Alcohol e hijos: Haz lo que digo y no lo que hago

Cuando nos enfrentamos a casos de adicciones en adolescentes y jóvenes, como alcohol, cannabis, cocaína, etcétera, evaluamos, entre otras muchas cosas, el entorno familiar, pero ¿cómo es el entorno familiar de un/a joven adicto? El entorno familiar habitual es el de una familia con una estructura segura, sin problemas aparentes... una familia como cualquier otra, como la mía, como la suya…. En ese caso, podríamos intuir que la adicción está causada únicamente por algún desorden de la personalidad, por una cuestión genética, o lo más probable es que realicemos la atribución de la causa del consumo de sustancias al ambiente, a los amigos y amigas que tiene nuestro hijo/a.

Todo esto puede ser cierto, pero ¿se ha parado a pensar cuáles son las conductas que le enseña a sus hijos? ¿Bebe alcohol delante de ellos? ¿Cómo se celebran los acontecimientos familiares si no es el alcohol un protagonista de ellos?

Si piensa que es una exageración haga una prueba: en el próximo cumpleaños, aniversario, celebración, barbacoa no incluya el alcohol. Tiene una amplia gama para acompañar la comida: refrescos, cerveza sin alcohol, agua… Socialmente es probable que se enfrente a muchos reproches, pero sin duda la celebración les parecerá “sosa” y hasta “aburrida”.

Efectivamente, ese es el aprendizaje de sus hijos: el alcohol es un instrumento de diversión. Sin el cual las celebraciones no son tales. Y efectivamente, usted es participe de ese aprendizaje, que sin duda lo habrá aprendido de sus progenitores, y estos de los suyos.

Como padres, tenemos poca credibilidad si el mensaje a nuestros hijos es que no beban alcohol o no abusen de él, si nuestros actos ante una sustancia tan peligrosa la normalizamos y es utilizada como instrumento para socializarnos y divertirnos.

Recuerde un dato: el alcohol es la puerta de entrada al resto de drogas. Un joven que no bebe alcohol es poco probable que caiga en el consumo de otras sustancias más peligrosas, siempre teniendo en cuenta que no podemos menospreciar el poder del alcohol en si mismo, no únicamente como esa puerta de entrada. Es peligroso, no lo dude.

El aprendizaje en este ámbito no se reduce a ser meros transmisores de nuestras conductas, sino a nuestras actitudes. Si hablamos de que alguien se ha 'emborrachado' y nos parece gracioso, ¿qué mensaje estamos trasladando a nuestros hijos? Probablemente que beber alcohol hasta emborracharnos no solo lo aceptamos, sino que también lo reforzamos. Además, es significativo porque en ese momento nuestro hijo/a entra en la etapa adulta, así es como lo ven, como una demostración de llegar a una etapa de su vida a la que ansían llegar.

Un dato preocupante de los pacientes que acuden a tratamiento a nuestras consultas de psicología, o al Centro residencial para tratamiento de adicciones, es que la edad en la que comenzaron cada vez es más temprana, fumando cannabis o bebiendo alcohol desde los 12 o 13 años. Piénselo, no se confíe y modifique sus actitudes y conductas frente al alcohol al menos sus hijos.