pulmones - Salud IDEAL

  • ¿Cómo cuidar nuestros pulmones?

    Consejos para mejorar la salud pulmonar

    El ser humano inspira y espira una media de cinco litros de aire por minuto, una cifra que oscila entre los 7200 y los 8600 litros al día, o lo que es lo mismo, un total de más de 7 millones de respiraciones al año. A través de este proceso, nuestro organismo asimila la cantidad de oxígeno necesaria para vivir y que cada una de sus células se mantenga en perfectas condiciones, a la vez que expulsa dióxido de carbono.

  • ¿Cuál es el mejor momento para dejar de fumar?

    Dejar de fumar es un proceso complicado que exige mucha fuerza de voluntad pero que supone un gran beneficio para la salud de aquellos que lo consiguen. Se suele decir que el mejor momento para dejar de fumar es 'ahora' ya que, cuanto antes se deje de consumir, antes se comenzarán a notar los efectos de la eliminación de toxinas del organismo. No obstante, ya que dejar el tabaco no es fácil, no todos los momentos de la vida son igual de buenos para conseguirlo. Elegir el momento propicio también condiciona el éxito del propósito.

    Mejores momentos para dejar de fumar

    Los mejores momentos de la vida para dejar de fumar son los siguientes:

    • Periodos de felicidad y bienestar: los periodos en los que uno se siente feliz y positivo y no tiene preocupaciones son los mejores para dejar de fumar.
    • Cuando se tiene una pareja que no fuma: a las personas no fumadoras no suele gustarles que sus parejas fumen, por lo que el interés por complacerlas se puede convertir en una motivación para dejarlo.
    • Durante una hospitalización: en los hospitales está prohibido fumar y esta abstinencia forzada puede ser el primer paso para dejarlo. Además, los beneficios que tiene para la salud dejar de fumar se convertirán en otra motivación para conseguirlo.
    • Tras el fallecimiento de alguien cercano por una enfermedad relacionada con el tabaquismo, ya que esto puede convertirse en una lección sobre los graves daños que produce la adicción.

    Por el contrario, son momentos inadecuados para dejar de fumar:

    • Durante las vacaciones: el tiempo libre de los periodos vacacionales aumenta la posibilidad de pensar en el hábito. No obstante, si se emplea el tiempo libre en realizar actividades que generen felicidad y distracción puede conseguirse.
    • En periodos de estrés: el tabaco es para los fumadores una fuente de relajación ante la ansiedad y los nervios, por lo que en periodos estresantes es muy difícil dejar el hábito.
    • En situaciones ‘límite’: durante periodos de desempleo, divorcio, mudanzas… o tras el fallecimiento de alguien cercano se sufre una angustia que dificulta la consecución del objetivo.
    • Cuando no se está convencido: el primer paso para dejar una adicción es reconocerla y el segundo estar convencido de que se quiere dejar.

    ¿Cuándo es imprescindible dejar de fumar?

    Según explica la guía ‘Se puede dejar de fumar. Claves para conseguirlo’ del Ministerio de Sanidad, es absolutamente esencial dejar de fumar:

    • Si ha ingresado en el hospital: al dejar de fumar se reducen los problemas de salud que han provocado el ingreso y se incrementa la eficacia del tratamiento.
    • Si acaba de sufrir un infarto: se reduce el riesgo de sufrir un segundo ataque al corazón al dejar de fumar.
    • Si sufre diabetes no insulina dependiente: fumar no solo incrementa el riesgo de sufrir diabetes sino que, para las personas ya diagnosticadas por esta enfermedad, duplica el riesgo de sufrir un infarto y cuadriplica el riesgo de lesiones cardiacas, entre otras dolencias.
    • Si tiene cáncer de pulmón o algún otro tipo de cáncer derivado del tabaquismo, ya que dejar de fumar incrementa la probabilidad de recuperación. 
    • Si está embarazada o acaba de tener un bebé, para proteger la salud propia y la de su hijo.
    • Si es padre o madre: al dejar de fumar se protege a los hijos de las enfermedades causadas por el aire contaminado por humo de tabaco. Además se les da buen ejemplo, contribuyendo a disminuir la probabilidad de que empiecen a fumar o consumir otras drogas

    Con respecto a la posibilidad de dejar el tabaco al ser diagnosticado de cáncer, la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) explica que los profesionales recomiendan dejar de fumar en momentos positivos de la vida. Es decir, cuando no haya muchas preocupaciones y se pueda dedicar un tiempo especial para dejarlo. Con un diagnóstico de cáncer no se cumplen estas condiciones ideales, pues la hospitalización y los tratamientos son fuentes de preocupación. No obstante, desde la AECC consideran que probablemente no se encontrará otro momento de la vida donde se tengan razones tan importantes para dejar el tabaco. Esta motivación se puede convertir en un empuje para conseguirlo. Además, al dejar de fumar los pacientes responden mejor a los tratamientos. Por todo ello la AECC recomienda al menos intentarlo y, en caso de que el proceso sea demasiado duro, se puede pedir ayuda o dejarlo para otro momento.

    Si está pensando en dejar de fumar lo mejor es acudir a profesionales que le ayudarán a conseguirlo. En Albéniz Medicina Estética de Granada llevan desde 1998 ayudando a miles de personas a dejar el hábito de fumar. Para ello utilizan termoestimulación, un tratamiento en el que aplican infrarrojos a determinadas terminaciones del cuerpo para reiniciar de forma natural la producción de endorfinas desligadas del hábito tabáquico. Puede encontrarlos en Calle Isaac Albéniz 21, 18012, Granada.

  • 26 de abril, Día nacional de la Fibrosis Quística

    La fibrosis quística o FQ es una enfermedad que afecta principalmente a las partes del cuerpo que producen secreciones, generándose un espesamiento y disminución de las cantidades de agua, sodio y potasio, que tiene como consecuencia la obstrucción de los canales encargados de transportar dichas secreciones. Además, provoca infecciones e inflamaciones que afectan gravemente a zonas de los pulmones, páncreas, hígado y sistema reproductor, lo que genera una gran dificultad para respirar.

  • 4 consejos para cuidar la salud de los pulmones de forma natural

    Cuidar nuestra salud general es de vital importancia para mantenernos sanos y disfrutar de una calidad de vida excelente en todos los niveles y a cualquier edad. No obstante, hoy nos centramos en el aparato respiratorio, uno de los sistemas más importantes para el ser humano. Y es que, es precisamente el aparato respiratorio el encargado de obtener la energía necesaria para alimentar todas las células del organismo.

  • Apnea del sueño: causas, síntomas y tratamiento

    La apnea del sueño es un trastorno que sufren algunas personas al dormir y que se caracteriza por una obstrucción de las vías aéreas que impide la respiración. Se identifica a menudo por la presencia de fuertes ronquidos y jadeos y la fatiga que provoca durante el día.

    Qué es la apnea del sueño

    La apnea del sueño es un trastorno del sueño en el que la respiración se detiene y recomienza de forma repetida. Aunque comúnmente se habla de la apnea del sueño de forma genérica en realidad existen dos tipos:

    • Apnea obstructiva del sueño: es la forma más común de apnea. Ocurre cuando los músculos de la parte posterior de la garganta se relajan, provocando que las vías aéreas se estrechen o cierren cuando se respira. Esto puede provocar que baje el nivel de oxígeno en sangre y entonces el cerebro detecta que no puede respirar y despierta brevemente a la persona para que vuelva a abrir las vías aéreas. Este despertar es tan breve que muchas veces no se recuerda. El colapso de las vías respiratorias es periódico, especialmente en algunas fases del sueño (como la REM) y se puede repetir hasta más de 30 veces en una hora.
    • Apnea central del sueño: es un tipo menos frecuente de apnea que ocurre cuando el cerebro deja de transmitir señales a los músculos de la respiración. Esto se traduce en que no se hace el esfuerzo para respirar durante un tiempo muy breve. En este caso es probable que la persona se despierte con dificultad para respirar o que le cueste volver a dormirse.

    Existe un tercer tipo llamado 'síndrome de apnea del sueño compleja', que ocurre cuando se padecen tanto la apnea obstructiva como la central.

    Causas de la apnea del sueño

    En el caso de la apnea obstructiva del sueño, se produce porque los tejidos de la vía aérea se cierran y bloquean la respiración, causando la apnea. Los factores que pueden aumentar el riesgo de tener apnea son:

    • La obesidad.
    • Tener amígdalas o vegetaciones grandes que puedan taponar la vía respiratoria.
    • Poseer una lengua que se retrotraiga hasta la vía respiratoria.
    • Tener un cuello grueso.
    • Determinadas formas de paladar o de la vía respiratoria que originan su colapso.
    • Tener el maxilar inferior más corto que el superior.

    Además de todo esto tienen más probabilidad de sufrirla los hombres, personas más mayores, personas con antecedentes familiares de apnea y personas con congestión nasal. Además el consumo de alcohol, sedantes, tranquilizantes y tabaco también puede empeorarla.

    En cuanto a la apnea central del sueño los factores principales de riesgo son:

    • Ser mayor.
    • Ser hombre.
    • Tener insuficiencia cardiaca congestiva.
    • Usar analgésicos narcóticos.
    • Haber tenido un accidente cerebrovascular.

    Síntomas de la apnea del sueño

    Los síntomas en ambos tipos de apnea coinciden y son:

    • Ronquidos fuertes: son la manifestación más visible que puede alertar sobre la apnea.  
    • Episodios durante el sueño en los que se deja de respirar. Estas apneas interrumpen los fuertes ronquidos. El periodo de silencio va seguido de un resoplido con jadeo mientras el paciente intenta volver a respirar.
    • Dolor de cabeza al despertarse.
    • Insomnio.
    • Fatiga y somnolencia diurna. Esto provoca que la persona se duerma en situaciones inapropiadas. También puede reducir la atención y provocar irritabilidad.
    • Despertarse con la boca seca.

    Además de todo esto pueden aparecer alteraciones respiratorias y cardiovasculares, depresión e hinchazón de piernas.

    Tratamiento de la apnea del sueño

    El tratamiento más habitual para la apnea del sueño es la CPAP (presión positiva continua de la vía aérea), recomendada para casi todos los pacientes. Es un generador de presión que transmite, mediante una mascarilla nasal, una presión continua en la vía aérea superior, impidiendo que colapse. Suele tener un efecto muy rápido y sus efectos secundarios son casi inexistentes o transitorios. Otra manera de mantener la garganta abierta es usar un aparato bucal de avance mandibular, aunque esto es menos efectivo que la CPAP.

    También se puede realizar una intervención quirúrgica si existen lesiones como pólipos o hipertrofia de las amígdalas, o si no se tolera la mascarilla por la existencia de daños en la vía aérea superior.

    Para prevenir su aparición o mejorar la apnea lo mejor es perder peso, así como aplicar medidas higiénico-dietéticas, realizar ejercicio físico, dejar de fumar y evitar el consumo de alcohol. Además conviene dormir boca abajo o de lado en lugar de boca arriba.

  • Bronquitis aguda: síntomas, causas y tratamiento

    La bronquitis aguda es una inflamación de los bronquios comúnmente causada por algún virus, especialmente durante el otoño y el invierno. Detectar los síntomas y acudir al médico es esencial para evitar complicaciones de esta enfermedad que se puede curar con unos pocos cuidados.

    Qué es la bronquitis aguda

    La bronquitis es una inflamación de los bronquios, conductos respiratorios que llevan oxígeno a los pulmones y los conectan con la tráquea. Durante la bronquitis entra menos aire a los pulmones y sale también menos cantidad, y estos conductos sufren un aumento de la producción de la mucosidad.

    La bronquitis se califica como aguda cuando dura poco y es de reciente aparición. La bronquitis crónica es una condición a largo plazo que reaparece o nunca desaparece por completo. En caso de sufrir más de dos episodios anuales de bronquitis se debe consultar con un médico para que pueda valorar si se sufre bronquitis crónica.

    Causas de la bronquitis aguda

    Habitualmente la bronquitis aguda la causa un agente infeccioso como las bacterias o, más frecuentemente, los virus. De esta manera la enfermedad puede aparecer después de un resfriado común, gripe u otra infección de las vías respiratorias altas. Suele ser más frecuente en otoño e invierno, momentos del año en el que los microbios que la ocasionan sobreviven y se multiplican más fácilmente. El contagio se puede producir a través del aire (al toser o estornudar) o a través del contacto directo con piel o superficie que contenga el microbio.

    También pueden ocasionar está inflamación la exposición al humo del tabaco y a  agentes físicos o químicos como polvo, contaminación, alérgenos y productos de limpieza. Además puede surgir en personas que padecen sinusitis crónica.

    Síntomas de la bronquitis aguda

    • Tos: al principio seca e improductiva y más adelante con abundantes flemas.
    • Dificultad para respirar y jadeo
    • Presión en el pecho
    • Fiebre
    • Malestar general
    • Dolor de garganta
    • Dolor de músculo y espalda
    • Cansancio

    Aunque la infección desaparezca, la tos puede llegar a persistir durante varios días o semanas.

    Diagnóstico de la bronquitis aguda

    Una vez que se detecta alguno de estos síntomas, lo mejor es acudir a un médico para que evalúe si los mismos son consecuencia de una bronquitis. Para ello el doctor preguntará sobre la tos y la mucosidad, su frecuencia y aspecto. También es probable que ausculte el pecho en busca de sibilancias (silbidos o chillidos al respirar) o de otros sonidos anormales en los pulmones. En algunos casos también se analizan las mucosidades para detectar infecciones bacterianas o se llevan a cabo radiografías de torax o pruebas de función pulmonar.

    Tratamientos

    Ya que la mayoría de las infecciones que provocan la bronquitis están causadas por virus, no es necesario para su tratamiento tomar antibióticos. Normalmente basta con aliviar los síntomas, para lo cual se utilizan analgésicos (para la fiebre y el malestar), antitusivos (para la tos), mucolíticos (para disminuir la viscosidad de las secreciones) y expectorantes. En ocasiones también se deben utilizar inhaladores que contienen corticoide y brancodilatador, porque desinflaman y dilatan los bronquios, aumentando su calibre para facilitar el paso del aire.

    También es muy importante la ingesta de líquidos, preferiblemente agua. Asimismo, puede ayudar usar un humidificador en la habitación.

    La bronquitis se suele solucionar en un par de semanas, pero hay algunas señales que pueden revelar un problema más grave. En caso de fiebre muy elevada o que no desaparezca en 3 o 4 días, dolor en el pecho, moco verde o con sangre o síntomas que duren más de 15 días, hay que acudir de nuevo al médico. La bronquitis podría haber derivado en una neumonía.

    Prevención

    La bronquitis aguda en muchos casos no se puede prevenir, al proceder de virus o bacterias. No obstante, pueden tomarse medidas para reducir algunos factores de riesgo. Por ejemplo, es importante dejar de fumar o no comenzar a hacerlo, así como evitar el humo de otros fumadores. También es aconsejable evitar irritantes pulmonares como el polvo, los gases y la contaminación del aire. Usar mascarilla al pintar o barnizar puede proteger a los pulmones de sus partículas tóxicas.

    En el caso de los virus y bacterias, lo mejor es lavarse las manos con frecuencia para disminuir la exposición a todo tipo de microbios y tratar de mantenerse alejado de personas resfriadas o con gripe. En cualquier caso, es recomendable visitar al médico si comienzan a presentarse síntomas.

  • Consejos para reducir el riesgo de padecer neumonía

    La neumonía es una infección que inflama los sacos aéreos de uno o los dos pulmones. A consecuencia de ella aparecen síntomas como tos con flema o pus, dolor en el pecho, fatiga, escalofríos, dificultad para respirar o fiebre. En función de la gravedad de la infección, puede llegar a ser mortal. No obstante, es posible reducir el riesgo de aparición de la neumonía si se siguen algunas medidas preventivas.

    Causas de la neumonía y factores de riesgo

    La neumonía puede ser provocada por diversos microorganismos, como bacterias, hongos o virus. Los que más frecuentemente causan la neumonía son la bacteria del neumococo y el virus de la gripe. Estas infecciones se pueden contraer por:

    • Bacterias y virus respiratorios que viven en las fosas nasales y la boca, que pueden propagarse hasta los pulmones.
    • Aspiración de alimentos, vómitos o secreciones que llegan a los pulmones. Es más probable que esto ocurra cuando algo altera el reflejo de náusea (p.ej. una lesión cerebral).
    • Inhalación de microorganismos que pueden estar en el ambiente o se transmiten al inhalar las gotículas que quedan en el aire después de que una persona infectada tosa o estornude.

    Si bien la neumonía puede afectar a cualquier persona, existen factores de riesgo que pueden favorecer su aparición:

    • Ser mayor de 65 años o menor de cinco.
    • Estar hospitalizado en una unidad de cuidados intensivos, especialmente si se está conectado a un ventilador.
    • Padecer enfermedades pulmonares o cardíacas, diabetes u otros problemas crónicos de salud o del sistema inmunológico. También la mala nutrición, tener dificultad para deglutir y el abuso del alcohol pueden ser factores de riesgo.
    • Fumar o estar expuesto de forma constante al humo del tabaco: los fumadores tienen cuatro veces más riesgo de sufrir infección de neumococo que los no fumadores.
    • No recibir la vacuna antigripal y/o la antineumocócica.

    En cuanto al riesgo de que la enfermedad se agrave, es más probable que ocurra en estos grupos de población: mayores de 65 años, menores de dos, personas con alguna enfermedad no diagnosticada, personas con el sistema inmunitario debilitado, pacientes que reciben quimioterapia o enfermos que toman medicamentos que inhiben el sistema inmunitario.

    Cómo prevenir la neumonía

    Para reducir el riesgo de padecer neumonía se pueden llevar a cabo una serie de medidas preventivas:

    • Alimentarse correctamente: la alimentación es clave para mantener alta las defensas, especialmente en personas con el sistema inmune debilitado. Esto no es sólo positivo para prevenir la neumonía sino también para reducir la duración de la enfermedad.
    • Seguir unas estrictas medidas de higiene para evitar el contagio de virus y bacterias, especialmente al atender a personas infectadas: lavado de manos frecuente, desinfección de superficies, uso de mascarillas… Asimismo, hay que evitar tocarse la cara sin lavarse las manos.
    • Mantener la higiene bucal: una mala higiene de la boca contribuye a la formación de placa y a la acumulación de microorganismos que después se pueden trasladar a los pulmones. Por ello, limpiarse adecuadamente la boca puede reducir el riesgo de padecer neumonía.
    • Dejar de fumar e intentar alejarse del humo del tabaco: el abandono del hábito tabáquico disminuye a la mitad el riesgo de padecer neumonía en los siguientes cinco años.
    • Vacunarse contra la gripe: es una medida preventiva muy eficaz para disminuir la incidencia de la neumonía en la personas de edad avanzada y en pacientes con enfermedades cardiorespiratorias crónicas. La campaña de vacunación contra la gripe en España suele empezar en el mes de octubre y está recomendada para diversos grupos de riesgo: embarazadas, mayores de 65 años, trabajadores de centros sanitarios...
    • Vacunarse contra el neumococo: es una prevención eficaz indicada principalmente para mayores de 60 o 65 años y personas de entre 19 y 65 años con ciertas enfermedades o que sean fumadoras activas.
    • Reducir el consumo de alcohol: consumir alcohol en exceso se asocia a un mayor riesgo de que la neumonía se agrave, pues afecta al sistema inmune. Además, las personas alcohólicas a veces desarrollan daño hepático o malnutrición, lo que incrementa el riesgo de padecer neumonía.
    • Usar mascarillas al limpiar o trabajar en lugares con mucho polvo o moho.
    • Mantener fuerte el sistema inmunitario: no sólo siguiendo una dieta saludable, sino también haciendo ejercicio y durmiendo bien.
    • Sonarse bien la nariz: según los expertos, sonarse mal la nariz puede provocar sinusitis, por acumulación en las vías respiratorias altas de las secreciones. Si esta mucosidad llega a las vías bajas podría causar neumonía. Para sonarse de forma correcta hay que hacerlo individualmente con cada conducto nasal (no ambos a la vez) y sin ejercer mucha presión. Asimismo, se puede recurrir a remedios naturales o descongestivos en spray para facilitar la expulsión de la mucosidad.
    • Entrenar los pulmones: algunos ejercicios, como los de respiración profunda, y la fisioterapia para eliminar la mucosidad son útiles para prevenir la neumonía en personas de riesgo. La respiración profunda ayuda a aprovechar todo el oxígeno del aire para evitar ahogos y mejorar la función de los órganos.
  • EPOC y tabaco

    La EPOC es una enfermedad crónica de los pulmones que tiene su principal causa en la exposición constante a las partículas del tabaco. El EPOC es una de las patologías más frecuentes en los adultos españoles. De hecho, el estudio EPI-SCAN II, realizado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), cifra en un 12,4% la prevalencia de la EPOC en la población española de más de 40 años. Esta enfermedad afecta mucho a la calidad de vida de los que la sufren, y por ello hay que conocer cuáles son sus causas y cómo evitar su desarrollo.

    Qué es la EPOC

    La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es una enfermedad crónica inflamatoria de los pulmones caracterizada por la obstrucción del flujo de aire. Esta obstrucción principalmente se debe a dos tipos de lesiones: el enfisema (destrucción de las paredes de los alveolos) o la bronquitis crónica (inflamación de los bronquios y obstrucción de los mismos por el moco).

    Las personas con EPOC además de sufrir la obstrucción de los pulmones, tienen más riesgo de padecer enfermedades cardíacas, cáncer de pulmón, presión alta en las arterias pulmonares, depresión y otras afecciones respiratorias.

    Causas de la EPOC

    La EPOC es causada por una agresión constante sobre las vías respiratorias mantenida durante años. La principal causa es el tabaquismo, aunque también pueden sufrirla las personas que han padecido asma crónico, que han trabajado en un ambiente con polvo y partículas sin protección o que han estado sometidas durante mucho tiempo a una gran contaminación ambiental.

    Los factores de riesgo de padecer EPOC incluyen:

    • Exposición al humo de tabaco: el tabaquismo crónico es la principal causa de la EPOC en España. La influencia del tabaco en esta enfermedad no está relacionada con el número de cigarros que tome la persona fumadora, sino con el tiempo que lleva en contacto con el tabaco (a más años, más probabilidad de desarrollarla). Además, no sólo la sufren las personas fumadoras, sino también aquellas que han estado expuestas de forma constante al humo de otros fumadores.
    • Exposición a polvos y sustancias químicas en el trabajo.
    • Exposición a gases de combustión.
    • Edad: como aparece lentamente, son las personas mayores de 40 años las que empiezan a notar los síntomas.
    • Genética.

    Síntomas de la EPOC

    Los síntomas suelen aparecer cuando ya se ha producido un daño significativo y generalmente empeoran con el tiempo, sobre todo si el paciente se sigue exponiendo al tabaco. Principalmente son:

    • Dificultad para respirar, sobre todo durante la actividad física.
    • Fatiga.
    • Tos.
    • Producción de mucosidad.
    • Silbido al respirar (sibilancia).
    • Sensación de opresión en el pecho.
    • Color azul en los labios o los lechos ungueales.
    • Infecciones respiratorias frecuentes.
    • Falta de energía.

    Las personas con EPOC pueden sufrir reagudizaciones, periodos de varios días durante los cuales los síntomas empeoran.

    Tratamiento y prevención

    La EPOC es una enfermedad crónica y por tanto no tiene cura. No obstante, con un tratamiento adecuado, la mayoría de las personas que padecen EPOC pueden controlar los síntomas y tener una buena calidad de vida, además de reducir el riesgo de padecer otras afecciones relacionadas. Se pueden usar medicamentos como broncodilatadores y esteroides, pero para casos graves se hace necesaria la oxigenoterapia.

    Las recomendaciones generales para pacientes con EPOC incluyen salir a caminar y evitar el aire muy frío o muy caliente, que pueden afectar a las vías respiratorias. No obstante, la principal recomendación para los pacientes con EPOC es que, si fuman, dejen de hacerlo. El tabaquismo no sólo provoca la enfermedad sino que puede continuar empeorándola.

    Para prevenirla la EPOC hay que tener una vida sana y activa en la que además se evite la alta contaminación, se utilicen las protecciones adecuadas contra los humos en el trabajo y se realice actividad física. Además, ya que la mayor parte de los casos de EPOC están relacionados con el tabaquismo, la mejor manera de prevenir la EPOC es no fumar o dejar de hacerlo. También conviene evitar la exposición al humo de otros fumadores de forma constante.

    Si estás pensando en dejar de fumar, lo mejor es acudir a profesionales que te ayudarán a conseguirlo. En la Clínica Albéniz de Medicina Estética de Granada llevan desde 1998 ayudando a miles de personas a dejar el hábito de fumar. Para ello utilizan termoestimulación, un tratamiento en el que se aplican infrarrojos en determinadas terminaciones del cuerpo para reiniciar de forma natural la producción de endorfinas desligadas del hábito tabáquico. Puedes encontrarlos en Calle Isaac Albéniz 21, 18012, Granada.

  • La contaminación del aire puede provocar el mismo enfisema pulmonar que fumar cigarrillos

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se calcula que en el mundo mueren aproximadamente 1,3 millones de personas al año a causa de la contaminación atmosférica urbana.  Para la OMS la contaminación supone un “grave problema de higiene”, ya que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, problemas respiratorios y cánceres de pulmón, entre otras dolencias.

    Respirar aire contaminado causa el mismo daño a los pulmones que fumar cigarrillos

    Un estudio realizado por tres universidades de EEUU (Columbia, Washington y Buffalo) y publicado en la revista científica JAMA (Journal of the American Medical Association) en 2019, ha concluido que la contaminación del aire se relaciona con el desarrollo de enfisema pulmonar. Según este estudio, exponerse a altos niveles de contaminación del aire, especialmente la provocada por el ozono a nivel del suelo, puede acelerar la progresión del enfisema pulmonar tanto como fumar una cajetilla de cigarros al día.

    Esta conclusión es resultado de una investigación de 18 años en la que participaron más de 7.000 personas. Los participantes, que tenían entre 45 y 84 años de edad, fueron estudiados durante una media de 10 años y estaban sanos al comienzo del estudio. La investigación analizó los niveles de cuatro contaminantes (partículas finas en suspensión, óxido de nitrógeno, carbono negro y ozono a nivel del suelo) en el domicilio de cada participante, y posteriormente se usaron tomografías computarizadas para descubrir conexiones entre los contaminantes del aire y el desarrollo del enfisema.

    Tras analizar los resultados, los investigadores demostraron una asociación entre los contaminantes atmosféricos y el desarrollo de enfisema, siendo el ozono a nivel del suelo el que presentó una mayor conexión. El doctor R. Graham Barr, autor principal del artículo, explicó en CNN que “el aumento en el enfisema que observamos fue relativamente grande, similar a uno pulmonar causado por 29 años de fumar y 3 años de envejecimiento”.

    Estos hallazgos pueden ayudar a explicar por qué el enfisema es relativamente común en los no fumadores.

     

     

    Otros efectos de la contaminación atmosférica en la salud

    La contaminación atmosférica afecta de distintas formas a diferentes grupos de personas. Los efectos más graves, según la OMS, se producen en las personas que ya están enfermas. Asimismo, los grupos más vulnerables, como niños y ancianos, son más susceptibles a los efectos nocivos de este fenómeno. La exposición a corto y largo plazo a la contaminación atmosférica:

    • Aumenta los episodios trombóticos, pues facilita que se produzcan coágulos en la sangre, que pueden derivar en un infarto de miocardio o un ictus.
    • Incrementa la aparición y la gravedad de enfermedades respiratorias como el enfisema.
    • Aumenta el deterioro de la función pulmonar.
    • En personas aquejadas de asma, aumenta el riesgo de sufrir una crisis asmática los días en que las concentraciones de ozono a nivel del suelo son más elevadas.
    • Daña los riñones, ya que ellos son los encargados de filtrar la sangre y retener las sustancias tóxicas. Si se acumulan en exceso, se puede dificultar su función.
    • Aumenta el riesgo de padecer hipertensión.
    • Provoca sequedad en el ojo, ya que es un órgano muy sensible al ambiente que le rodea.
    • Es un factor de riesgo de sufrir cáncer, no sólo de pulmón, sino también de riñón, vejiga, colon y recto.
    • Puede provocar dolor de cabeza y ansiedad.
    • Daña la memoria: respirar aire contaminado puede favorecer la oxidación de las células del cerebro, aumentando el riesgo de desarrollar alzheimer según una investigación de la Universidad de Lancaster.
    • Afecta al feto durante el embarazo: las partículas más finas del aire contaminado pasan de los pulmones a la sangre y pueden atravesar la placenta y llegar al feto, afectando negativamente a su crecimiento.