¿Ha cambiado la tecnología nuestra manera de dormir?

Desde que la tecnología irrumpió en nuestras vidas hemos adoptado nuevos hábitos cotidianos, por ejemplo ¿quién no ha tenido la tentación echar un vistazo a Twitter desde la cama o mandar esos WhatsApps que tenía pendientes? “Irse a la cama” e “irse a dormir” han dejado de ser términos sinónimos.

Investigadores de la Universidad de Michigan y KU Leuven en Bélgica, Jan Van den Bulck y Liese Exelmans, incluso han descrito cómo estos nuevos hábitos van a obligar a modificar conceptos necesarios para describir la conducta del sueño. Por ejemplo, hasta hace poco, la latencia del sueño significaba el tiempo que tarda una persona en quedarse dormida después de haberse acostado, sin embargo ahora, la gente puede acostarse con o sin la intención de irse a dormir, por lo que se necesita una definición diferente.

Existe un tiempo adicional de ocio en la cama que los estudios sobre sueño no deben pasar por alto, además de necesitarse una redefinición de terminología al respecto, para que todo sea más descriptivo y preciso. De hecho, la pareja de investigadores llevó a cabo un estudio donde ya se evidenciaba que los sujetos experimentales, pasaban una media de 3 horas a la semana, desde que se metían en la cama, hasta que se quedaban dormidos. ¿Adivinas a qué se dedicaban todo este tiempo? Pues acertaste, estaban enfrascados con sus móviles y tablets.

Gadgets: ¿realmente miden la calidad de nuestro sueño?

¿Es perjudicial llevarse siempre la tecnología a la cama? Parece ser que lo que afecta a la calidad de nuestro sueño son los destellos de las pantallas, pero existen aplicaciones y gadgets que prometen ayudarnos a conciliar el sueño y a controlar su calidad. Dados los beneficios de dormir bien, diferentes compañías han dirigido sus esfuerzos a ofrecer herramientas para monitorizarlo, combinando, datos como movimientos o duración del sueño.

El proyecto SENSOBED UGR-LoMonaco

Sin embargo, solo con la polisomnografía se registran otros muchos datos: electrooculografía (EOG), registros electromiográficos (EMG), electrocardiograma (ECG), esfuerzo respiratorio… Podría decirse que este método es lo que realmente mide la calidad de nuestro sueño. 

Los resultados que ofrecen estos gadgets no son tan exhaustivos como los del polisomnograma, y es precisamente esta línea es la que sigue SENSOBED, un proyecto conjunto de Lo Monaco y la Universidad de Granada, que ya marcha sobre ruedas. El eje central de la iniciativa  se basa en el desarrollo de un dispositivo que consiste en un colchón con sensores de última generación. Solo así se lograrán encontrar las mejores condiciones para lograr un sueño reparador y saludable.