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  • Gastroenteritis: cómo actuar

     La gastroenteritis es un problema común que puede afectar a cualquier persona en un momento determinado del año. La explicación científica la encontramos en esa inflamación de la membrana interna del intestino que la causa bien un virus, una bacteria o distintos parásitos. En Estados Unidos, por ejemplo, es la segunda enfermedad más común y se produce normalmente por una infección por norovirus y que se disemina por la ingesta de alimentos o aguas contaminadas. Hoy abordamos qué debemos hacer en caso de contraer una gastroenteritis. 

  • Las enfermedades más comunes del invierno

    El invierno es una de las épocas del año en las que más gente enferma, principalmente por los cambios de temperatura, la debilidad del sistema inmunológico y la cantidad de virus que hay en el ambiente. De hecho, es la estación en la que más infecciones respiratorias se padecen, entre otras razones porque se pasa más tiempo en espacios cerrados con muchas personas y porque el frío es aliado de los gérmenes. Estas son algunas de las enfermedades más frecuentes durante los meses de invierno.

    Resfriado

    Aunque el resfriado puede aparecer durante todo el año, suele ser más común en otoño e invierno por la bajada de defensas. Provocado por un virus, suele durar de 3 a 5 días y se identifica por los siguientes síntomas: congestión o secreción nasal, tos, estornudos, dolor de garganta, ojos llorosos y fiebre baja en algunos casos.

    Gripe

    La gripe está causada por el virus Influenza y tiene su pico de contagio entre los meses de octubre y febrero. Algunos de sus síntomas son similares a los del resfriado, si bien la gripe se identifica principalmente por fiebre alta y malestar generalizado que provoca fatiga y dolor muscular. Dichos síntomas aparecen normalmente de forma repentina.

    A menudo esta enfermedad obliga a quien la padece a permanecer durante algunos días en reposo, ya que sus síntomas se pueden alargar entre una y dos semanas. Para la gripe existe una vacuna, que se debe administrar a las personas con alto riesgo de sufrir complicaciones.

    Bronquitis

    Es la inflamación de la pared interna de los bronquios, los conductos por los que circula el aire para llegar al pulmón. Puede tener su origen en bacterias y virus y, de hecho, suele seguir a un resfriado o infección viral. Durante la bronquitis los pacientes sufren dificultad para respirar, tos persistente con expectoración, fiebre, cansancio y decaimiento. En ocasiones puede derivar en neumonía, por lo que hay que regresar al médico en caso de que la fiebre sea muy alta o los síntomas persistan durante más de 15 días.  

    Faringitis

    Es la inflamación de la faringe, que puede tener su origen en un virus (como el del resfriado o la gripe) o en una bacteria (como el estreptococo). Suele provocar picazón y dolor de garganta intenso, ganglios linfáticos inflamados, dificultad para tragar e incluso fiebre en caso de tener su origen en una bacteria.

    Gastroenteritis

    Es la inflamación de la membrana interna del intestino que está provocada, en la mayoría de los casos, por el norovirus. Este virus es muy contagioso y especialmente resistente a bajas temperaturas. Sus principales síntomas son diarrea, dolor abdominal, vómitos, dolor de cabeza, fiebre, escalofríos y deshidratación.

    Neumonía

    Es una inflamación total o parcial del pulmón causada por una infección viral o bacteriana principalmente. Sus síntomas son: fiebre alta, dolor torácico, dolor de cabeza, tos con expectoración, debilidad, dolores musculares y, en algunos casos, dificultad para respirar. Si la neumonía es grave puede requerir hospitalización y la administración de medicamentos por vía endovenosa.

    Consejos para evitar el contagio

    Para prevenir el contagio de todas estas enfermedades es recomendable seguir una serie de pautas:

    • Lavarse las manos con frecuencia, especialmente tras sonarse la nariz o toser y antes de manipular alimentos.
    • Evitar los cambios bruscos de temperatura.
    • Tapar la boca al toser o estornudar con el antebrazo o un pañuelo desechable, en lugar de las manos.
    • Ventilar la casa a diario durante al menos 20 minutos.
    • Evitar el contacto directo con personas contagiadas.
    • Mantener una alimentación equilibrada. Es recomendable aumentar el consumo de alimentos ricos en vitaminas A y C (ya que ayudan a fortalecer las defensas) y mantenerse bien hidratado.

    No obstante, hay que tener en cuenta que, en ocasiones, es inevitable padecer estas enfermedades. En caso de que se empiecen a reconocer sus síntomas lo mejor es acudir al médico, ya que recomendará el mejor tratamiento para disminuir las molestias y curar la dolencia.