Ácidos grasos esenciales para el colesterol y las enfermedades cardiovasculares

Las grasas suelen ser asociadas al exceso de peso, a una alimentación poco saludable, y la posibilidad de padecer enfermedades cardiovasculares o colesterol alto. Es una confusión generalizada ya que las grasas son necesarias, e incluso en algunos aspectos buenas para la salud.  El cuerpo humano precisa de su grasa corporal, para controlar y regular una gran variedad de procesos vitales para su desarrollo y mantenimiento.

Las grasas pueden ser clasificadas en saturadas e insaturadas. Estudios recientes han concluido que las grasas insaturadas se oxidan antes que las saturadas. Y dentro de las grasas insaturadas se puede distinguir entre monoinsaturadas y poliinsaturadas. Siendo estas últimas las más beneficiosas y ricas en Omega 3 y Omega 6. 

Son ácidos grasos esenciales, es decir, el organismo humano no los puede fabricar a partir de otras sustancias. El cuerpo no sintetiza ningún ácido graso Omega por lo que han de llegar al organismo a través de los tejidos de determinados alimentos. Podemos encontrarlos en gran proporción en ciertos pescados azules, y en algunas fuentes vegetales como las semillas de lino, la semilla de chía, el sacha inchi, los cañamones y las nueces.

Los ácidos grasos Omega consiguen reducir la presión arterial alta y las posibilidades de que las plaquetas se adhieran a las paredes arteriales ,que provocan las enfermedades como el infarto de miocardio. Así como compiten con el Omega 6  para actuar sobre las membranas celulares con diferentes propiedades y funciones beneficiosas para la salud.

En definitiva, una dieta rica en ácidos grasos puede influir positivamente en los niveles del colesterol malo y en la progresión de las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo. Estos mecanismos incluyen efectos sobre los niveles de lípidos en sangre, la presión arterial, la respuesta inflamatoria y la arritmia. 

Pero siempre teniendo  en cuenta que para que los ácidos grasos puedan ejercer su función correctamente es muy importante que no solo estén en las cantidades suficientes y recomendadas, sino que también haya un equilibrio adecuado entre las cantidades de Omega 3 y Omega 6, ya que entre otras propiedades, los primeros ayudan a reducir la inflamación, mientras que los segundos la estimulan.

Evidentemente el consumo de estos ácidos grasos no va a paliar todos los efectos de las enfermedades descritas por sí solos, pero sí contribuirán a su mejoría, acompañados de un  estilo de vida saludable, una alimentación fresca y equilibrada, y ejercicio.

 


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