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  • ¿Qué es la vaginitis? Causas, síntomas y tratamientos

    La vaginitis es la inflamación de la vagina, que puede tener su origen en diversas causas. En función del tipo de vaginitis los síntomas pueden ser diferentes, así como el tratamiento más apropiado para curarla.

    Qué es la vaginitis

    La vaginitis es la inflamación de la vagina, que puede provocar flujo, picazón y dolor. A veces también se llama vulvovaginitis porque puede afectar a la vulva, la parte externa de los genitales femeninos. Esta inflamación es bastante común, especialmente en mujeres en edad reproductiva. Generalmente aparece a causa de una infección o por un cambio en el equilibrio normal de la las bacterias o levaduras de la vagina

    Causas de la vaginitis

    Las causas de la vaginitis pueden ser varias:

    • Vaginosis bacteriana: es la infección vaginal más común en mujeres en edad reproductiva. Aparece cuando se produce un desequilibrio entre las bacterias que habitualmente hay en la vagina, es decir, cuando hay demasiadas bacterias nocivas y pocas bacterias protectoras. El equilibrio de estas bacterias se puede ver alterado por diversas causas, como tomar antibióticos, darse duchas vaginales, usar un dispositivo intrauterino, tener muchas parejas sexuales o mantener relaciones sexuales sin protección.
    • Infección por el hongo cándida (candidiasis vaginal): aparece cuando crece demasiado el hongo cándida en la vagina. Este crecimiento se puede deber al consumo de antibióticos, al embarazo, a medicamentos corticoides o a la diabetes, especialmente si no está controlada.
    • Tricomaniasis: es una enfermedad de transmisión sexual causada por un parásito.
    • Alergia o sensibilidad a ciertos productos como aerosoles o duchas vaginales, espermicidas, jabones, detergentes o suavizantes de telas.
    • Cambios hormonales como los que ocurren en el periodo de lactancia o la menopausia. Durante la actividad hormonal normal la vagina mantiene un ecosistema gracias a la acción de los estrógenos. Cuando disminuyen los niveles de estrógenos, el ecosistema vaginal puede deteriorarse y favorecer la aparición de la vaginitis.

    Síntomas de la vaginitis

    Los principales síntomas de la vaginitis son picor vulvo-vaginal, aumento del flujo genital, dolor al orinar y durante las relaciones sexuales y ardor genital intenso. No obstante, los síntomas de la vaginitis varían según su causa:

    • Vaginosis bacteriana: en muchos casos no presenta síntomas, por lo que sólo se detecta durante un examen ginecológico rutinario. Suele causar un flujo vaginal de color blanco grisáceo y olor desagradable similar al del pescado.
    • Infección por cándida: suele provocar enrojecimiento y picazón en vagina y vulva. También produce flujo vaginal espeso y blanco.
    • Tricomaniasis: puede causar picazón, ardor y molestias en vulva y vagina, así como dolor al orinar y durante las relaciones sexuales. En algunos casos aparece un flujo gris verdoso de aspecto espumoso.

    Tratamiento para la vaginitis

    Al igual que los síntomas, el tratamiento de la vaginitis depende de la causa de la misma. Es necesario, por tanto, acudir a un médico que encuentre el origen de los síntomas y determine el tratamiento más apropiado:

    • Vaginosis bacteriana: se trata con un antibiótico que elimina las bacterias nocivas y deja las beneficiosas. Este se puede recetar en forma de píldoras o de crema o gel de aplicación vaginal.
    • Infecciones por hongos: suelen tratarse con una crema tópica o un medicamento por vía vaginal.
    • Tricomaniasis: normalmente se trata con un antibiótico de una sola dosis. En este caso deben tomarlo los dos miembros de la pareja para prevenir el contagio de la infección a otras personas.
    • Vaginitis causada por alergia o sensibilidad a ciertos productos: es sencilla de tratar. Basta con dejar de utilizar el producto que causa los síntomas. El médico también puede recetar una crema para aliviar dichos síntomas hasta que desaparezca la reacción.
    • Cambios hormonales: el médico puede recetar una crema de estrógenos para calmar los síntomas.

    Prevención de la vaginitis

    Hay ciertas medidas que se pueden tomar para prevenir la vaginitis:

    • Seguir una adecuada higiene íntima: lavar una o dos veces al día la zona con jabones suaves. El exceso de higiene puede alterar el pH vaginal, favoreciendo la aparición de infecciones.
    • Usar ropa holgada y tejidos transpirables como el algodón. La ropa ajustada y la no transpiración pueden provocar el calentamiento y la retención de la humedad en la zona, facilitando la aparición de la vaginitis.
    • No abusar de tampones y ‘salvaslips’, ya que dificultan la transpiración.
    • Limitar la cantidad de parejas sexuales y usar protección durante las relaciones.
    • Limpiarse de adelante hacía atrás al ir al baño, ya que así no se transmiten las bacterias a la vagina.
    • Evitar las duchas y las ‘sprays’ vaginales, ya que matan las bacterias protectoras y pueden causar irritación.
  • ¿Qué ocurre si te acuestas sin desmaquillarte?

    Después de una intensa noche de fiesta, llegamos a casa agotadas y deseando quitarnos los zapatos, y lo más importante… ¡con muchas ganas de dormir! Ocurre entonces algo inevitable: se nos olvida desmaquillarnos antes de irnos a la cama. Esto aunque te suene a broma, es una auténtica catástrofe para la piel, ya que mientras dormimos ocurren importantes procesos de regeneración celular, a los que no favorece nada un cutis lleno de maquillaje.

  • Cistitis: por qué aparece y cómo prevenirla

    La cistitis es una inflamación de la vejiga. La mayor parte de las veces esta inflamación es causada por una infección producida por la bacteria Escherichia Coli, razón por la que se le llama también ‘infección urinaria’. La cistitis es bastante frecuente durante el verano, especialmente en las mujeres, aunque puede aparecer durante todo el año. Si la causa de la cistitis es una infección, existen algunas medidas que pueden prevenirla.

    Síntomas de cistitis

    Los síntomas más frecuentes de cistitis son:

    • Micción con dolor o escozor.
    • Necesidad urgente y constante de orinar aun teniendo poca cantidad de orina en la vejiga.
    • Sensación de no haber terminado de orinar.
    • Orina sanguinolenta.
    • Sensación de presión en la parte inferior del abdomen.
    • Orina opaca y con olor desagradable.

    Por qué aparece la cistitis

    Habitualmente la cistitis es resultado de una infección bacteriana. La bacteria que más frecuentemente causa esta infección es la Escherichia Coli, aunque hay otras que también pueden provocarla como Stafilococo Saprofíticus, Stafilococo Streptococo Faecalis, Proteus, Klebsiella, Enterobacter y Citrobacter. Estas bacterias que se encuentran fuera del cuerpo ingresan a través de la uretra en las vías urinarias y comienzan a multiplicarse. La infección es más frecuente en las mujeres debido a que, al tener la uretra más corta, es menor la distancia que tienen que recorrer las bacterias para alcanzar la vejiga.

    Además de ser mujer, otros factores de riesgo que predisponen a sufrir cistitis son:

    • Ser sexualmente activo.
    • Usar el diafragma como método anticonceptivo.
    • Estar embarazada: los cambios hormonales del embarazo pueden aumentar el riesgo de sufrir una infección.
    • Haber pasado la menopausia: los niveles alterados de hormonas en la posmenopausia se asocian con infecciones de las vías urinarias.
    • El uso prolongado de una sonda en la vejiga, que aumenta la vulnerabilidad a las infecciones.
    • Tener un sistema inmunitario débil a causa de ciertas enfermedades.
    • Tener diabetes.
    • Sufrir trastornos que provoquen un inadecuado vaciamiento de la vejiga.

    Al margen de las infecciones bacterianas, la inflamación de la vejiga también puede aparecer por la ingesta de ciertos medicamentos, el tratamiento de radiación en la vejiga y la reacción a ciertas sustancias químicas que incluyen algunos productos aplicados en la zona genital. También puede estar asociada a otros trastornos como cálculos renales o agrandamiento de la próstata.

    Cómo prevenir la cistitis

    Para prevenir las infecciones que causan cistitis es recomendable:

    • Beber abundante líquido diariamente, especialmente agua. Se debe evitar el consumo de cafeína y alcohol.
    • Orinar con frecuencia y vaciar la vejiga totalmente. Las bacterias tienden a proliferar cuando la orina permanece en la vejiga y, además, expulsar la orina limpia el tracto urinario.
    • Mantener una adecuada higiene genital. No es recomendable ni la falta de higiene ni el exceso de la misma. Es aconsejable usar jabón sólo una vez al día y emplear productos específicos para la zona íntima.
    • No utilizar productos que contengan perfumes en el área genital.
    • Evitar los pantalones ajustados y usar ropa interior de algodón.
    • Orinar antes y después de mantener relaciones sexuales, ya que éstas pueden favorecer que las bacterias vayan del tracto intestinal al urinario. Al miccionar se pueden eliminar las bacterias que hayan pasado a la uretra.
    • Al evacuar los intestinos las mujeres deben lavarse y secarse de delante hacia atrás, porque si no se pueden transmitir las bacterias del ano a la vagina o uretra.
    • Durante el verano, cambiar el bañador mojado por otro seco.
    • Ducharse en lugar de darse un baño: el agua de la ducha fluye y arrastra las posibles bacterias.
    • Tomar arándanos rojos: según varios estudios, los arándanos rojos evitan que las bacterias se fijen en las paredes de las vías urinarias, lo que previene las infecciones.

    En caso de que haya aparecido la cistitis bacteriana lo habitual es curarla con un tratamiento antibiótico oral. Su duración dependerá de la edad, el tipo de infección, recurrencia, etc. Seguir el tratamiento marcado hasta el final es imprescindible para evitar recaídas y resistencia a los antibióticos. Si se emplean mal, puede destruir la flora que protege de otras infecciones. Tratarla a tiempo puede prevenir una cistitis más aguda, la cronificación del cuadro o que la infección siga progresando y afecte a órganos como la próstata o los riñones.

  • El ciclo menstrual y la fertilidad

    Conocer las fases del ciclo menstrual y lo que sucede en cada una de ellas es importante para cualquier mujer, pero especialmente para aquellas que quieren quedarse embarazadas. Dentro de los 28 días que habitualmente dura el ciclo hay algunos que son los mejores para concebir mientras que en otros resulta más complicado. 

    Las fases del ciclo menstrual

    El ciclo menstrual dura aproximadamente 28 días, aunque se considera normal que varíe entre 25 y 35 días. El ciclo se inicia el primer día de la menstruación y termina cuando comienza la menstruación del mes siguiente. Este ciclo se puede dividir en tres fases distintas en función a las alteraciones hormonales que suceden durante el mismo:

    • Fase folicular: dura aproximadamente del día 1 al 12 del ciclo. Durante los primeros tres o siete días de esta fase tiene lugar la menstruación, en la que se expulsa el revestimiento del útero que se había formado en el ciclo anterior. En la fase folicular hay un aumento de la producción de la hormona FSH (folículo estimulante) que provoca la maduración de los óvulos. Con la maduración se comienza a liberar más cantidad de estrógeno, hormona responsable de preparar el útero ante un posible embarazo.
    • Fase ovulatoria: tiene lugar entre los días 13 y 15 del ciclo aproximadamente. Durante esta fase los niveles de estrógeno siguen aumentando y el organismo produce la hormona luteinizante, que se encarga de seleccionar el óvulo más maduro y liberarlo. La liberación del óvulo se produce habitualmente en mitad del ciclo, es decir, el día 14. Este es el momento perfecto para la concepción.
    • Fase lutea: abarca aproximadamente los últimos 12 días del ciclo. Al principio de la misma el cuerpo produce más progesterona y estrógenos. El aumento de la progesterona puede provocar sensación de cansancio y debilidad, así como un estado de nerviosismo e incremento del apetito en la tercera semana. Si finalmente no se produce la fecundación, los niveles de estrógeno y progesterona disminuirán y provocarán la eliminación del revestimiento del útero, dando lugar al inicio de una nueva menstruación y ciclo.

    No obstante, el ciclo de algunas mujeres puede ser irregular. Esto significa que la menstruación no se produce reiteradamente todos los meses tras un número fijo de días. Algunas de las causas más comunes que producen este desajuste son: hipertiroidismo, anemia, ovarios poliquísticos, diabetes, trastornos emocionales, aparición de inflamación, pólipos o tumores en el aparato reproductor, exceso de actividad física, cambios de anticonceptivo y trastornos de la alimentación que causen excesiva pérdida de peso. Si la irregularidad del ciclo se mantiene durante varios meses es aconsejable acudir a un ginecólogo para que estudie las causas que lo provocan.

    La fertilidad durante el ciclo

    Cualquier día del ciclo puede ser fértil, incluidos los de la regla, ya que la ovulación varía según la persona y el mes. No obstante, el mejor momento para concebir es cuando se produce la ovulación, es decir, en torno al día 14 si el ciclo es regular. Los días más fértiles incluyen los dos o tres días anteriores y posteriores al mismo. Otra variable a tener en cuenta es la vida de los espermatozoides dentro del cuerpo de la mujer, que es de cuatro o cinco días. Por ello, si la mujer ha tenido relaciones cinco días antes de la ovulación también puede quedar embarazada.

    Para estimar qué momento es el más apropiado para concebir, existen diferentes métodos:

    • Cálculo numérico: las mujeres con un ciclo muy regular de 28 días sabrán que sus días más fértiles tienen lugar a mitad del mismo (en torno al día 14).
    • Observación de ciertos síntomas. En los días cercanos a la ovulación el cuerpo ofrece una serie de señales: sensibilidad en las mamas y cambios en su forma y tamaño, incremento de la temperatura, flujo vaginal trasparente y dolor similar al de la menstruación en los ovarios.
    • Test de ovulación: analiza en la orina la presencia de la hormona luteinizante que se produce durante el periodo de ovulación.

    En el caso de las mujeres con ciclo menstrual irregular, la concepción puede ser más complicada, ya que el periodo de ovulación puede variar o incluso ausentarse. En este caso no será posible usar el cálculo numérico, sino que habrá que prestar atención a los síntomas del cuerpo o utilizar un test de ovulación.

  • Estos son los pasos para detectar el cáncer de mama con tus propias manos

    El cáncer de mama es, por cifras, el tumor maligno más frecuente entre las mujeres. En el mundo occidental, el 11 por ciento de las féminas lo padecen, lo que significa que una de cada diez lo desarrolla a lo largo de su vida. Afirman los especialistas que para su tratamiento, es imprescindible y fundamental el correcto y rápido diagnóstico. La detección puede estar en nuestras propias manos. 

  • Mioma uterino: causas, síntomas y tratamiento

    Los miomas uterinos son masas tumorales de carácter benigno que crecen en el útero. Sus tamaños pueden ser variados y en ocasiones no presentan síntomas. En función de las molestias que provoquen y de las circunstancias de cada paciente, se pueden aplicar varios tratamientos distintos.

    Qué es el mioma uterino

    Los miomas o fibromas uterinos son masas tumorales de carácter benigno que crecen en la capa muscular del útero, normalmente durante los años fértiles. Habitualmente una paciente suele tener varios a la vez, aunque también puede desarrollar uno solo.El tamaño de los miomas varía mucho. Puede ser tan diminuto que resulte indetectable para el ojo o convertirse en una masa voluminosa que agrande el útero. A pesar del considerable tamaño de algunos, la gran mayoría de los miomas son benignos y sólo en contadas ocasiones dan lugar a cáncer.

    Los miomas pueden ser de 3 tipos en función de su ubicación:

    • Intramurales: el más común. Se encuentran en la parte central de la capa muscular del útero, el miometrio.
    • Subserosos: se forman bajo la capa más externa del útero y crecen hacia el exterior del mismo.
    • Submucosos: ubicados normalmente bajo el revestimiento interno de la pared uterina.

    Ocasionalmente estos tumores también pueden aparecer en el cuello uterino.

    Causas

    Los miomas no suelen aparecer antes de los 20 años y son más comunes conforme avanza la edad. Las causas de la aparición de los mismos no están del todo claras. No obstante, según se ha observado en algunas investigaciones, el crecimiento de los miomas está relacionado con el nivel de progesterona y estrógenos, dos hormonas que estimulan el desarrollo del revestimiento uterino durante el ciclo menstrual. Parece que cuando los niveles de estas hormonas son altos crecen los fibromas. Por ello es posible que se desarrollen también al tomar píldoras anticonceptivas que contienen estrógeno.

    Es esta relación con las hormonas lo que podría explicar que los miomas aparezcan durante los años fértiles. Cuando una mujer llega a la menopausia los miomas tienden a hacerse más pequeños o incluso a desaparecer por no recibir estímulo hormonal.

    Por otro lado, se cree que el factor genético también podría tener relación con su aparición. Es decir, si una pariente cercana tuvo miomas, aumentan las probabilidades de sufrirlos. Además, existen ciertas evidencias de que la obesidad, beber alcohol y seguir una dieta más alta en carnes rojas y más baja en vegetales, frutas y lácteos incrementan el riesgo de sufrir miomas.

    Síntomas

    Muchas mujeres que tienen mioma uterino no presentan síntomas. En las que sí tienen, los síntomas pueden variar en función de la ubicación, el tamaño y el número de fibromas. Los subserosos suelen ser asintomáticos aunque sean grandes, mientras que los submucosos pueden dar síntomas aunque sean pequeños. Algunos de los síntomas más comunes son:

    • Dolor lumbar o de piernas.
    • Dolor pélvico.
    • Periodos abundantes y dolorosos que pueden durar más de una semana.
    • Necesidad de orinar a menudo.
    • Dificultad para vaciar la vejiga.
    • Anemia por el sangrado abundante.
    • Estreñimiento.
    • Presión e hinchazón en la parte baja del abdomen.
    • Presión en los órganos adyacentes cuando el mioma adquiere cierto tamaño.
    • Dolor durante las relaciones sexuales.

    En algunas mujeres los miomas pueden provocar problemas durante el embarazo o el parto, problemas de fertilidad y abortos espontáneos.

    Tratamiento

    Los miomas que no presenten síntomas a la paciente no hay que tratarlos, sino simplemente revisarlos periódicamente para controlar su evolución. En el caso de que sí produzcan molestias, los tratamientos pueden ser varios:

    • Tratamientos farmacológicos:
      • Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno): para reducir el dolor asociado.
      • Análogos del factor liberador de gonadotrofinas: hacen que el cuerpo produzca menos estrógeno y progesterona. Sirven para tratar el sangrado y reducir el tamaño de los miomas. Provocan muchos efectos secundarios y los síntomas suelen reaparecer si se suspende el tratamiento.
      • Píldoras anticonceptivas orales: regulan el ciclo de ovulación y son eficaces para el tratamiento de los trastornos de sangrado.
      • Modulares selectivos del receptor de progesterona: bloquean los receptores de la progesterona en el mioma. Sirve tanto para tratar el sangrado como para reducir el tamaño de los miomas.
    • Colocación de dispositivos uterinos que secretan hormonas para reducir el sangrado abundante.
    • Embolización de la arteria uterina: el objetivo es colapsar los vasos sanguíneos de los miomas, restringir el flujo de sangre y causar que éstos se reduzcan y mueran.
    • Terapia HIFU: destrucción de los miomas mediante ultrasonidos.
    • Miomectomía: extirpación de los miomas mediante histeroscopia o laparoscopia, dos procesos mínimamente invasivos. Si no es posible realizarlo mediante estas técnicas se puede hacer mediante laparotomía (abriendo el abdomen), aunque esto sucede en pocas ocasiones. La ventaja de estas técnicas es que se consiguen extirpar los tumores con una mínima agresión al paciente y con pocos riesgos.
    • Histerectomía: extirpación total del útero, que habitualmente se puede realizar mediante laparoscopia mínimamente invasiva. Se suele realizar en aquellas mujeres que ya no quieren tener más hijos y desean solucionar el problema de forma definitiva. No tiene implicación alguna para la vida de la mujer salvo la imposibilidad de quedar embarazada.
  • Síndrome del ovario poliquístico: pautas de alimentación

    Según la Oficina de Salud Femenina de EEUU, 1 de cada 10 mujeres en edad reproductiva sufre el síndrome del ovario poliquístico. Las menstruaciones irregulares características de este síndrome pueden estar acompañadas de problemas de sobrepeso y resistencia a la insulina, razón por la cual es muy importante controlar la alimentación.

    Qué es el síndrome del ovario poliquístico

    El síndrome del ovario poliquístico (SOP) es un trastorno endocrino-metabólico que se explica como un hiperandrogenismo femenino funcional (elevado nivel de andrógenos, las hormonas másculinas). Debido al desajuste hormonal que caracteriza a este síndrome, los ovarios tienen dificultan para liberar los óvulos maduros, provocando que en ocasiones queden enquistados en los ovarios.

    Según el National Institute of Health y el consenso de Rotterdam, para considerar que una paciente sufre el SOP se tienen que cumplir dos de estos tres criterios:

    • Disfunción del ciclo menstrual.
    • Hiperandrogenismo clínico o bioquímico.
    • Criterios ecográficos (morfología ovaria poliquística).

    Síntomas del síndrome del ovario poliquístico

    Los principales síntomas y signos del síndrome del ovario poliquístico son:

    • Presencia de quistes en los ovarios, que se pueden ver con una ecografía.
    • Reglas irregulares: ausencia de menstruación (amenorrea), disminución del número de menstruaciones (oligomenorrea), menstruaciones frecuentes (polimenorrea) o menstruación larga, abundante y dolorosa (hipermenorrea).
    • Síndrome premestrual muy acusado.
    • Hiperandrogenia (exceso de andrógenos): el incremento de la hormona masculina en la sangre puede dar lugar a hirsutismo, acné y piel grasa y alopecia androgénica.
    • Problemas de fertilidad: las anovulaciones o el enquistamiento de óvulos dificultan la tarea de quedarse embarazada.
    • Sobrepeso: no ocurre en todos los casos, aunque puede aumentar el riesgo de padecerlo. No obstante, no está asegurada con certeza la relación directa entre sobrepeso y SOP.
    • Resistencia a la insulina: se debe a la incapacidad por parte del receptor muscular de la insulina de captar glucosa, dando lugar a un aumento de la misma en la sangre. Esto puede provocar complicaciones como diabetes, hipertensión, infarto o aborto.

    La importancia de la alimentación si se padece SOP

    El síndrome del ovario poliquístico no tiene una cura conocida porque es una característica del propio organismo, pero es posible reducir las incomodidades que provocan sus síntomas llevando a cabo un estilo de vida saludable. Comer bien, hacer ejercicio y evitar el estrés y la ansiedad son claves para sentirse mejor.

    El control de la dieta es muy importante, por otra parte, para evitar la evolución de patologías crónicas como la diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares. Las pautas alimentarias para personas con ovario poliquístico están dirigidas a prevenir o tratar la resistencia a la insulina, manteniendo la glucemia estable y controlando los hidratos de carbono.

    Algunos consejos para seguir una dieta adecuada son:

    • Hacer al menos cinco comidas al día y cada cuatro horas, para evitar hipoglucemias.
    • Tomar verduras y frutas de bajo índice glucémico y, si es posible, de temporada.
    • Cada comida debe ir acompañada de un alimento del grupo de los hidratos de carbono: pasta, pan, quinoa, patata, arroz… Conviene evitar los hidratos de carbono simples (que se pueden encontrar en productos ultraprocesados como bollería) y refinados (como el pan, la pasta o el arroz blanco). El pan y los cereales han de ser integrales.
    • Consumir grasas insaturadas (‘buenas’): las omega-3 son esenciales, ya que mejoran tanto la sensibilidad a la insulina como los niveles de colesterol sanguíneos. Se pueden encontrar en frutos secos, semillas, yema de huevo o aguacate, entre otros alimentos.
    • Consumir proteínas bajas en grasa: es recomendable tomar una fuente de proteína baja en grasa en cada comida, como huevo cocido, pescado, marisco o pollo y pavo. Es adecuado también tomar cuatro raciones de pescado a la semana, dos días blanco y otros dos de tipo azul.
    • Espaciar la ingesta de grasas saturadas como ternera, carnes procesadas, hamburguesas, embutidos… Se debe apostar por las carnes magras o aves.
    • Reducir los lácteos, sobre todo aquellas personas que tengan problemas digestivos.
    • Evitar los productos ultraprocesados.
    • Disminuir el consumo de refrescos y alcohol, que elevan la glucemia en la sangre y empeoran la resistencia a la insulina.

    Junto a esta dieta, la práctica regular de actividad física es esencial, ya que ayuda a mejorar el metabolismo de la glucosa y aumenta la sensibilidad a la insulina de las células.

     

  • Suelo pélvico débil: síntomas y cómo fortalecerlo

    El suelo pélvico es un conjunto de músculos situados en la parte inferior de la cavidad abdominal. Mantenerlos fuertes es imprescindible para evitar incontinencias, prolapsos de órganos y dolor lumbar, entre otros problemas.

    Qué es el suelo pélvico

    El suelo pélvico es el conjunto de músculos y ligamentos que rodean la cavidad abdominal por la parte inferior y que mantienen el útero, la uretra, la vejiga, la vagina y el recto en su sitio para que funcionen correctamente. El suelo pélvico es dinámico y se adapta al movimiento aunque manteniendo la tensión para sujetar los órganos. Si se debilita puede provocar incontinencia urinaria, prolapsos, dolor lumbar y disfunciones sexuales.

    Por qué se debilita el suelo pélvico

    El suelo pélvico se puede debilitar por diferentes razones:

    • Embarazo: la debilidad del suelo pélvico en este caso se debe al incremento de peso en el abdomen, la hiperlaxitud de los tejidos por los cambios hormonales y su distensión por el paso del bebé durante el parto.
    • Cambios hormonales como los que suceden durante la menopausia.
    • Sobrepeso y obesidad: el exceso de peso añade una sobrecarga a la musculatura del perineo.
    • Deportes de alto impacto como correr o jugar al voleibol y al tenis. Cada vez que se realiza alguno de ellos hay que contraer la musculatura pélvica para protegerla, porque son deportes que ejercen mucha presión en el abdomen.
    • Cargar peso habitualmente: para hacerlo correctamente hay que doblar las rodillas y contraer el suelo pélvico mientras se levanta y se carga.
    • Estreñimiento crónico, ya que cada defecación con fuerza puede equivaler a un pequeño parto para el suelo pélvico.
    • Malas posturas prolongadas. Sentarse con la espalda encorvada incrementa la presión sobre el suelo pélvico.
    • Cirugías ginecológicas o tratamientos agresivos.
    • Tos crónica o alegrías con muchos estornudos y nariz congestionada.

    En general todas las acciones que ejercen una presión (puntual o continuada) sobre los músculos del suelo pélvico provocan que éstos se abomben hacia afuera si no están suficientemente fuertes. Esto a la larga los va estirando y debilitando hasta disminuir su capacidad para contener las ganas de miccionar y sostener los órganos.          

    Síntomas de un suelo pélvico débil

    Los síntomas de un suelo pélvico débil son:

    • Incontinencia urinaria o fecal y ganas constantes de ir al baño. A menudo la debilidad del suelo pélvico se descubre por las pérdidas de orina al hacer deporte, toser o reír.
    • Molestias o dolor durante las relaciones sexuales. También se puede dar el síndrome de hiperlaxitud vaginal.
    • Prolapso (caída) de uno de los órganos pélvicos.
    • Poco control de los gases.

    Ante alguno de estos síntomas lo mejor es acudir a un especialista para que valore el estado de la musculatura pélvica y recomiende algún tratamiento si es necesario.

    Cómo fortalecer el suelo pélvico

    Para prevenir la debilitación del suelo pélvico, es recomendable seguir estos consejos:

    • Realizar los ejercicios de Kegel: son ejercicios simples en los que se activa la musculatura pélvica como si hubiera intención de contener la orina. Para hacerlo es recomendable sentarse en una silla con los pies planos en el suelo, la pelvis centrada y la espalda recta. Hay que contraer el esfínter uretral 5 segundos y relajar después durante 10 segundos. Para fortalecer el suelo pélvico es recomendable realizar tres veces al día 10 contracciones de 5 segundos sin dejar de respirar.
    • Entrenar regularmente los músculos del suelo pélvico: junto con los ejercicios de Kegel se puede hacer gimnasia abdominal hipopresiva, que sirve para mejorar el tono de la musculatura de suelo pélvico y abdomen. Esta gimnasia consiste en realizar una serie de posturas con la musculatura de la pelvis contraída mientras se aguanta la respiración. Es recomendable realizar estos ejercicios en una clase guiada por un entrenador que corrija las malas posiciones y vigile la apnea.
    • Mantener una buena postura, sobre todo al estar sentado y al levantar pesos.
    • Hacer actividades de bajo impacto: bicicleta, natación, elíptica…
    • Mantener un peso adecuado.
    • Tener buenos hábitos y técnicas para ir al baño.
    • Incluir fibras y probióticos en la dieta que favorezcan el tránsito intestinal. También la hidratación es fundamental para prevenir el estreñimiento.
    • Acudir a un especialista para tratar la alergia o la tos crónica.

    En caso de que el suelo pélvico se haya debilitado pero no de forma grave, se puede realizar fisioterapia para rehabilitar la zona afectada mediante ejercicios. Si se ha producido un prolapso de órganos, habrá que realizar una cirugía reconstructiva del suelo pélvico.