esperada o marcada en el despertador.

    En algunas ocasiones se pueden dar dos tipos de insomnio a la vez e incluso los tres al mismo tiempo.

    Por qué aparece el insomnio

    El insomnio puede tener su origen en causas muy diversas:

    • Trastornos de salud mental como ansiedad, depresión o estrés postraumático.
    • Estrés provocado por las preocupaciones diarias.
    • Consumo de medicamentos que pueden alterar el sueño como, por ejemplo, ciertos antidepresivos, corticoides, diuréticos o tratamientos para la presión arterial.
    • Algunas enfermedades como el cáncer, la diabetes, el dolor crónico, las afecciones cardíacas, el hipertiroidismo, la fibromialgia o la enfermedad de Parkinson. También puede aparecer por enfermedades urológicas que provocan la necesidad urgente de micción durante la noche.
    • Trastornos del sueño como el síndrome de piernas inquietas o la apnea del sueño.
    • Descompensación horaria provocada por viajes a otros usos horarios o turnos de trabajo que cambian con frecuencia.
    • Malos hábitos de sueño: horarios irregulares para dormir, uso de pantallas antes de irse a la cama…
    • Comer en exceso por la noche, ya que esto puede provocar reflujo gástrico.
    • Tomar cafeína, nicotina o alcohol antes de dormir. La cafeína y la nicotina son estimulantes, mientras que el alcohol ayuda a conciliar el sueño pero impide disfrutar de las fases profundas del mismo.

    Las mujeres suelen sufrir este trastorno con más frecuencia que los hombres, en parte por los vaivenes hormonales del ciclo menstrual y la menopausia. Además, con la edad suele aumentar la probabilidad de tener insomnio tanto en hombres como en mujeres.

    Consecuencias para la salud de padecer insomnio

    La falta de sueño provocada por el insomnio puede tener varias consecuencias en la salud:

    • Deterioro de funciones cognitivas como la memoria, la concentración, el razonamiento, el tiempo de reacción y la atención. Como consecuencia, se reduce el rendimiento escolar o laboral y hay un mayor riesgo de sufrir un accidente de tráfico, doméstico o laboral.
    • Disminución de la tolerancia a la glucosa. Se ha demostrado que las personas con insomnio son más propensas a sufrir diabetes por no poder manejar sus niveles de glucemia.
    • Cambios de humor e irritabilidad.
    • Dolor de cabeza.
    • Fatiga.
    • Trastornos de salud mental como depresión o ansiedad.
    • Problemas cardiovasculares: los pacientes hipertensos de edad avanzada con problemas para conciliar el sueño poseen un riesgo cardiovascular más elevado que el resto de la población según señala la Fundación Española del Corazón.
    • Trastornos neurológicos: la Sociedad Española de Neurología señala que la mala calidad del sueño puede ser un desencadenante o riesgo para determinados trastornos como ictus, Parkinson, Alzheimer y diversas enfermedades neuromusculares.
    • Alteración del sistema inmunológico.
    • Trastornos metabólicos que favorecen la aparición del sobrepeso y la obesidad.

    Cómo prevenir el insomnio

    Para prevenir el insomnio es importante mantener una adecuada higiene del sueño. Algunos consejos para conseguirlo son:

    • Respetar los horarios de sueño: acostarse y levantarse todos los días a la misma hora.
    • Acostarse sólo cuando se tenga sueño.
    • No quedarse en la cama si después de 20 minutos no se ha conciliado el sueño. Es mejor levantarse y hacer alguna actividad relajante o aburrida. Hasta que no llegue el cansancio, no se debe volver a la cama.
    • Evitar cenas copiosas y el consumo de cafeína y alcohol antes de dormir.
    • Evitar la tecnología: la luz, sobre todo la azul, disminuye la producción de melatonina. Por eso se deben evitar los dispositivos electrónicos antes de dormir.
    • Crear un entorno relajado: habitación fresca, oscura y silenciosa.
    • Reservar la cama solo para dormir.
    • Realizar alguna actividad relajante antes de irse a la cama: darse una ducha caliente, escuchar música lenta…
    • Hacer ejercicio: ayuda a dormir mejor pero no se debe hacer antes de irse a la cama, ya que provocará el efecto contrario.
    • Limitar las siestas durante el día a un máximo de 30 minutos.