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  • Acantosis pigmentaria: síntomas, causas y tratamiento

    Qué es la acantosis pigmentaria

    La acantosis pigmentaria (o acantosis nigricans) es un trastorno de la piel que causa la aparición de parches oscuros aterciopelados con cambios de color en los pliegues y partes flexibles del cuerpo. La zona afectada por el trastorno también puede sufrir un engrosamiento de la piel. Mayoritariamente la acantosis pigmentaria aparece en las axilas, las ingles y la parte posterior del cuello.

    Causas

    La acantosis pigmentaria se asocia con varias causas, entre ellas:

    • Trastornos hormonales: este trastorno de la piel aparece a menudo en personas con hipotiroidismo, quistes ováricos, problemas con las glándulas suprarrenales o enfermedad de Addison (causada por la deficiencia de hormonas de la glándula adrenal), así como en pacientes que están en terapias con hormona del crecimiento.
    • Resistencia a la insulina: muchas personas con acantosis pigmentaria se han vuelto resistentes a la insulina, hormona secretada por el páncreas que permite que el cuerpo procese el azúcar. Esta resistencia es la que causa la diabetes de tipo 2. Por ello la acantosis puede aparecer en personas con diabetes y aumenta el riesgo de padecer esta enfermedad.
    • Consumo de determinados medicamentos o suplementos: dosis altas de píldoras anticonceptivas, niacina y corticosteroides pueden causar acantosis pigmentaria.
    • Cáncer: en raras ocasiones la acantosis puede ser un signo de la aparición de un tumor en algún órgano interno, como el estómago, el hígado o el colon.

    Asimismo, son factores de riesgo de la aparición de la acantosis pigmentaria:

    • La obesidad (a mayor peso, mayor riesgo)
    • La existencia de antecedentes familiares con acantosis.
    • La raza (es más común en personas con piel más oscura).

    Síntomas

    El único síntoma de la acantosis pigmentaria son los cambios de la piel, que se vuelve oscura, espesa y aterciopelada. Esto ocurre en los pliegues y arrugas del cuerpo, generalmente ingles, axilas y parte posterior del cuello. Habitualmente los cambios aparecen de forma lenta y también pueden afectar a la boca, los dedos, los codos, el ombligo, la cara o la zona de los pezones. La piel con acantosis también puede tener olor o escocer.

    Tratamiento

    Un médico especialista puede diagnosticar la acantosis pigmentaria observando la piel. Para determinar la causa de la misma, el médico realizará diversas preguntas al paciente, entre ellas si ingiere ciertos medicamentos o si tiene diabetes o síndrome de ovario poliquístico. Si la causa de la acantosis no es conocida es probable que sea necesario realizar diversas pruebas (análisis de sangre, radiografías…) para averiguarla.

    No existe un tratamiento específico para la acantosis pigmentaria. Tratar los trastornos que están provocando la acantosis puede devolver parte del color y la textura a las zonas de piel afectadas. Se puede, por ejemplo, bajar de peso, quitar un tumor canceroso mediante cirugía o suspender la ingesta de los medicamentos que provoquen este trastorno de la piel.

    En el caso de que las lesiones sean incómodas o empiecen a tener mal olor, el médico puede recetar cremas para aclarar o suavizar los parches, jabones antibacterianos, antibióticos tópicos y medicamentos orales. Es importante no usar cualquier producto y seguir las indicaciones del especialista, ya que algunos pueden irritar la piel con acantosis. Asimismo, se puede usar la terapia láser para tratar la piel gruesa.

    Lo mejor siempre es mantener un peso saludable, siguiendo una dieta equilibrada y haciendo ejercicio físico. Varios estudios demuestran que comer bien y hacer deporte puede ayudar a reducir, e incluso prevenir, la acantosis pigmentaria.

  • Alergia y polen: síntomas, pruebas y consejos para vivir

    Alergia y polen

    Con la llegada del mes de marzo comienza la temporada clave para las alergias. El polen es uno de los principales causantes pero no el único de las múltiples reacciones que puede padecer nuestro organismo. Una alergia es la reacción del sistema inmunitario hacia algo que no molesta a la mayoría de las demás personas, pero sí a ti. Quienes padecen una alergia suelen ser personas más sensibles a alguna sustancia como los ácaros de polvo, esporas de moho, caspa de animales, alimentos, picaduras de insectos, medicinas o el polen. 

    Con asiduidad el sistema inmunitario combate los gérmenes, pero en la mayoría de reacciones alérgicas responde a una falsa alarma. La genética y el medio ambiente pueden tener un papel relevante en la generación de alergias.  

    En lo que respecta al polen, cabe destacar que son granos minúsculos que contienen células espermáticas, producidos por el aparato reproductor masculino de las flores. Una sola planta llega a producir miles de granos de polen que contemplamos como polvo amarillo en las flores y que es imperceptible en el aire. No son las semillas con vellosidad que observamos en el aire. 

    El polen fue uno de los primeros alérgenos en descubrirse y su sintomatología se denominó ‘fiebre del heno’. La alergia al polen se percibe como una reacción nociva a algo que no lo es. El contacto pone en marcha una respuesta inmunológica exagerada que se manifiesta en distintos órganos del cuerpo y que tiene un marcado carácter estacional.  Los pólenes cuando absorben humedad aumentan de tamaño y se convierten en granos tan pesados difíciles de transportar por el aire. Por ello, a la persona que es alérgica al polen los días de lluvia le favorecen y los de viento terral les perjudican

    Causas y síntomas alergia al polen

    Los granos de polen son los alérgenos que producen más síntomas alérgicos. Son partículas microscópicas de plantas que causan esa alergia al polen y se diferencian en tres tipos: gramíneas, árboles y malezas. Como norma general los árboles polinizan desde febrero hasta abril, las gramíneas en mayo y junio y las malezas desde abril o mayo a septiembre.  

    Está considerado que a partir de 50 granos de polen por metro cúbico se pueden producir manifestaciones de síntomas alérgicos. Los pólenes más frecuentes que causan la reconocida como rinitis alérgica son el abedul, el álamo, olmo, roble, olivo, chopo, gramíneas y arbustos. El polen de la hierba aparece preferentemente en verano y es más propenso a causar alergia al pesar muy poco. Es fácilmente transportable por el viento.  Sin embargo, el polen de la mayor parte de los árboles que aparece preferentemente en primavera es más pesado, sedimenta con rapidez y se tiene que estar muy cerca del árbol para inhalarlo. 

    Los síntomas de la alergia al polen pueden ser leves y de corta duración exponiéndose como molestias nasales o cuadros más severos como afectación ocular y respiratoria. La rinoconjuntivitis se caracteriza por ataques de rinorrea, con goteo nasal acuoso, con intenso escozor de la mucosa nasal que provoca congestión nasal y acceso paroxísticos de estornudos.   

    Además, suele acompañarse de conjuntivitis con intenso lagrimeo, escozor, molestias con la luz y enrojecimiento del ojo. Si el cuadro se agrava puede incluso manifestarse como asma bronquial con pitidos al respirar, tos y dificultad respiratoria.  Una complicación que podría ser mortal es el conocido como choque anafiláctico

    Pruebas

    Con el fin de detectar una alergia al polen o a otros alérgenos se realizan pruebas analíticas en sangre que pretenden medir la cantidad de anticuerpos IgE. Una pequeña cantidad en el organismo es normal, pero si los marcadores se disparan pudiéramos estar ante una alergia. Esta prueba se conoce como prueba de alergia IgE o como inmunoglobulina E, entre otros nombres. 

    La prueba puede ser general para valorar el número de anticuerpos de este tipo en sangre o bien específica para medir el nivel en respuesta a alérgenos específicos. Se toma una muestra de sangre de una vena con una aguja pequeña, se extrae en un tubo de ensayo y se analiza bien general o bien específica con el tratamiento ante distintos alérgenos. El número de anticuerpos según el alérgeno sometido pudiera o no determinar la existencia de una alergia al polen o a cualquier otro. 

    Consejos

    Si usted es alérgico al polen debe saber cómo se comporta este para adaptar nuestra conducta. Por ejemplo, solo se libera durante el día, por tanto, por la noche disminuye la concentración. En los días de mayor calor y secos se concentra más, especialmente si vienen tras una lluvia. Por todo ello resulta especialmente importante estar al tanto de los marcadores de polen. 

    Entre los consejos para combatir las alergias destacamos los siguientes: 

    • Utiliza gafas de sol. 
    • Higiene extrema en manos y cara. 
    • Evitar contacto con plantas. 
    • Evitar utilizar bicicletas o motos. 
    • Viajar con ventanillas cerradas. 
    • Utilizar filtros de polen. 
    • Utilizar aspirador para la limpieza del hogar. 
    • Mantén la vivienda cerrada. 
    • Decantarse por un destino playero antes que por uno forestal. 
    • Seguir la medicación prescrita por su especialista. 

    *NOTA: Este artículo tiene una finalidad informativo- divulgativa. Siempre ha de ser un médico especialista el que determine los procesos de diagnosis, tratamiento y terapias complementarias que estime. Si cree que puede estar enfermo acuda a su centro de salud o a un especialista colegiado, bajo ningún concepto se automedique o tome decisiones relativas a su salud en virtud de lo leído aquí o en cualquier otro sitio web.

    FUENTES: 

    "Sobre la alergia", MedlinePlus, Portal de Información de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos 

    "Causas y síntomas de la alergia al polen", Clínica Universidad de Navarra

    "Pruebas de laboratorio para detectar alergias",  MedlinePlus, Portal de Información de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. 

    "Cómo afrontar la alergia al polen", Laboratorios KernPharma 

     

  • Cómo aliviar y prevenir los ataques de migraña

    Los ataques de migraña provocan en quien los sufre un intenso dolor que puede dificultar la realización de actividades cotidianas durante varias horas. Para aliviarlos y prevenirlos, además de recurrir a ciertos fármacos, se pueden realizar algunos cambios en el estilo de vida.

    Qué es la migraña

    Según explica la Asociación Española de Migraña y Cefalea (AEMICE) la migraña es “un desorden neurológico que se manifiesta en un dolor de cabeza intenso o grave”. Este dolor afecta a la parte frontal o a toda la zona del cráneo y se presenta en forma de ataques que pueden durar desde cuatro a 72 horas.

    Aunque no se conoce exactamente el origen de la migraña, parece tener relación con la genética y con ciertos factores ambientales. Entre los agentes que pueden desencadenar un ataque de migraña están: los cambios hormonales, la deshidratación, tomar bebidas alcohólicas o café, el estrés y la depresión, estímulos sensoriales potentes como luces brillantes u olores fuertes, cambios en el sueño, esfuerzo físico intenso, cambios climáticos, ingesta de ciertos medicamentos y consumo de alimentos con tiramina, nitritos, aspartamo o glutamato monosódico.

    Síntomas de la migraña

    Los principales síntomas de un ataque de migraña son:

    • Dolor que generalmente aparece en un lado de la cabeza, aunque puede expandirse por toda la cabeza. Este dolor es gradual, ya que comienza de forma leve y aumenta a medida que pasan las horas.
    • En ocasiones es un dolor que palpita o late.
    • Sensibilidad a la luz, al sonido y, en ocasiones, al olfato y el tacto. De hecho, la luz, el ruido y los movimientos suelen empeorar el dolor.
    • Náuseas y vómitos.

    En algunas ocasiones los síntomas principales de la migraña van acompañados de otros (aura) que pueden afectar a diferentes sentidos, principalmente la vista. Estos síntomas suelen ser previos al dolor aunque a veces también suceden durante y después del mismo. Algunos ejemplos de aura de migraña son:

    • Visualización de formas, puntos brillantes o destellos de luz.
    • Pérdida de visión.
    • Entumecimiento o debilidad en el rostro o un lado del cuerpo.
    • Dificultad para hablar.
    • Sensaciones de hormigueo en un brazo o una pierna.
    • Sensación de oír ruidos o música.
    • Movimientos incontrolables.

    Cómo aliviar los ataques de migraña

    Los ataques de migraña pueden ser tan intensos que dificultan la realización de actividades cotidianas. Para disminuir el dolor el médico puede recetar diferentes fármacos como analgésicos, triptanos y AINES (antinflamatorios no esteroideos), así como medicamentos contra las náuseas. Estos fármacos actúan mejor cuando se toman ante el primer síntoma de migraña.

    Además de tomar los medicamentos recetados por el médico, es recomendable seguir estos consejos:

    • Descansar en una habitación tranquila y oscura. Hay que evitar los estímulos que provocan la crisis o son molestos, como la luz o el movimiento.
    • Intentar dormir.
    • Respirar lenta y profundamente, concentrándose en cómo el aire entra y sale del cuerpo.
    • Colocar un paño frío sobre la cabeza.
    • No fumar ni tomar bebidas con cafeína ni alcohólicas.

    Cómo prevenir la migraña

    No todos los ataques de migraña se pueden prevenir. Sin embargo, puede resultar útil aprender a reconocer los desencadenantes de los ataques (ciertas comidas, luces, medicamentos…). Para identificarlos se puede elaborar un diario en el que se apunte qué días se produjeron las crisis, lo que se comió y bebió el día anterior, cuánto se durmió, qué estaba haciendo cuándo apareció el dolor, cuánto tiempo duró éste y cómo se alivió. Con esta información el médico puede ayudar al paciente a identificar los desencadenantes y, consecuentemente, a evitarlos.

    Asimismo, es posible realizar algunos cambios en el estilo de vida para evitar la migraña:

    • Mantener horarios regulares del sueño, intentando dormir siete u ocho horas al día. Dichos horarios se deben mantener también los fines de semana. Antes de dormir es conveniente realizar actividades relajantes para mejorar la calidad del sueño, como escuchar música suave o tomar un baño caliente.
    • Cuidar especialmente la alimentación: las personas con migraña deben evitar alimentos que puedan desencadenar las crisis, como chocolate, las comidas procesadas, el queso curado o el vino. Asimismo, es importante establecer una rutina para comer siempre a la misma hora y en cantidades parecidas.
    • Evitar el estrés y la ansiedad. Para manejarlos se pueden aprender técnicas de meditación o yoga.
    • Dejar de fumar y beber alcohol.
    • Hacer ejercicio de manera regular.
    • Disminuir paulatinamente la cantidad de cafeína consumida.
    • Usar gafas de sol si la luz favorece los ataques.

    Por otro lado, si las migrañas son muy frecuentes e intensas, el médico puede recomendar medicamentos preventivos, cuyo objetivo es reducir tanto la frecuencia de los ataques como su gravedad y duración. Algunos de los medicamentos que se pueden recetar son: fármacos para reducir la tensión arterial, betabloqueantes, neuromoduladores, anticonvulsivos, antidepresivos, calcioantagonistas y anticuerpos monoclonales. También se puede recurrir a la inyección de toxina botulínica A para los casos de migraña crónica.

  • Conjuntivitis: tipos, síntomas, tratamiento y prevención

    La conjuntivitis (también denominada ojo rosado) es una inflamación muy común que puede tener su origen en un virus, bacteria, alérgeno o agente irritante. Si bien los síntomas son similares en todos los casos, el tratamiento de la misma dependerá de su causa.

    Qué es la conjuntivitis

    La conjuntivitis u ojo rosado es una inflamación de la conjuntiva, la membrana fina transparente que recubre el interior del párpado y la parte blanca del globo ocular. Al inflamarse, los vasos sanguíneos de la conjuntiva se hacen más visibles, provocando que la parte blanca del ojo se torne de color rosa o rojizo. 

    Tipos de conjuntivitis

    En función de su causa la conjuntivitis puede ser:

    • Vírica: su origen es un virus como, por ejemplo, el del resfriado. Es muy contagiosa.
    • Bacteriana: provocada por la acumulación de bacterias en el ojo que pueden proceder de una infección producida en otra zona del organismo. Puede causar daños en el ojo si no se trata correctamente. Al igual que la vírica, es muy contagiosa.
    • Alérgica: es la reacción del cuerpo a alérgenos como el polen, los ácaros o el pelo de los animales. No es contagiosa. Puede ser estacional u aparecer durante todo el año, dependiendo del alérgeno que la provoque. Por ejemplo, en personas con alergias al polen solo aparecerá cuando los niveles del mismo son altos, mientras que la alergia a los ácaros puede causar ojo rosado todo el año.

    La conjuntivitis también puede estar causada por la irritación provocada por un cuerpo extraño en el ojo o por el contacto con sustancias químicas, gases, humo o polvo.

    Síntomas

    Aunque pueden variar ligeramente según la causa de la conjuntivitis, generalmente los síntomas de esta inflamación son los siguientes:

    • Ojos rojos.
    • Picazón.
    • Sensación de tener un cuerpo extraño dentro del ojo.
    • Aumento de la frecuencia de lagrimeo.
    • Sensibilidad a la luz.
    • Incremento de las legañas al despertarse.
    • Secreción en uno o ambos ojos que forma una costra durante la noche, la cual puede impedir que se abran por la mañana.
    • Hinchazón en los párpados.

    Tratamiento

    El tratamiento de la conjuntivitis suele enfocarse al alivio de los síntomas. El médico puede recomendar el uso de lágrimas artificiales, la limpieza de los párpados con un paño húmedo y la aplicación de compresas frías o tibias varias veces al día. Asimismo indicará que no se deben utilizar lentillas ni maquillaje durante la infección.

    En el caso de la conjuntivitis vírica, la infección generalmente desaparece sola en un plazo de dos semanas sin necesidad de tratamiento ni consecuencias a largo plazo. Si está provocada por el virus del herpes simple o de la varicela-zóster, el médico puede recetar algunos medicamentos antivirales. Si la conjuntivitis es bacteriana muchas veces tampoco es necesario un tratamiento farmacológico. No obstante, para casos graves o para personas con sistema inmunitario debilitado se suelen recetar antibióticos en gotas o pomada.

    En cuanto a la conjuntivitis alérgica, generalmente mejora cuando se elimina el alérgeno del ambiente de la persona. En algunos casos también pueden recetarse medicamentos para la alergia y ciertas gotas para aliviar los síntomas.

    Prevención de la conjuntivitis

    La conjuntivitis causada por virus o bacterias es bastante contagiosa y se puede transmitir al compartir una toalla, almohada, sábana… Además, en el caso de los virus, son capaces de sobrevivir varias semanas en superficies secas. Por todo ello es importante tomar una serie de medidas para prevenir el contagio:

    • No compartir elementos de higiene personal como toallas o pañuelos.
    • No tocar o frotarse los ojos.
    • Lavarse las manos con frecuencia.
    • No compartir productos cosméticos para los ojos.
    • Cubrirse la nariz y la boca al estornudar o toser.
    • Limpiar las superficies de los objetos que se puedan compartir, como los teléfonos.
    • Utilizar gafas de natación en la piscina o el mar.

    En el caso de las personas que ya tienen conjuntivitis, para evitar su contagio al otro ojo o a otras personas deben también:

    • No usar el mismo frasco de gotas para el ojo infectado y el no infectado.
    • Limpiar las gafas con cuidado de no contaminar los artículos compartidos con otras personas.
    • Lavar frecuentemente las fundas de las almohadas, las sábanas, los paños y las toallas en agua caliente y detergente.
    • No ir a la piscina.
    • No compartir artículos personales como toallitas, almohadas, gotas para los ojos o estuches para las lentes de contacto.
    • Tirar todo el maquillaje para ojos y las lentillas desechables utilizadas mientras duraba la infección. Si las lentillas son de larga duración habrá que desinfectarlas.
  • Consejos para prevenir el síndrome visual informático

    La proliferación de las pantallas (ordenadores, móviles, tabletas…) provoca que la mayoría de las personas tengan que pasar varias horas al día fijando su vista en ellas, bien por trabajo o bien por placer. Al mirar estas pantallas los ojos hacen un gran trabajo de movimientos, cambios de enfoque y vergencias. Este sobreesfuerzo puede provocar la aparición del síndrome visual informático y sus síntomas.

    Qué es el síndrome visual informático

    La Asociación Americana de Optometría define el síndrome visual informático como “complejo de problemas oculares y visuales relacionados con el trabajo de cerca, experimentado durante o relacionado con el uso del ordenador”. No obstante, hoy en día los usuarios tienen a su disposición multitud de dispositivos electrónicos, por lo que este trastorno de la vista también puede estar provocado por el sobreesfuerzo que hacen los ojos al usar de forma prolongada tabletas, consolas, teléfonos móviles…

    Según algunos estudios, este síndrome afecta a alrededor del 90 por ciento de las personas que usan el ordenador más de tres horas seguidas al día. El Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas señala que el síndrome se produce “porque los ojos trabajan con más intensidad delante de una pantalla que frente a una página de un libro o revista, debido a factores como la definición de los caracteres, el reducido nivel de contraste, la presencia de deslumbramientos y reflejos en el monitor, las distancias y ángulos de trabajo, etc.”.

    Síntomas del síndrome visual informático

    Según explica la web somostuoptimetrista.com, del Colegio Oficial de Ópticos-Optometristas de Andalucía, los síntomas del síndrome visual informático son:

    • Fatiga visual.
    • Cefalea o dolor de cabeza que suele localizarse en la zona frontal, supra-orbital o parietal.
    • Confusión visual.
    • Sequedad, picor o ardor ocular.
    • Enrojecimiento ocular o hiperemia.
    • Visión borrosa de lejos.
    • Visión borrosa de cerca.
    • Dislopía o visión doble: se suele presentar de forma puntual.
    • Mareos.
    • Síntomas óseo-musculares: dolor de espalda, hombros, cuello, muñecas y manos. Se producen al adoptar una postura inadecuada o rígida.
    • Fotofobia: hipersensibilidad ocular a la luz que suele ir asociada a dolores de cabeza o migrañas.

    Estos síntomas pueden manifestarse sólo durante las horas de uso o permanecer después de ellas, reduciendo la salud visual del usuario.

    Prevención del síndrome visual informático

    Para que el tiempo delante de la pantalla no acabe afectando al bienestar visual es recomendable:

    • Parpadear regularmente para evitar la sequedad ocular. Habitualmente los seres humanos parpadeamos entre 18 y 25 veces por minuto, pero varios estudios han demostrado que se parpadea la mitad cuando se utilizan las pantallas.
    • Utilizar un humidificador o gotas humectantes para mantener el ojo hidratado si es necesario.
    • Seguir la regla 20-20-20: si hay que pasar muchas horas frente al ordenador, los especialistas aconsejan realizar descansos de 20 segundos cada 20 minutos para mirar a 6 metros de distancia (20 pies). De esta manera se alterna la distancia focal. También se pueden mantener los ojos cerrados 20 segundos cada cierto tiempo para descansar la vista.
    • Trabajar con una buena iluminación, mejor aún si es natural. Nunca se debe usar una pantalla a oscuras.
    • Situarse a una distancia de 60 centímetros de la pantalla (aproximadamente la longitud de un brazo).
    • Ajustar la resolución y el contraste del monitor: cuanto más clara sea la imagen, más confort visual habrá. El brillo del monitor no debe ser ni demasiado intenso ni demasiado tenue.
    • Graduar la altura de la pantalla: debe quedar a la altura de los ojos.
    • Limpiar las huellas y el polvo de la pantalla, ya que pueden reducir la claridad de la imagen.
    • Evitar los deslumbramientos y reflejos: se pueden reducir mediante cortinas, luces ambientales más tenues y filtros de reducción del deslumbramiento. Para eliminar brillos es conveniente eliminar fuentes de luz que se encuentren en la zona periférica y posicionar el monitor de forma perpendicular a las ventanas o fuentes de luz.
    • Usar lentes con tratamiento antirreflejante y filtro azul.
    • Acudir a revisiones periódicas para asegurarse de que la prescripción de las gafas y lentes de contacto es la correcta. Es recomendable pedir al óptico que adapte las gafas específicamente para el trabajo frente al ordenador.
  • Consejos para prevenir los síntomas de la alergia al polen

    La llegada de la primavera provoca en algunas personas síntomas como tos, estornudos o congestión. La causa de dichos síntomas no es otra que la polinosis (alergia al polen), que se manifiesta sobre todo en esta época del año. Para disminuir las molestias que provoca el polen en los alérgicos es recomendable tomar algunas precauciones.

    Síntomas de la alergia al polen

    Los síntomas más comunes de la polinosis son:

    • Rinitis alérgica o inflamación de la mucosa nasal, que causa congestión, goteo nasal, estornudos y picor.
    • Lagrimeo, picor y enrojecimiento ocular si se produce una inflamación de los ojos (conjuntivitis).
    • Picor en garganta, paladar y oídos.
    • Si la inflamación afecta a los pulmones puede aparecer tos, dificultad para respirar, sensación de opresión torácica y pitidos, el llamado asma polínico.

    Cómo prevenir los síntomas de la polinosis

    Si bien no es posible prevenir la aparición de la polinosis, sí se pueden tomar algunas medidas para evitar la inhalación del polen y los consecuentes síntomas:

    • Conocer la época de polinización de la planta causante de la alergia: ya que cada especie de planta tiene un periodo de polinización que no varía de un año a otro, es posible saber en qué meses tendrán lugar los síntomas de la alergia. De esta manera se podrán extremar las precauciones. También es conveniente estar atento a la información sobre el recuento diario de pólenes. Se puede consultar por ejemplo en la web de la SEAIC (Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica).
    • Evitar las actividades al aire libre entre las 5.00 y las 10.00(horas de emisión de los pólenes) y de 19.00 a 22.00 horas (descenso de pólenes desde la atmósfera).
    • Mantener las ventanas cerradas por la noche para impedir que entre el polen en el hogar. Si hace calor, es mejor usar aire acondicionado con filtro.
    • Ventilar la casa a mediodía, momento en el que hay menos emisión de pólenes a la atmósfera.
    • No colgar las sábanas ni la ropa a secar al aire libre, ya que el polen se puede acumular en ellas.
    • Irse de vacaciones a una zona con menos polen, como la playa, durante el periodo de mayor concentración de partículas en el aire.
    • Mantener las ventanillas del automóvil cerradas. Es recomendable también que el aire acondicionado tenga un filtro antipolen.
    • Permanecer el mayor tiempo posible en interiores cuando el recuento de pólenes sea alto, especialmente en días ventosos y tras tormentas. Hay que evitar las salidas al campo y las actividades al aire libre.
    • No cortar el césped, ya que esto agita el polen. Tampoco es recomendable ponerse cerca del mismo cuando esté recién cortado.
    • Ducharse y cambiarse de ropa al llegar de la calle.
    • Extremar la higiene de manos y cara.
    • Al salir de casa, proteger los ojos con gafas de sol y usar mascarilla los días de alta polinización.
    • Limpiar frecuentemente la vivienda usando bayetas húmedas y aspiradores en lugar de escobas, ya que éstas remueven las partículas.
    • No realizar ejercicio físico intenso en época de polinización para evitar episodios de asma.

    Asimismo es recomendable tomar los medicamentos recetados por el médico en las dosis recomendadas y de forma regular.

    Tratamiento sintomático de la polinosis

    El tratamiento sintomático de la polinosis consiste en recetar al paciente una serie de medicamentos para hacer desaparecer o reducir la intensidad de los síntomas de la alergia. En función de los síntomas que presente cada persona, se pueden recetar uno o varios medicamentos: antihistamínicos y corticoides para tratar los síntomas rinoconjuntivales o cutáneos (en pastillas, gotas, cremas…) y broncodilatadores o corticoides inhalados para tratar los síntomas asmáticos.

    No obstante, estos medicamentos no curan la alergia, sino que lo que hacen es disminuir los síntomas para que no sean molestos. El único tratamiento curativo de la alergia es la vacuna. Esta inmunoterapia consiste en administrar repetidamente uno o varios pólenes en dosis crecientes para conseguir la tolerancia a los mismos y evitar síntomas en las siguientes exposiciones. En función de los pólenes a los que tenga alergia el paciente y su sensibilidad, el médico decidirá cómo administrarla.

  • Depresión grave: síntomas, tipos y causas

    Si bien es habitual sentirse triste o decaído de vez en cuando, un estado de ánimo constante de angustia que afecta a las actividades cotidianas puede ser síntoma de depresión.

    Qué es la depresión

    La depresión, también denominada ‘depresión clínica’ o ‘trastorno depresivo mayor’, es un trastorno emocional que causa síntomas de angustia o tristeza constantes y pérdida de interés por realizar diferentes actividades. Este trastorno afecta a cómo la persona se siente, piensa y se comporta y puede causar diferentes problemas físicos y emocionales. Como consecuencia, es posible que la persona tenga problemas para coordina las actividades diarias como dormir, comer o trabajar e incluso que, a veces, sienta que no merece la pena vivir.

    De forma sencilla, la depresión se puede clasificar en 3 tipos:

    • Depresión grave o mayor: cuando se sufren los síntomas de depresión durante la mayor parte del día, todos los días durante al menos dos semanas. Asimismo estos síntomas interfieren en el trabajo y la capacidad para dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida. Suele tener un origen más biológico, con mayor componente genético y menor influencia de factores externos.
    • Depresión reactiva: causada por una mala adaptación a circunstancias ambientales estresantes.
    • Trastorno depresivo persistente (distimia): cuando los síntomas de depresión duran al menos dos años y no hay periodos asintomáticos. Las personas que lo sufren pueden tener episodios de depresión mayor con otros de síntomas menos graves. La intensidad de los síntomas es menor que en la grave y no se presenta anhedonia. Parece guardar más relación con la forma de ser y el estrés prolongado.

    Asimismo existen otras formas de depresión que surgen en circunstancias concretas como:

    • Trastorno afectivo estacional: es una depresión asociada al vaivén de las estaciones. Generalmente comienza a finales de otoño o principios de invierno y desaparece en primavera y verano.
    • Depresión perinatal: la sufren las mujeres durante el embarazo o después del parto (depresión posparto).
    • Trastorno disfórico menstrual: síntomas depresivos que ocurren una semana antes de empezar la menstruación y que desaparecen después de ésta.
    • Depresión psicótica: ocurre cuando una persona tiene depresión grave además de alguna forma de psicosis.

    La depresión grave o mayor

    La depresión grave o mayor se caracteriza por la aparición de uno o varios episodios depresivos de al menos dos semanas de duración. Durante estos episodios, la persona no sólo está ‘triste’ sino que tiende a mostrar una falta extrema de iniciativa para hacer cualquier cosa, así como incapacidad para estar alegre y sentir placer (anhedonia). También experimenta otros problemas tanto físicos como psicológicos que dañan su calidad de vida.

    La depresión grave suele ter su inicio en la adolescencia o la adultez joven. El individuo que la padece puede alternar fases de estado de ánimo normal con fases depresivas.

    Causas

    La depresión mayor puede estar causada por diferentes factores. Se produce generalmente por la interacción de factores biológicos con factores psicosociales y de personalidad.

    Entre los factores de riesgo de la depresión grave están: los antecedentes familiares de depresión, el estrés intenso, haber sufrido un trauma o maltrato, la pérdida de un ser querido, ciertos rasgos de personalidad (como el autoestima baja o el pesimismo), los problemas económicos, el abuso de alcohol o drogas, enfermedades crónicas o la pérdida de una relación afectiva.

    Síntomas de la depresión grave

    • Sentimientos persistentes de tristeza.
    • Pérdida de interés en las actividades que antes eran gratificantes.
    • Insomnio o hipersomnia.
    • Baja autoestima.
    • Sensación de ineptitud.
    • Deseos de morir.
    • Fatiga o pérdida de energía.
    • Problemas de concentración y de toma de decisiones.
    • Sentimientos de culpabilidad.
    • Molestias físicas frecuentes (dolor de cabeza, estómago, fatiga).
    • Irritabilidad, hostilidad, agresión.
    • Para determinar que alguien padece depresión grave o mayor se deben manifestar varios de estos síntomas en un mismo periodo de dos semanas.

    Tipos

    Existen dos tipos de depresión mayor:

    • Con episodio único: solamente hay un acontecimiento depresivo en la vida del paciente.
    • Depresión mayor recidivante: los síntomas aparecen en dos o más episodios en la vida del paciente. La separación debe ser de al menos 2 meses sin presentar síntomas.

    Tratamientos

    Aquellas personas que padecen depresión grave diagnosticada por un médico pueden someterse a un tratamiento con medicamentos, psicoterapia o una combinación de ambas cosas. En caso de que el paciente no mejore con la medicación o exista un riesgo alto de cometer suicidio, se pueden utilizar también terapias electrocompulsivas.

    Lo más importante es que, una vez establecido, el paciente siga con el tratamiento impuesto hasta el final. Para ello es esencial el apoyo y la comprensión de los familiares y allegados.

  • Diferencias entre gripe y resfriado

    La gripe y el resfriado son dos enfermedades que se contagian con facilidad durante los meses de frío. Ya que algunos de sus síntomas son parecidos y ambas son provocadas por un virus, algunas personas los confunden, aunque en realidad son enfermedades diferentes. De hecho, mientras que el resfriado permite continuar con la vida cotidiana, la gripe puede incapacitar al paciente durante unos días. Estas son algunas de las diferencias que permiten identificar si se padece gripe o resfriado.

    Origen

    La gripe es una enfermedad respiratoria aguda causada por el virus ‘Influenza’, principalmente del tipo H1N1, aunque tiene la particularidad de modificarse cada cierto tiempo, lo que ocasiona que sus síntomas sean diferentes según la modificación. En cuanto al resfriado, existen más de 200 tipos de virus que lo provocan, muchos de ellos de la familia del rhinovirus y el coronavirus. Para prevenir el contagio de la gripe sí existe una vacuna pero, dado que el espectro de virus que provocan el resfriado es muy amplio, no es posible crear una vacuna contra él.

    Periodo de incubación

    El periodo de incubación del resfriado es de entre 48 y 72 horas, mientras que el de la gripe es de 18 a 36 horas. La gripe aparece súbitamente de un día para otro, mientras que el resfriado llega de forma gradual.

    Duración y complicaciones

    En el resfriado las complicaciones son menos frecuentes y la duración de los síntomas no suele ser mayor a una semana. La gripe puede durar entre una y dos semanas y dar lugar a complicaciones, especialmente en grupos de mayor riesgo.

    Diferencias en los síntomas

    La diferencia más visible entre ambas enfermedades es la intensidad de los síntomas. La gripe suele ser más intensa y debilitante, obligando al que la sufre a permanecer en reposo, mientras que el resfriado suele permitir continuar con la vida normal. Gripe y resfriado tienen algunos síntomas en común, aunque otros solo aparecen en alguna de las dos enfermedades:

    • Congestión nasal: el goteo y la congestión nasal es una de las principales características del resfriado, siendo abundante al inicio. Durante la gripe, sin embargo, no suele haber congestión.
    • Fiebre: es uno de los síntomas más reveladores de la gripe. Durante la gripe suele aparecer fiebre que, en algunos casos, es muy alta (38-40ºC) y se puede prolongar durante tres o cuatro días. En el resfriado la fiebre no suele aparecer y, si lo hace, el aumento de temperatura es de unas pocas décimas.
    • Estornudos: los estornudos son síntoma clásico del resfriado, mientras que en la gripe solo se producen ocasionalmente.
    • Tos: aparece en ambos casos, por lo que sólo se puede diferenciar por la mucosidad. En el resfriado la tos puede venir acompañada de mucosidad, mientras que en la gripe suele ser seca.
    • Picor de ojos: suele ser más habitual de las alergias, aunque también puede sufrirse durante el resfriado. En la gripe el picor de ojos aparece raramente.
    • Dolores musculares y articulares: en el resfriado pueden aparecer de forma leve y no en todos los casos, mientras que en la gripe sí están presentes y pueden ser bastante intensos.
    • Dolor de cabeza: con el resfriado sólo aparecen ocasionalmente, mientras que con la gripe es habitual sufrir dolores de cabeza intensos.
    • Dolor de garganta: es un síntoma propio del resfriado pero ocasional en la gripe.
    • Cansancio generalizado: en el resfriado suele ser moderado, pero en la gripe puede resultar intenso desde el principio de la enfermedad y durar unas tres semanas.

    Tratamiento

    Ya que ambas son enfermedades infecciosas causadas por virus no se administran antibióticos para curarlas. Durante la gripe o el resfriado se suelen recetar medicamentos para mejorar el estado general del paciente y aliviar los síntomas: antitérmicos para reducir la fiebre, analgésicos, antitusivos, mucolíticos… También se recomienda hidratarse bien y bañarse en agua tibia para bajar la fiebre elevada. Conocer los síntomas sufridos es esencial para que se puedan adquirir los medicamentos apropiados en la farmacia.

  • Fractura de cadera: causas, síntomas y tratamiento

    La fractura de alguno de los huesos de la cadera es cada vez más frecuente en personas de edad avanzada. Suele estar provocada por una caída o la osteoporosis y presenta síntomas como dolor, rigidez, hinchazón y una pierna más corta que otra. El tratamiento de esta fractura suele requerir cirugía y fisioterapia.

    Tipos de fractura de cadera

    Hay varios tipos de fractura de cadera según la localización de la misma:

    • Fractura del cuello del fémur: cuando la fractura está justo debajo de la parte de la articulación esférica de la cabeza del fémur. En este tipo de fractura el flujo sanguíneo no llega bien a la cabeza femoral y puede causar necrosis vascular.
    • Fractura intertrocantérica: cuando se produce en la región situada un poco más abajo de la articulación real de la cadera, en la parte superior del fémur que se proyecta hacia afuera. Es el tipo de fractura más común junto a la del cuello del fémur.
    • Fractura de la cabeza del fémur: a menudo se acompaña de una dislocación de la articulación de la cadera.
    • Fractura subtrocantérica: localizada debajo del trocánter menor.

    Causas de la fractura de cadera

    La fractura de cadera suele tener su origen en una caída o fuerte impacto, como el que se produce en un accidente de tráfico. En las personas mayores el riesgo de sufrir una fractura de cadera es mayor, no sólo porque son más propensas a tener una caída, sino también por la aparición de la osteoporosis (pérdida de densidad ósea). La desmineralización de los huesos incrementa su fragilidad, de manera que, ante un impacto que no tendría por qué causar un daño, pueden romperse. De hecho, si los huesos están muy débiles, simplemente girar estando de pie puede provocar la fractura.

    Además de la osteoporosis, los principales factores de riesgo de sufrir una fractura de cadera son: ser mujer, tener edad avanzada, haber sufrido una fractura ósea previa, tener una mayor tendencia a las caídas (p.ej. por no ver bien), tener un peso bajo, tomar medicamentos que favorecen el descenso de la masa ósea (como los corticoides), factores genéticos, enfermedades que fomentan el deterioro de la masa ósea (como la menopausia precoz) y la falta de actividad física..

    Síntomas de la fractura de cadera

    Los síntomas que pueden alertar de que existe una fractura de cadera son los siguientes:

    • Dolor fuerte en la cadera o ingle.
    • Rigidez, hinchazón y aparición de hematomas en la zona de la cadera.
    • Pierna más corta en el lado roto de la cadera e incapacidad para cargar peso en ella.
    • Giro hacia afuera de la pierna situada en el lado roto de la cadera.
    • Incapacidad para moverse después de una caída.

    Tratamiento para la fractura de cadera

    El tratamiento de la fractura de cadera consiste habitualmente en una combinación de cirugía, medicación y rehabilitación. La cirugía de reconstrucción de la cadera debe realizarse lo antes posible para que no empeore el pronóstico. Esta intervención puede ser principalmente de dos tipos:

    • Fijación de la fractura:se utilizan unos tornillos para mantener unido el hueso roto mientras la fractura se cura.
    • Reemplazo de la articulación de la cadera: consiste en sustituir parcial o totalmente la cadera con una prótesis. El médico puede recomendar este reemplazo si el suministro de sangre a la parte esférica de la articulación se dañó durante la fractura, algo que ocurre con mayor frecuencia en la fractura del cuello femoral.

    Actualmente, las técnicas quirúrgicas permiten que el paciente comience a caminar a los dos días de la intervención. No obstante, la recuperación es lenta y gradual y requiere de rehabilitación, que se debe comenzar lo antes posible. Un fisioterapeuta realizará ejercicios de amplitud de movimiento y fortalecimiento y dará instrucciones sobre cómo moverse y recuperar la independencia. Asimismo, puede recomendar el uso de andador, bastón o silla de ruedas durante el periodo de rehabilitación.

    Prevención

    Para prevenir una fractura de cadera es recomendable:

    • Realizar actividad física de forma regular para fortalecer los huesos y mejorar el equilibirio. En personas mayores se aconseja principalmente caminar.
    • Evitar el consumo de alcohol y tabaco.
    • Tomar suficiente calcio y vitamina D para mantener la densidad ósea y evitar la osteoporosis.
    • Aumentar la seguridad en el hogar, eliminando obstáculos que puedan provocar caídas.
    • Revisar la vista para reducir el riesgo de caída. Operar las cataratas, por ejemplo, disminuye las probabilidades de caerse.
    • Usar bastón o andador si falta estabilidad al caminar.

    Hay que tener especial cuidado si ya se ha padecido una fractura de cadera, ya que esto aumenta el riesgo de sufrir caídas y, consecuentemente, de tener otra fractura de cadera.

  • Gripe en el embarazo: síntomas, complicaciones y prevención

    La gripe se contagia con facilidad durante los meses de invierno por la debilidad del sistema inmunológico y la concentración de muchas personas en espacios cerrados. Si bien es una enfermedad molesta, para la mayoría de las personas no resulta peligrosa. Sin embargo, existen ciertos colectivos que corren el riesgo de sufrir complicaciones derivadas del virus de la gripe, como las personas mayores de 65 años o las que padecen enfermedades graves. Entre estos grupos de riesgo están las embarazadas.

    Síntomas de la gripe durante el embarazo

    Los síntomas de la gripe durante el embarazo son los mismos que para el resto de personas:

    • Tos.
    • Dolor de garganta.
    • Secreción nasal.
    • Fiebre alta.
    • Escalofríos.
    • Dolores corporales y fatiga.
    • Dolor de cabeza.

    Posibles complicaciones de la gripe durante el embarazo

    Las embarazadas se consideran un grupo de riesgo para el desarrollo de la infección por el virus de la gripe no sólo porque se contagian con más facilidad (debido a que su sistema inmunológico está debilitado) sino porque pueden sufrir complicaciones derivadas del mismo.

    Habitualmente los síntomas de la gripe desaparecen en una o dos semanas pero, en grupos de riesgo como las embarazadas, puede desencadenar sinusitis, otitis y especialmente enfermedades respiratorias. La complicación más frecuente en embarazadas es la neumonía, aunque en la mayoría de los casos el cuadro de esta enfermedad -si aparece- suele ser leve. De forma poco frecuente también pueden surgir complicaciones neurológicas.

    Además, según explica el Ministerio de Sanidad, la infección por el virus de la gripe durante el primer trimestre del embarazo se ha asociado a un aumento de malformaciones cardiacas, labio leporino y defectos del tubo neural. Durante el segundo y tercer trimestre la gripe se asocia a un mayor número de abortos y partos prematuros.

    Tratamiento de la gripe durante el embarazo

    Habitualmente el tratamiento de la gripe durante el embarazo solo precisa de tratamiento sintomático. Se pueden recetar antitérmicos que bajen la fiebre, antitusígenos y expectorantes para la tos y analgésicos como el Paracetamol, pero no antiinflamatorios tipo Ibuprofeno. La aplicación de antivirales deberá ser valorada por el médico en función de la afectación materna o la presencia de otros factores de riesgo. En cualquier caso, es la gestante la que debe decidir si iniciar o no el tratamiento a partir de la información aportada por el especialista. Además de esto, es importante guardar reposo y beber muchos líquidos, especialmente agua.

    Prevención: la importancia de la vacuna

    La mejor forma de prevenir las complicaciones de la gripe durante el embarazo es administrar la vacuna frente al virus. La vacunación está recomendada por el Ministerio de Sanidad para las embarazadas en cualquier trimestre de gestación, ya que proporciona un triple efecto: protección de la madre, protección del neonato y protección del lactante durante los primeros meses de vida.

    La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) recuerda que esta vacuna es segura durante la gestación y que aporta un claro beneficio tanto para la salud de la madre como del bebé. La SEE explica que la vacuna antigripal inactivada no contiene virus vivos por lo que no supone ningún riesgo.

    No obstante, la vacuna puede provocar pequeños efectos secundarios. El más frecuente es la aparición de dolor o escozor en la zona de la inyección, que desaparece en menos de 48 horas. En algunos casos también puede provocar cefalea, fiebre, dolor muscular y nauseas, aunque siempre más leves que durante la gripe.

    Además de recibir la vacuna, para prevenir la gripe las embarazadas deben:

    • Evitar compartir alimentos, utensilios o vasos con otras personas.
    • Evitar tocarse los ojos, la nariz y la garganta.
    • Lavarse las manos con frecuencia, usando jabón y agua tibia.
    • Abstenerse de establecer contacto directo con personas que estén infectadas por la gripe.
  • Guía básica de la disfunción eréctil

    La disfunción eréctil es una disfunción sexual que afecta de manera total o parcial a una elevada cantidad de hombres, especialmente a partir de los 40 años. Esta disfunción puede tener su origen en causas variadas, que determinan el tratamiento más apropiado para hacerle frente.

    Qué es la disfunción eréctil

    La disfunción eréctil es una disfunción sexual caracterizada por la incapacidad para lograr desarrollar una erección o mantenerla con una rigidez y tamaño satisfactorios. Si este problema es puntual no tiene que ser motivo de preocupación, pero si se repite durante varios meses es importante acudir al médico. La visita al especialista es necesaria no solo para solucionar la disfunción sino también para encontrar su origen, ya que puede ser síntoma de alguna enfermedad no diagnosticada que necesita tratamiento.

    Causas de la disfunción eréctil

    Ya que la excitación sexual masculina es un proceso que involucra al cerebro, las hormonas, las emociones, los nervios, los músculos y los vasos sanguíneos, la disfunción eréctil puede estar provocada por causas muy diversas:

    • Vasculares: cuando llega poca sangre al pene o no se retiene adecuadamente en los cuerpos cavernosos. Entre estas causas están la hipertensión, el colesterol alto y la ateroesclerosis, entre otras enfermedades cardiovasculares.
    • Neurológicas: cuando existen problemas de transmisión de las órdenes que el cerebro y la médula dan a los nervios erectores. Estos problemas los causan enfermedades como el Parkinson, la esclerosis múltiple o el infarto medular, y lesiones tras cirugías por cáncer de próstata, vejiga y recto.
    • Hormonales: cuando el organismo produce menos testosterona de la necesaria. Esto puede venir provocado por enfermedades hepáticas, tumores hipofisiarios, tratamientos hormonales y la enfermedad de Cushing, entre otras causas.
    • Psicológicas: depresión, ansiedad, miedo al embarazo o baja autoestima pueden impedir que se origine la respuesta sexual en el cerebro.
    • Farmacológicas: ciertos medicamentos, como los usados para la hipertensión y la depresión, pueden afectar a la disfunción eréctil.

    Además de por las causas englobadas en las anteriores categorías, la disfunción eréctil puede estar provocada por la enfermedad de Peyronie.

    Asimismo existen ciertos factores de riesgo que pueden contribuir a la disfunción eréctil: edad, sobrepeso, consumo de tabaco, tratamientos médicos como la cirugía de próstata o la radioterapia contra el cáncer, sedentarismo, trastornos afectivos, diabetes, lesiones en los nervios o arterias que controlan las erecciones y un consumo excesivo de alcohol y drogas.

    Síntomas de la disfunción eréctil

    Los síntomas de la disfunción eréctil pueden ser:

    • Problemas persistentes para desarrollar una erección. En ocasiones es posible que sí se produzcan erecciones espontáneas pero no cuando se quieren mantener relaciones sexuales con otra persona.
    • Problemas persistentes para mantener una erección con el tamaño y rigidez deseados.

    Asimismo, pueden surgir otros síntomas psicoafectivos derivados de la imposibilidad de mantener relaciones sexuales. Entre ellos, ansiedad, frustración, culpabilidad y evitación del acto sexual.

    Tratamiento de la disfunción eréctil

    Los tratamientos para hacer frente a la disfunción eréctil son variados:

    • Medicamentos: son eficaces para muchos pacientes. Principalmente se utilizan Sildefil (Viagra), Tadalafilo, Ananafilo y Vardenafilo, que tienen escasos efectos adversos si los receta un urólogo tras un diagnóstico adecuado. También se puede tratar con Aprostadil, un medicamento que se aplica con crema, se autoinyecta o se introduce mediante una cánula en la uretra antes del acto sexual.
    • Plasma rico en plaquetas: este tratamiento consiste en administrar mediante inyección subcutánea en el pene el plasma rico en plaquetas extraído de la sangre del propio paciente. Utiliza factores de crecimiento presentes de forma natural en las plaquetas para estimular la reparación del tejido, aumentando la circulación y el flujo de la sangre al pene. Sus resultados no son definitivos, por lo que se debe repetir pasados 12 o 18 meses.
    • Ondas de choque: son eficaces si el origen de la disfunción es un problema vascular. Las ondas de choque de baja energía estimulan la formación de nuevos vasos sanguíneos y potencian la relajación del endotelio vascular, mejorando la circulación. Este tratamiento es indoloro, no invasivo y curativo.
    • Bomba peniana: es un tubo hueco que se coloca sobre el pene para luego aspirar el aire que está dentro del tubo hacia fuera. Esto genera un vacío que permite que la sangre llegue al pene, creando una erección que se mantiene con un anillo de tensión.
    • Tratamiento psicológico: cuando la causa de la disfunción es un problema psicológico, un especialista en salud mental puede ayudar a encontrar el origen y a dar con la solución más adecuada, ofreciendo ejercicios y herramientas específicas para trabajar.
    • Prótesis de pene: es la colocación quirúrgica en el pene de unas barras flexibles que se accionan al presionar una perilla colocada en el interior de la zona inguinal. Generalmente no se recurre a la cirugía hasta que se han probado otros tratamientos, ya que conlleva riesgo de complicaciones.

    Elegir el tratamiento más adecuado dependerá de la causa y la gravedad de la disfunción eréctil. Asimismo, si la disfunción tiene su origen en una enfermedad, ésta también habrá que tratarla.

    Si necesita una consulta de urología, en Clínica Regenia cuentan con una unidad especializada en la que tratan problemas como la enfermedad de Peyronie o la disfunción eréctil. Para esta última utilizan el plasma rico en plaquetas además del tratamiento de ondas de choque. Si tiene más dudas sobre estos tratamientos o quiere asistir a una consulta de urología para una exploración, no dude en pedir cita y acudir a Clínica Regenia de Granada, ubicada en Avenida de la Constitución 20, o al centro de Jaén, en Plaza de la Constitución 12.

  • Mioma uterino: causas, síntomas y tratamiento

    Los miomas uterinos son masas tumorales de carácter benigno que crecen en el útero. Sus tamaños pueden ser variados y en ocasiones no presentan síntomas. En función de las molestias que provoquen y de las circunstancias de cada paciente, se pueden aplicar varios tratamientos distintos.

    Qué es el mioma uterino

    Los miomas o fibromas uterinos son masas tumorales de carácter benigno que crecen en la capa muscular del útero, normalmente durante los años fértiles. Habitualmente una paciente suele tener varios a la vez, aunque también puede desarrollar uno solo.El tamaño de los miomas varía mucho. Puede ser tan diminuto que resulte indetectable para el ojo o convertirse en una masa voluminosa que agrande el útero. A pesar del considerable tamaño de algunos, la gran mayoría de los miomas son benignos y sólo en contadas ocasiones dan lugar a cáncer.

    Los miomas pueden ser de 3 tipos en función de su ubicación:

    • Intramurales: el más común. Se encuentran en la parte central de la capa muscular del útero, el miometrio.
    • Subserosos: se forman bajo la capa más externa del útero y crecen hacia el exterior del mismo.
    • Submucosos: ubicados normalmente bajo el revestimiento interno de la pared uterina.

    Ocasionalmente estos tumores también pueden aparecer en el cuello uterino.

    Causas

    Los miomas no suelen aparecer antes de los 20 años y son más comunes conforme avanza la edad. Las causas de la aparición de los mismos no están del todo claras. No obstante, según se ha observado en algunas investigaciones, el crecimiento de los miomas está relacionado con el nivel de progesterona y estrógenos, dos hormonas que estimulan el desarrollo del revestimiento uterino durante el ciclo menstrual. Parece que cuando los niveles de estas hormonas son altos crecen los fibromas. Por ello es posible que se desarrollen también al tomar píldoras anticonceptivas que contienen estrógeno.

    Es esta relación con las hormonas lo que podría explicar que los miomas aparezcan durante los años fértiles. Cuando una mujer llega a la menopausia los miomas tienden a hacerse más pequeños o incluso a desaparecer por no recibir estímulo hormonal.

    Por otro lado, se cree que el factor genético también podría tener relación con su aparición. Es decir, si una pariente cercana tuvo miomas, aumentan las probabilidades de sufrirlos. Además, existen ciertas evidencias de que la obesidad, beber alcohol y seguir una dieta más alta en carnes rojas y más baja en vegetales, frutas y lácteos incrementan el riesgo de sufrir miomas.

    Síntomas

    Muchas mujeres que tienen mioma uterino no presentan síntomas. En las que sí tienen, los síntomas pueden variar en función de la ubicación, el tamaño y el número de fibromas. Los subserosos suelen ser asintomáticos aunque sean grandes, mientras que los submucosos pueden dar síntomas aunque sean pequeños. Algunos de los síntomas más comunes son:

    • Dolor lumbar o de piernas.
    • Dolor pélvico.
    • Periodos abundantes y dolorosos que pueden durar más de una semana.
    • Necesidad de orinar a menudo.
    • Dificultad para vaciar la vejiga.
    • Anemia por el sangrado abundante.
    • Estreñimiento.
    • Presión e hinchazón en la parte baja del abdomen.
    • Presión en los órganos adyacentes cuando el mioma adquiere cierto tamaño.
    • Dolor durante las relaciones sexuales.

    En algunas mujeres los miomas pueden provocar problemas durante el embarazo o el parto, problemas de fertilidad y abortos espontáneos.

    Tratamiento

    Los miomas que no presenten síntomas a la paciente no hay que tratarlos, sino simplemente revisarlos periódicamente para controlar su evolución. En el caso de que sí produzcan molestias, los tratamientos pueden ser varios:

    • Tratamientos farmacológicos:
      • Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno): para reducir el dolor asociado.
      • Análogos del factor liberador de gonadotrofinas: hacen que el cuerpo produzca menos estrógeno y progesterona. Sirven para tratar el sangrado y reducir el tamaño de los miomas. Provocan muchos efectos secundarios y los síntomas suelen reaparecer si se suspende el tratamiento.
      • Píldoras anticonceptivas orales: regulan el ciclo de ovulación y son eficaces para el tratamiento de los trastornos de sangrado.
      • Modulares selectivos del receptor de progesterona: bloquean los receptores de la progesterona en el mioma. Sirve tanto para tratar el sangrado como para reducir el tamaño de los miomas.
    • Colocación de dispositivos uterinos que secretan hormonas para reducir el sangrado abundante.
    • Embolización de la arteria uterina: el objetivo es colapsar los vasos sanguíneos de los miomas, restringir el flujo de sangre y causar que éstos se reduzcan y mueran.
    • Terapia HIFU: destrucción de los miomas mediante ultrasonidos.
    • Miomectomía: extirpación de los miomas mediante histeroscopia o laparoscopia, dos procesos mínimamente invasivos. Si no es posible realizarlo mediante estas técnicas se puede hacer mediante laparotomía (abriendo el abdomen), aunque esto sucede en pocas ocasiones. La ventaja de estas técnicas es que se consiguen extirpar los tumores con una mínima agresión al paciente y con pocos riesgos.
    • Histerectomía: extirpación total del útero, que habitualmente se puede realizar mediante laparoscopia mínimamente invasiva. Se suele realizar en aquellas mujeres que ya no quieren tener más hijos y desean solucionar el problema de forma definitiva. No tiene implicación alguna para la vida de la mujer salvo la imposibilidad de quedar embarazada.
  • Síndrome de Cushing: causas, síntomas y tratamientos

    El síndrome de Cushing es un conjunto de síntomas que aparecen cuando en el cuerpo aumentan los niveles de glucocorticoides (cortisol). El exceso de cortisol puede aparecer porque el cuerpo lo produzca en demasiada cantidad o por la ingesta de ciertos medicamentos.

    Qué es el síndrome de Cushing

    El síndrome de Cushing es el conjunto de síntomas que aparecen cuando en el cuerpo aumentan los niveles de hormonas glucocorticoides (cortisol) durante mucho tiempo. La fabricación de los glucocorticoides tiene lugar en las glándulas suprarrenales y está estimulada por la hormona ACTH (adrenocorticotropa) producida en la glándula hipófisis.

    El cortisol es una hormona que ayuda a responder ante situaciones de estrés y a regular la presión arterial, reducir la inflamación y mantener el buen funcionamiento del corazón y los vasos sanguíneos. También regula la manera en la que se metabolizan las proteínas, carbohidratos y las grasas. Aunque cumple muchas funciones necesarias para el organismo, si el nivel de cortisol es demasiado alto aparece el síndrome de Cushing y sus síntomas.

    Causas del síndrome de Cushing

    El alto nivel de cortisol en el cuerpo característico del síndrome de Cushing puede tener dos tipos causas:

    • Producción excesiva de cortisol por el propio organismo (síndrome de Cushing endógeno). El exceso de cortisol puede tener su origen en:
      • Enfermedad de Cushing: cuando la hipófisis produce demasiada ACTH, que envía señales a las glándulas suprarrenales para producir cortisol en exceso. Esta enfermedad puede estar causada por un tumor en la hipófisis o por un crecimiento excesivo de la misma.
      • Trastornos en las glándulas suprarrenales, que producen en exceso los glucocorticoides sin que estén estimulados por la hormona ACTH. Generalmente este trastorno está provocado por un tumor no canceroso que aparece en la corteza suprarrenal.
      • Un tumor que produce hormona ACTH: en raras ocasiones, un tumor en un órgano que no produce ACTH empieza a secretar esta hormona en exceso, provocando a su vez el aumento de cortisol. Estos tumores generalmente se encuentran en páncreas, pulmones, tiroides o timo.
    • Tomar medicamentos glucocorticoides o corticosteroides en dosis altas durante un tiempo prolongado. Estos fármacos se utilizan para múltiples afecciones inflamatorias como la artritis reumatoide, el asma y el lupus o para evitar el rechazo de órganos trasplantados. Cuando está causado por fármacos se le denomina síndrome de Cushing exógeno.

    Síntomas del síndrome de Cushing

    Los síntomas más comunes del síndrome de Cushing son:

    • Aumento de peso y depósitos de tejido adiposo. La grasa se acumula principalmente en la cara, el abdomen, la parte superior de la espalda y entre los hombros (dando lugar a la llamada joroba de búfalo). Por el contrario, se pierde grasa en las extremidades.
    • Dolor de cabeza.
    • Debilidad muscular, especialmente en caderas y hombros.
    • Dolor o sensibilidad en los huesos y pérdida ósea que produce fracturas con el tiempo.
    • Piel fina y frágil, propensa a hematomas.
    • Acné.
    • Cicatrización lenta de las heridas e infecciones.
    • Estrías de color rosa o púrpura en abdomen, muslos, mamas y brazos.
    • Fatiga.
    • Depresión, ansiedad o alteraciones del comportamiento.
    • Aumento de la sed y la micción.
    • Presión arterial alta.
    • Crecimiento lento en el caso de los niños.
    • Colesterol y triglicéridos elevados.
    • Diabetes tipo 2.
    • En mujeres puede aparecer hirsutismo y los periodos menstruales pueden desaparecer o ser más irregulares. En los hombres puede disminuir la libido y la fertilidad y aparecer la disfunción eréctil.

    Tratamiento del síndrome de Cushing

    El tratamiento para el síndrome de Cushing depende de su causa:

    • Si el síndrome de Cushing es exógeno (provocado por el uso de corticosteroides), el médico dará instrucciones para disminuir la dosis del fármaco durante un tiempo. No se debe dejar de tomar la medicación de forma abrupta y sin consultar con un médico.
    • En el caso de que el origen esté en un tumor de la hipófisis, el tratamiento suele precisar cirugía y la extirpación total o parcial de la hipófisis, seguida a veces de radioterapia.
    • Si el síndrome de Cushing se debe a tumor situado en la glándula suprarrenal, se suele realizar una cirugía. Si se trata de un adenoma, la extirpación normalmente cura el cuadro. Si se trata de un carcinoma suprarrenal (que suele derivar en metástasis), además de la extirpación será necesario un tratamiento con quimioterapia.
    • Si existe un tumor en otra parte del cuerpo que esté generando hormona ACTH, el tratamiento consiste en extirparlo si es posible. Si no, se deberá eliminar la función de las glándulas suprarrenales con una extirpación quirúrgica o con un tratamiento farmacológico que anule su función.

    Después de las operaciones para extraer un tumor será necesario que el paciente tome medicamentos de reemplazo del cortisol para que el cuerpo tenga la cantidad correcta de esta hormona. En la mayoría de los casos al final el paciente recupera la producción normal de la hormona pero, si no es así, habrá que mantener la terapia de reemplazo de por vida. Esto último sucede también cuando se extirpan las glándulas suprarrenales.

  • Síndrome de la boca ardiente: síntomas, causas y tratamiento

    El síndrome de la boca ardiente es una sensación de ardor continuo que suele aparecer de forma repentina. A menudo es complicado determinar la causa específica de esta molestia, lo que dificulta el tratamiento de la misma.

    Qué es el síndrome de la boca ardiente

    El síndrome de la boca ardiente es la sensación continua o recurrente de ardor, escozor u hormigueo en la boca. Esta molestia generalmente afecta a la lengua, aunque los síntomas se pueden extender a otras zonas como encías, labios, interior de las mejillas o paladar.

    Síntomas

    Los síntomas del síndrome de la boca ardiente pueden incluir:

    • Sensación de quemadura o ardor que afecta generalmente a la lengua pero que también puede surgir en labios, encías, paladar, garganta o toda la boca.
    • Hormigueo o entumecimiento en la boca.
    • Cambios en el gusto, como la aparición de un sabor amargo o metálico.
    • Pérdida del sentido del gusto.
    • Cambios de sensibilidad (disestesia).
    • Sensación de boca seca con aumento de sed.

    El ardor puede ser intermitente o producirse todos los días. Algunas personas se despiertan con una ligera molestia que va empeorando a lo largo del día, mientras que otras se levantan con un dolor que dura todo el día. Independientemente del patrón de la molestia, el síndrome puede durar meses o años.

    Causas

    En función de su causa, el síndrome de la boca ardiente puede ser primario o secundario. Se denomina primario cuando no es causado por ningún problema médico subyacente. Algunas investigaciones sugieren que este síndrome podría estar causado por un daño en los nervios que controlan el gusto y el dolor.

    En cuanto al síndrome de la boca ardiente de tipo secundario, tiene su origen en un problema médico subyacente. Existen varias causas posibles, entre ellas:

    • Alergias a alimentos o productos dentales.
    • Boca seca, que puede tener su origen en la radioterapia, algunos trastornos (como el síndrome de Sjögren) o medicamentos.
    • Infecciones en la boca por hongos.
    • Reflujo gastroesofágico.
    • Cambios hormonales como los que ocurren en la menopausia.
    • Trastornos endocrinos como la diabetes tipo 2 o el hipotiroidismo.
    • Consumo de algunos medicamentos, especialmente los utilizados para tratar la hipertensión.
    • Carencias nutricionales, como baja concentración de hierro, zinc o algunas vitaminas de tipo B.
    • Problemas odontológicos como gingivitis, mala oclusión, pérdida de un empaste, prótesis dental removible mal colocada… En estos casos puede aparecer enrojecimiento e inflamación de la mucosa y ocasionalmente un ligero sangrado.
    • Hábitos orales como interposición lingual, morder la punta de la lengua o rechinar los dientes.
    • Irritación de la boca: puede aparecer por cepillar en exceso la lengua, usar pastas dentales abrasivas, utilizar enjuagues bucales frecuentemente o tomar muchas bebidas ácidas.
    • Factores psicológicos como estrés, ansiedad y depresión.

    Asimismo, el tabaquismo puede ocasionar picor en la lengua y disestesia, especialmente en grandes fumadores.

    Tratamiento

    No existe un tratamiento específico para el síndrome de la boca ardiente, por lo que se debe identificar su causa para tratarla y eliminar así la molestia. El diagnóstico suele ser complicado, porque en muchas ocasiones no se aprecian lesiones visibles en el interior de la boca que justifiquen el ardor. Generalmente el dentista o médico deberá revisar la historia médica, preguntar al paciente sobre sus síntomas y realizar algunas pruebas para identificar la causa de la afección (analíticas de sangre, pruebas de alergia, mediciones salivales, biopsias orales…).

    En el caso del síndrome de la boca ardiente secundario, el ardor se puede controlar con un tratamiento específico para la afección que causa los síntomas. Por ejemplo, curar una infección oral, tomar suplementos si la causa es la deficiencia de vitaminas o evitar los alérgenos que provocan reacción. Una vez se trata la afección médica subyacente, los síntomas del ardor deberían mejorar.

    Para el síndrome de la boca ardiente primario no hay un tratamiento concreto, sino que el mismo dependerá de los síntomas particulares e irá dirigido a controlarlos. Es probable que el médico pruebe diferentes métodos para tratar de reducir la molestia en la boca. Asimismo, puede recetar medicamentos para aliviar el dolor, la sequedad y el resto de síntomas.  

    Si bien no existe forma conocida de prevenir el síndrome de la boca ardiente, algunas medidas pueden ayudar a reducir las molestias:

    • Chupar cubitos de hielo.
    • Beber líquidos.
    • Evitar comidas calientes y picantes y alimentos y bebidas con alto contenido de ácido, como los refrescos, los cítricos o el café.
    • Evitar productos con alcohol o tabaco.
    • Cambiar de pasta de dientes, probando alguna más suave o sin sabor.
  • Sonambulismo: síntomas, causas y tratamientos

    El sonambulismo es un trastorno del sueño en el que la persona se levanta y realiza acciones dormida y sin percatarse de ello. Este trastorno es más frecuente en la infancia y suele desaparecer a partir de los 10 años de edad, aunque también puede permanecer e incluso surgir en la edad adulta por distintas causas. Ya que no es grave, generalmente no necesita tratamiento, aunque en ciertas ocasiones puede resultar peligroso tanto para el paciente como para las personas de su alrededor.

    Qué es el sonambulismo

    El sonambulismo es un trastorno del sueño en el que la persona se levanta y camina o realiza otras acciones mientras duerme sin percatarse de ello. El cerebro durante el episodio de sonambulismo se encuentra despierto sólo parcialmente, de forma que la persona esta semiconsciente.

    Los episodios de sonambulismo se suelen producir temprano por la noche, a menudo entre una y dos horas después de quedarse dormido, durante la fase del sueño N3. Los episodios pueden ser muy breves (de unos pocos segundos o minutos) o llegar a durar más de media hora, si bien la mayoría acaban en menos de 10 minutos. Estos episodios se pueden producir con una frecuencia variable.

    Síntomas del sonambulismo

    Durante un episodio de sonambulismo el afectado actúa como si estuviera despierto y puede realizar diversas actividades complejas: caminar, ir al baño, vestirse… Algunas personas incluso salen a la calle y conducen el coche. Los síntomas más comunes de sonambulismo son:

    • Caminar y realizar actividades durante el sueño.
    • Confusión y desorientación al despertar.
    • Expresión facial ausente.
    • No recordar lo que ha pasado al despertar.
    • Comportamiento agresivo al ser despertado por otra persona.
    • No responder ni comunicarse con otras personas.
    • Hablar dormido y decir cosas sin sentido.
    • Tener problemas para realizar las tareas durante el día debido a la alteración del sueño.

    Causas del sonambulismo

    El origen del sonambulismo no está del todo claro, aunque parece tener relación con diferentes causas:

    • Privación o interrupciones del sueño.
    • Estrés y ansiedad.
    • Consumo de alcohol o sustancias estupefacientes.
    • Ingesta de algunos medicamentos,como los sedantes o ciertos fármacos para los trastornos psiquiátricos.
    • Afecciones como la epilepsia y las convulsiones.
    • Enfermedades neurodegenerativas como Parkinson y Alzheimer.
    • Afecciones no diagnosticadas que interfieren en el sueño: síndrome de piernas inquietas, enfermedad por reflujo esofágico, trastornos del sueño caracterizados por patrones anormales de respiración (como la apnea obstructiva del sueño), etc.
    • Trastornos mentales.
    • Genética: el sonambulismo tiene un componente hereditario que predispone a sufrirlo si los padres tienen antecedentes del mismo.

    Tratamiento del sonambulismo

    Los episodios de sonambulismo no suelen ser causa de preocupación y normalmente se resuelven solos, por lo que no es necesario recibir un tratamiento específico. No obstante, es recomendable acudir al médico si los episodios son muy frecuentes (dos o más veces por semana o varias ocasiones en una noche), alteran el sueño del paciente o las personas que viven con él, generan cansancio y dificultad para realizar las tareas durante el día o comienzan en la edad adulta. Asimismo, es importante acudir al médico si el paciente realiza actividades que le ponen en peligro a sí mismo o a otras personas.

    En caso de requerir atención médica, los tratamientos para el sonambulismo son varios:

    • Tranquilizantes de corta duración para disminuir los episodios.
    • Ajuste de los medicamentos que puedan estar provocando el sonambulismo.
    • Tratamientos específicos para la afección que origina el sonambulismo, en caso de que éste tenga su causa en una enfermedad o trastorno preexistente.
    • Terapia psicológica: puede ayudar al paciente a mejorar el sueño, reducir el estrés y relajarse.

    Cómo prevenir el sonambulismo

    En caso de padecer sonambulismo estos consejos pueden ayudar a prevenir los episodios:

    • No consumir alcohol.
    • Evitar la privación del sueño y el insomnio, ya que estos factores pueden desencadenar sonambulismo.
    • Seguir una adecuada higiene del sueño: preparar la habitación para que sea cómoda y tranquila, respetar unos horarios fijos de sueño, tomar una ducha caliente antes de dormir, evitar la tecnología…
    • Controlar el estrés, la ansiedad y los conflictos.

    Asimismo, conviene tomar medidas de seguridad para evitar que el paciente se haga daño en caso de tener un episodio de sonambulismo, como cerrar bien las ventanas, bloquear las escaleras, retirar cables eléctricos del suelo o mover muebles para que no tropiece y se caiga. En caso de que un familiar sufra un episodio de sonambulismo, no hay que despertarlo. Si bien esto no es peligroso, puede resultarle demasiado confuso y podría ponerse agresivo. Lo mejor es acompañarlo con cuidado de vuelta a la cama.

  • Trastorno de ansiedad generalizada: qué es, síntomas y tratamiento

    Sentirse preocupado de forma puntual es algo normal, ya que a lo largo de la vida aparecen situaciones que resultan difíciles de afrontar: enfermedades, problemas familiares, falta de dinero… No obstante, sentir preocupación de forma frecuente (especialmente si aparece sin motivo) puede ser síntoma de que se padece un trastorno de ansiedad generalizada.

    Qué es el trastorno de ansiedad generalizada

    El trastorno de ansiedad generalizada es un tipo frecuente de trastorno de ansiedad que a menudo comienza en la infancia o adolescencia, aunque puede aparecer a cualquier edad. Sentir ansiedad de forma ocasional es algo normal, ya que la vida está llena de momentos que pueden causar preocupación (salud, trabajo, problemas familiares…). Sin embargo, las personas que padecen trastorno de ansiedad generalizada se preocupan excesivamente por muchas cosas de forma diaria, incluso cuando no hay motivo aparente para ello. A la larga, esta ansiedad continua dificulta las relaciones personales y la realización de actividades diarias, resultando incapacitante para el individuo. 

    Síntomas

    Las personas con trastorno de ansiedad generalizada pueden tener los siguientes síntomas:

    • Preocupación o ansiedad persistente desproporcionados en relación al impacto de los acontecimientos. Habitualmente se considera que una persona sufre el trastorno cuando la ansiedad está presente más días de los que está ausente en un periodo de al menos seis meses.
    • Pensar demasiado en planes y soluciones ante posibles malos resultados.
    • Percibir situaciones como amenazantes incluso si no lo son.
    • Indecisión y miedo a tomar la decisión equivocada.
    • Problemas para controlar las preocupaciones o el nerviosismo.
    • Incapacidad para relajarse.
    • Dificultad para concentrarse.

    A estos signos se pueden añadir también síntomas físicos como fatiga, trastornos del sueño, temblor, sudoración, tensión muscular, ganas frecuentes de ir al baño, irritabilidad, naúseas, diarrea o síndrome del intestino irritable.Todos estos síntomas pueden empeorar en ciertos momentos de estrés como, por ejemplo, durante una enfermedad o mala situación laboral.

    El trastorno de ansiedad puede llegar a ser incapacitante y provocar complicaciones como: dificultad para realizar tareas de manera rápida y eficiente por falta de concentración, reducción de la energía y aumento del riesgo de sufrir depresión. También puede provocar o empeorar otras afecciones como dolores de cabeza, problemas para dormir, problemas de corazón y problemas digestivos o intestinales.

    Causas

    Si bien no se conocen exactamente las bases neurológicas del trastorno de ansiedad, se cree que puede tener un componente hereditario. No obstante, como ocurre con otros trastornos psicológicos, la ansiedad generalizada puede ser resultado de la interacción de varias causas. Algunos factores de riesgo que predisponen a padecer este trastorno son:

    • Personalidad: las personas tímidas, con temperamento negativo o que evitan situaciones peligrosas son más propensas.
    • Género: las mujeres lo sufren más a menudo que los hombres.
    • Vivencias: experiencias traumáticas o negativas, tanto de la infancia como recientes, pueden aumentar el riesgo de padecer ansiedad generalizada.

    Tratamiento

    Para tratar el trastorno de ansiedad generalizada hay que acudir a un profesional de la salud mental, que recomendará psicoterapia, medicación o una combinación de ambos tratamientos:

    • Psicoterapia: la terapia cognitivo-conductual es muy útil para tratar a las personas con trastorno de ansiedad generalizada. Consiste en enseñar a la personas a reconocer en qué aspectos está distorsionado su pensamiento, a controlarlo y modificar su comportamiento en consecuencia.
    • Medicación: existen diferentes medicamentos que ayudan a tratar este trastorno, entre ellos los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina, los inhibidores de recaptación de serotonina y norepinefrina, las benzodiacepinas y otros medicamentos serotoninergicos. El especialista debe encontrar el más adecuado para cada paciente.

    Estos tratamientos necesitan de un tiempo para conseguir resultados, por lo que no se deben abandonar rápido y sin recomendación del especialista. Para acompañar el tratamiento es recomendable seguir un estilo de vida saludable, dormir suficiente, hacer ejercicio, comer bien y recurrir a familia y amigos para apoyarse.

  • Vértigo: causas, síntomas y tratamiento

    La sensación de vértigo puede tener su origen en causas muy diversas y por ello es necesario realizar un buen diagnóstico que permita elegir el tratamiento más adecuado. Acudir a un médico es imprescindible ante la sensación de falso movimiento o caída al vacío, no sólo porque podrá tratar los síntomas sino porque intentará averiguar su causa para eliminarla.

    Qué son los vértigos

    El vértigo es la sensación subjetiva de falso movimiento propio o de los objetos que rodean a la persona (vértigo giratorio). Esta sensación se acompaña normalmente de náuseas, pérdida de equilibrio y sensación de desmayo inminente.

    No debe confundirse el vértigo con el mareo, que es una sensación puntual de inestabilidad (en la que no hay percepción de giro) que puede ir acompañada de otras como sudoración fría, palidez, sensación de desmayo, inestabilidad, náuseas, malestar y aturdimiento entre otras. Aunque son sensaciones diferentes, es bastante habitual que vértigo y mareo se presenten juntos y por eso suelen confundirse.

    Causas de los vértigos

    Las causas de los vértigos pueden ser variadas:

    • Con mucha frecuencia el origen del vértigo suele estar relacionado con algún problema en la parte del oído interno que regula el equilibrio, lo que se conoce como vértigo periférico. Puede estar provocado, entre otras cosas, por: 
      • Desplazamiento del líquido que hay en el canal auditivo: en este caso el vértigo sólo surge cuando el paciente se acuesta de lado, mueve la cabeza bruscamente o se agacha. Se denomina vértigo posicional paroxístico benigno.
      • Síndrome de Meniére: se debe a un aumento de la presión sobre las membranas del oído interno.
      • Neurinoma, un tumor benigno que aparece en el nervio vestibular.
      • Infecciones víricas o bacterianas que afecten al oído interno.
    • Trastornos neurológicos: como ictus, fracturas de cráneo, tumores (especialmente los que se desarrollan en la base del cerebro o cerca de éste) y esclerosis múltiple. Los vértigos que tienen su origen en el cerebro se llaman centrales.
    • Problema vascular en la zona cervical: los vértigos cervicales también son muy frecuentes y tienen su origen en un fallo de la irrigación sanguínea a las zonas del oído encargadas del equilibrio. La causa de esta falta de irrigación puede ser una mala postura, degeneración ósea, caídas e incluso estrés y ansiedad. Se manifiesta al girar el cuello o moverlo de arriba abajo.
    • Regulación anormal de la tensión arterial: especialmente en personas mayores que toman fármacos para controlar la hipertensión o una enfermedad cardiaca.
    • Consumo de determinados medicamentos.

    Síntomas de los vértigos

    La manifestación más frecuente del vértigo es la sensación de que el entorno del paciente gira o que el propio cuerpo está en movimiento, produciendo una sensación similar a la de una caída al vacío. Otros síntomas que pueden aparecer son:

    • Pérdida del equilibrio.
    • Mareos.
    • Zumbido de oídos.
    • Hipoacusia en un oído.
    • Movimiento involuntario y espasmódico de uno o los dos ojos (horizontal, vertical y rotatorio).
    • Visión doble.
    • Parálisis facial.
    • Dificultad en la articulación del lenguaje.
    • Debilidad en las extremidades.

    No todos los síntomas aparecen en cualquier vértigo. Los vértigos periféricos suelen ir acompañados de zumbidos, presión y dolor en el oído, mientras que los centrales suelen provocar visión doble, inestabilidad y cefalea intensa.

    Tratamiento del vértigo

    Para un adecuado tratamiento del vértigo, el médico realizará una serie de pruebas y exámenes físicos que determinen la causa que lo provoca. Una vez diagnosticado el problema, si se trata la enfermedad causante normalmente desaparecerá.

    Existen además diversos fármacos para aliviar los síntomas del vértigo, entre ellos la betahistina, la sulpirida y los diuréticos (ya que al eliminar agua del cuerpo se reduce la cantidad del líquido que hay en el oído interno y con ello la sensación de vértigo). Combinar estas prescripciones con una dieta baja en sal resulta eficaz en el 70% de los casos.

    De no ser así se realiza un tratamiento con gentamicina intratimpánica, un antibiótico que se inyecta a través del tímpano para que actúe en las células del equilibrio. Si esto tampoco es efectivo, el único tratamiento que queda es realizar una cirugía,bien una neurectomía vestibular (se corta el nervio vestibular pero el paciente mantiene la audición) o laberintectomía (se eliminan los receptores sensoriales del equilibrio, con la consecuente pérdida de audición).

    En caso de vértigo posicional o cervical, puede ser muy adecuado además acudir a un fisioterapeuta. Los vértigos cervicales muchas veces están relacionados con un bloqueo del cuello que impide un movimiento y giro libre de la cabeza. El fisioterapeuta relajará los músculos y evitará la compresión que impide la correcta irrigación del oído interno.