equilibrio - Salud IDEAL

  • ¿Cómo es una dieta equilibrada?

    La importancia de la dieta en la salud es indiscutible, ya que son los alimentos los que proporcionan la energía y los nutrientes necesarios para que el cuerpo lleve a cabo todas sus funciones. No obstante, la falta de tiempo y el estrés de la vida diaria impiden muchas veces que las personas cuiden su dieta de forma apropiada, rompiendo el equilibrio que se debe mantener a la hora de comer.

    Qué es una dieta equilibrada

    En contra de lo que mucha gente piensa, una dieta equilibrada no es aquella en la que se toman ciertos alimentos y se evitan otros. De hecho, a la hora de hablar de ella hay que pensar en nutrientes y no en alimentos ni comidas ya que, por definición, una dieta equilibrada es aquella en la que se toman todos los nutrientes necesarios para el funcionamiento del organismo en la cantidad adecuada.

    La dieta equilibrada será aquella en la que haya un balance adecuado en la ingesta de los nutrientes tanto energéticos (carbohidratos, proteínas, grasas) como no energéticos (vitaminas, minerales y fibra). Dado que lo importante es tomar esos nutrientes y no la forma (alimento) en la que los consumamos, no es cierto que dejar de consumir algún alimento signifique romper con el equilibrio de la dieta. Si una persona no consume algún alimento por convicción o alergia, puede igualmente ingerir esos nutrientes a través de otras comidas. No obstante, sí es cierto que si se eliminan excesivos alimentos es más complicado confeccionar una dieta equilibrada.

    Cómo debe ser una dieta equilibrada

    Una dieta equilibrada no es igual para todas las personas, ya que depende de la edad y el gasto calórico de cada una. Por ejemplo, no son iguales los nutrientes que necesita un deportista que los que requiere alguien que trabaja sentado en una oficina.

    Se suele indicar que una dieta equilibrada es aquella que contiene entre un 50 y un 60% de hidratos de carbono, un 15 o 20% de proteínas y un 20 o 30% de grasas, pero esto puede provocar confusión. Al cumplir con estos porcentajes se aportan al cuerpo los nutrientes necesarios (aunque no se incluyen los no calóricos, como las vitaminas y fibras) pero ésto no significa que sea adecuado basarse sólo en las cantidades. Si se consumen los nutrientes apropiados pero a través de alimentos procesados, azucarados…la dieta será equilibrada pero no saludable. La mejor dieta será aquella que reúna estos dos requisitos.

    Si bien la dieta debe depender de las características de cada persona, de forma genérica, será equilibrada y saludable si:

    • Incluye hidratos de carbono: están presentes en alimentos como el pan, los cereales, el arroz y la pasta. Los hidratos proporcionan energía para realizar las actividades y mantener la temperatura. No obstante, se debe tener en cuenta que lo mejor es tomar los cereales en versión integral, ya que al refinarse pierden parte de sus nutrientes.
    • Incorpora varias frutas y verduras frescas al día: estos alimentos proporcionan minerales, vitaminas y fibras. Dichos nutrientes facilitan y controlan los procesos metabólicos esenciales del organismo.
    • Tiene proteínas: están presentes sobre todo en carnes, pescados y huevos.
    • Incorpora una cantidad apropiada de grasas, ya que éstas son necesarias para el buen estado de las membranas celulares, para almacenar energía y para mantener la temperatura corporal estable…
    • Incluye alimentos como lácteos, legumbres, frutos secos y patatas: los lácteos ayudan a crecer y a reponer el desgaste de los tejidos. Los frutos secos, legumbres y patatas tienen una función tanto energética como reguladora y plástica.
    • Reduce la ingesta de bollería industrial y alimentos precocinados o procesados.

    Por último, es importante recordar que para mantenerse en el peso más adecuado es esencial combinar la dieta equilibrada con ejercicio, ya que el deporte no sólo quema calorías sino que también ayuda a mantenerse activo y mejorar el estado de ánimo.

  • Vértigos cervicales: qué son, causas y tratamientos

    Los vértigos cervicales son bastante comunes y están provocados normalmente por la falta de irrigación de la sangre de la zona del oído encargada del equilibrio. Suelen aparecer a causa de malas posturas, lesiones y trastornos de estrés y ansiedad. A menudo estos vértigos se acompañan de mareos.

    Diferencia entre vértigo y mareo

    Las palabras vértigo y mareo tienden a confundirse, pero su significado no es el mismo. En un vértigo la principal sensación es un falso movimiento propio o de los objetos que rodean a la persona (vértigo giratorio) y la pérdida de equilibrio. El tipo de vértigo más habitual es el periférico, que se produce normalmente cuando surge un problema en la parte que regula el equilibrio en el oído interno.

    Un mareo, por su parte, se refiere a una sensación puntual de inestabilidad que puede ir acompañada de diversas sensaciones: sudoración fría, palidez, sensación de desmayo, inestabilidad, náuseas, malestar y aturdimiento entre otras.

    No obstante, aunque son sensaciones diferentes, es bastante habitual que vértigo y mareo se presenten juntos y por eso tienden a confundirse.

    Causas de los vértigos cervicales

    El vértigo periférico puede estar provocado por diferentes causas: giros bruscos, inflamación del nervio auditivo (tras un catarro, p.ej.), lesiones craneales por traumatismos y enfermedad de Meniére, entre otras.

    El vértigo periférico también puede estar provocado por un problema vascular en la zona cervical.  Al girar el cuello o moverlo de abajo a arriba, falla la irrigación de la sangre a las zonas del oído encargadas del equilibrio y se produce la sensación de inestabilidad. La causa de esta falta de irrigación puede ser una mala postura, degeneración ósea, caídas e incluso estrés y ansiedad.

    En cuanto a los mareos, también pueden tener su origen en las cervicales. Su causa suele ser la compresión de la arteria vertebral que lleva la sangre al oído interno y al cerebelo. Esta compresión se puede dar por contracturas de la musculatura cervical o bloqueo de las vértebras C1 y C2.

    Síntomas del vértigo cervical

    Cuando un vértigo tiene origen cervical, además de sufrir sensación de desequilibrio y mareo, se puede notar también:

    • Tensión y rigidez en la nuca (especialmente en el lado izquierdo) y en el cuello en general. El dolor en la nuca expresa bloqueo, un atasco de la segunda vértebra cervical que comprime la arteria vertebral.
    • Dolor de cabeza
    • Náuseas
    • Si el problema se hace crónico puede dar lugar a pitidos y zumbidos y pérdida de la capacidad auditiva.

    Para algunas personas todos estos síntomas se exageran en lugares con muchos estímulos luminosos y acústicos.

    Tratamientos para los vértigos cervicales

    Un recurso muy conocido para los vértigos es la maniobra de Epley, en la que el médico va colocando la cabeza en diferentes posiciones para situar las partículas del oído interno en su lugar y que el cuerpo vuelva a ajustar la sensación de equilibrio.

    El tratamiento más habitual para los mareos y vértigos cervicales es acudir a un fisioterapeuta. En muchas ocasiones estos vértigos están relacionados con un bloqueo cervical que impide un movimiento y giro libre de la cabeza. Al acudir al fisioterapeuta, su actuación permitirá relajar estos músculos y evitar la compresión que impide la correcta irrigación del oído interno. Si esta tensión cervical está provocada por la ansiedad o el estrés, conviene también realizar meditación o relajación unos pocos minutos al día para evitarla.

    Para disminuir la sensación de dolor y molestia por los vértigos conviene:

    • Acostarse cuando comiencen los síntomas.
    • Apagar la luz, no usar pantallas (de ordenador, móvil….) y evitar el ruido y las luces brillantes.
    • Girar la cabeza lentamente y cambiar de posición con movimientos suaves.
    • Enfocar a distancias más largas.
    • Si te encuentras en la calle, busca un sitio con sombra para sentarse.
    • Tomar un cítrico puede aliviar el malestar.
    • Hidratarse es muy importante si el vértigo se acompaña de mareo con desvanecimiento.

    Para la sensación de mareo o náusea también se pueden administrar fármacos. Cuando se pasen estos síntomas conviene evitar los deportes con movimientos que predispongan a sufrir nuevos mareos: giros bruscos, saltos o impactos sobre el suelo (p.ej. pádel, equitación o footing). 

    No obstante, en el caso de sentir mareos o vértigos conviene acudir al médico para que pueda detectar su causa y administrar el mejor tratamiento.