Glaucoma: causas, síntomas y tratamiento

El glaucoma es un grupo de afecciones oculares que dañan el nervio óptico y provocan una disminución progresiva de la visión lateral. Este nervio es el encargado de transmitir la información visual al cerebro, por lo que un daño en el mismo puede causar a largo plazo una pérdida irreparable de la visión. No obstante, si se detecta y trata a tiempo, se puede frenar la pérdida visual.

Tipos de glaucoma

Existen dos categorías principales de glaucoma: de ángulo abierto y de ángulo cerrado. El ‘ángulo’ se refiere al ángulo de drenaje interno del ojo, que controla la salida del fluido producido dentro del mismo. Si el fluido puede acceder a dicho ángulo es un glaucoma de ángulo abierto y, si el ángulo está bloqueado y el fluido no puede salir es un glaucoma de ángulo cerrado.

En función de su origen el glaucoma también se puede clasificar en primario o secundario. Asimismo, existen varios subtipos de glaucoma, entre los que están el pigmentario, el congénito, el de pseudoexfoliación, el de tensión baja, el de ángulo cerrado agudo, el de ángulo cerrado crónico y el neovascular.

Causas del glaucoma

El glaucoma tiene su origen en una lesión del nervio óptico, normalmente provocada por un aumento de la presión ocular. La presión elevada está causada a su vez por la acumulación del líquido que circula dentro del ojo (humor acuoso). Cuando se produce un exceso de líquido o el sistema de drenaje no funciona correctamente, el líquido no puede salir a velocidad normal y aumenta la presión.

Las causas de los diferentes tipos de glaucoma son las siguientes:

  • De ángulo abierto: el ángulo (filtro del ojo) está abierto pero no funciona bien, por lo que el líquido del ojo (humor acuoso) no se evacua correctamente y, como consecuencia, aumenta la presión en el ojo. Es el tipo más frecuente de glaucoma.
  • De ángulo cerrado: el ángulo está cerrado y el humor acuoso no tiene espacio para salir a la parte delantera del ojo. Ante la incapacidad del ojo de eliminarlo, el humor acuoso se acumula y eleva la tensión ocular. Este tipo de glaucoma puede aparecer de manera lenta (en cuyo caso se denomina crónico) o rápida (agudo).
  • Secundario: aparece como consecuencia de otra enfermedad ocular o traumatismo que afecta al filtro del ojo como, por ejemplo, una uveítis. También puede aparecer por formación de nuevos vasos en el iris (glaucoma neovascular) o por la obstrucción causada por el desprendimiento de los gránulos de pigmento del iris (glaucoma pigmentario).
  • Congénito: causado por una malformación de las estructuras del ojo que provoca el aumento de la presión intraocular. Está presente desde el nacimiento.
  • De tensión normal o tensión baja: en este tipo de glaucoma la presión intraocular está en niveles normales pero el nervio óptico está dañado. Se desconocen sus causas, aunque podría estar relacionado con factores hereditarios, mala irrigación del nervio óptico o cierres esporádicos del drenaje.

Por otro lado, se consideran factores de riesgo para desarrollar glaucoma: ser mayor de 60 años, tener antecedentes familiares de glaucoma, ser de raza negra o asiática, tener un alto grado de miopía o hipermetropía, tener la córnea delgada, tomar corticoides, ser diabético y tener hipertensión arterial.

Síntomas de glaucoma

Los síntomas del glaucoma varían según el tipo y el estadio de la enfermedad. Los más frecuentes son:

  • Glaucoma de ángulo abierto: puntos ciegos irregulares en la visión periférica o central que aparecen frecuentemente en ambos ojos y visión de túnel en etapas avanzadas.
  • Glaucoma de ángulo cerrado: dolor ocular y de cabeza, naúseas, vómitos, visión borrosa, enrojecimiento de los ojos y halos alrededor de las luces.

El problema del glaucoma es que muchas veces no presenta síntomas. La pérdida de visión periférica suele pasar inadvertida y, hasta que no aparece la visión túnel, el paciente no es consciente del daño. No obstante, en el caso del glaucoma de ángulo cerrado sí pueden aparecer de manera brusca los síntomas, lo que permite detectar más rápidamente la enfermedad.

Tratamiento

El glaucoma es una enfermedad crónica porque el nervio óptico no se puede regenerar una vez dañado. El objetivo de los tratamientos disponibles es frenar la evolución del glaucoma y reducir la presión del ojo. Existen diferentes opciones:

  • Tratamientos no farmacológicos: puede ser útil seguir una dieta variada y rica en vitaminas y antioxidantes, proteger los ojos del sol y realizar ejercicio con moderación. También se pueden tomar algunos suplementos vitamínicos.
  • Medicamentos en gotas: en la mayoría de los casos el glaucoma se controla mediante la aplicación de gotas oculares. Algunas gotas tienen como objetivo disminuir la presión ocular aumentando la cantidad de líquido que sale del ojo, mientras que otras reducen la cantidad de líquido producida por el órgano.
  • Medicamentos orales: si las gotas no disminuyen la presión ocular el médico puede recetar un medicamento oral.
  • Tratamiento con láser: ayuda a mejorar el sistema de filtración del ojo. Para el glaucoma de ángulo abierto se usa la trabeculoplastia y, para el de ángulo estrecho, la iridotomía.
  • Cirugía: si no se reduce la presión del ojo con las gotas, puede ser necesaria una intervención quirúrgica. Si bien ésta no regenerará el nervio óptico, sí sirve para disminuir la presión. Los procedimientos más frecuentes son la cirugía filtrante y la implantación de un sistema de drenaje.
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